Historia de sectas y los males del sectarismo
Pablo Salum cuenta una dramática historia acerca de una secta que le arruinó la vida, y quiere una ley que proteja a la población en el país. Pero más allá de estos grupos peligrosos, también existe el sectarismo político e ideológico.En declaraciones al diario Perfil, Salum cuenta que hace más de 10 años no sabe nada de su madre ni de sus hermanos. Cuando era niño -apenas tenía 8 años- su familia ingresó a un grupo llamado Escuela Yoga de Buenos Aires y su vida cambió para siempre.Por problemas de salud -relata- su madre entró a la organización y sus tres hijos, incluido Pablo (28), también. El líder del grupo, de nombre Juan, se hace pasar por un ángel enviado a la tierra, y su voluntad se vuelve absoluta y tiránica."El grupo fue creciendo. Las tareas implicaban desde leer libros hasta llegar a acostarse con las personas que él quería y se hacían investigaciones supuestamente del lado erótico de cada uno. Había incluso tareas de incesto, madres que se acostaban con sus hijos", relata Pablo y agrega: "El tema es que eso fue creciendo muy rápidamente, llegaron a tener filiales en varias partes del país y afuera".Según su testimonio, a él lo tenían secuestrado en el edificio de la secta hasta que logró escapar. Desde entonces ha hecho denuncias judiciales, sin resultados todavía, al tiempo que ha iniciado una campaña nacional para que el Congreso apruebe una ley "antisectas" (ver portal www.leyantisecta.com), porque quiere que el Estado controle a estos grupos."Todos los que pasamos por una secta terminamos psicológicamente mal", asegura. Y añade: "Hay muchos padres que no quieren denunciar por miedo al qué dirán. El problema es a nivel leyes, vos no tenés forma de agarrarlos. No hay formas de comprobárselos".El caso Salum sugiere preguntarse qué es una secta. La respuesta de los expertos en el tema, es que es un grupo encabezado por un líder mesiánico, que se supone que es portador de la verdad absoluta.La palabra del líder se asume como dogma de fe, y no se permite discrepar a los adeptos. Cualquiera que lo haga, será expulsado de la organización y perseguido sin piedad.Las sectas destructivas suelen controlar la información que llega a sus adeptos y les impiden cualquier vínculo con el mundo exterior. Lo hacen porque no quieren ser contaminados por otra realidad que no sea la que ellos relatan.En las organizaciones sectarias, hay un vínculo estrecho y perfecto entre el líder intocable y los seguidores acríticos cuya función básica es obedecer, incluso hasta dar la vida por el mandamás.El modelo sociológico de la secta, así pintado, podría aplicarse a distintas formaciones históricas en las que están implicados los grupos humanos, no importa su procedencia religiosa, política, ideológica o de cualquier otra índole.De hecho, más allá de la existencia de un grupo cerrado sometido a un líder, en el lenguaje ordinario se suele emplear la expresión "espíritu sectario", dando a entender que se está ante algo de más vasto alcance.Aquí es posible rastrear la existencia de una mentalidad cuya característica básica es la simplificación. Ser sectario, por tanto, equivale a reducir la complejidad de la realidad -del mundo y del hombre-.La actitud sectaria es aquella que mira todo desde una sola óptica despreciando las demás y considerando la propia visión como perfecta. Es tener, de última, una visión maniquea del mundo.Esta concepción binaria de la realidad, en la que sólo existen buenos y malos, réprobos y elegidos, es característico del sectario. Y se reconoce no sólo en el dominio religioso, sino también en el político e ideológico.El fanático de las ideas, al que no le interesa que la realidad empírica desmienta su modo de ver las cosas, es un sujeto peligroso. La humanidad ha conocido guerras espantosas a causa de la tiranía de los que se creen portadores de la única verdad.
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