Hoy renovamos un pacto con las nuevas generaciones de argentinos
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Se termina el Mundial y volverá la realidad. Pero ya habrá tiempo para eso. Ojalá esta misma noche, las calles del país estén plagadas de gente festejando, feliz por lo que le dio le fútbol. Porque el fútbol tiene, por esencia, ese carácter que lo vuelve fantasía, y capaz de ilusionar al más escéptico. Jorge Barroetaveña El fútbol tiene algo que lo hace distinto y ninguna política de estado conseguirá nunca: iguala a todos. No importa tener mucha o poca plata, ser más o menos influyente, tener o no el último celular de moda o viajar a Miami o a Mar del Plata. El fútbol tiene, por esencia, ese carácter que lo vuelve fantasía, y capaz de ilusionar al más escéptico. Si hasta las mujeres, la mayoría reacias a este deporte, se suman a la fiesta y no paran de opinar. Si hasta las familias se integran sólo para mirar cómo 22 tipos están corriendo detrás de una pelota.Y el fútbol es, para los argentinos, un símbolo que nos describe como nadie. El 'Diego', ese nombre eterno, forma parte de nuestra identidad como país, mal que le pese a muchos. Talentoso pero pendenciero, brillante y bocón. Capaz de tener el gesto de bondad más importante, y mezclarlo después con un golpe bajo. Pero los sentimientos no se discuten, se sienten apenas. Y el fútbol es para los argentinos eso: un reflejo de lo que somos como país, de nuestras potencialidades, de nuestros logros y también de nuestras frustraciones.Se ha vivido este mes de fútbol pleno como una isla, con las otras realidades caminando por el costado. La gente ha disfrutado y festejado pero no se olvida de lo que pasa, ni de las pequeñas derrotas diarias. El fútbol ha servido para compensar eso, para volcar la balanza para el otro costado, y hacernos sentir ganadores. No busquemos explicaciones rebuscadas ni pensemos que mágicamente todo cambiará. El lunes o el martes cuando los ecos del Mundial de Brasil se acallen, todo transitará a la normalidad y la rutina volverá a invadirnos.En este mes, el Vicepresidente Amado Boudou siguió haciendo de las suyas, aunque su margen de maniobra es casi inexistente. A cada hora los rumores sobre un pedido de licencia recrudecen, a caballo de los vaivenes y las necesidades políticas. Lo que pasó el miércoles en Tucumán, en el Día de la Independencia, fue demasiado fuerte. La decisión de enviar a Boudou se tomó a último momento y fue para disgusto del Gobernador Alperovich. Ni hablar de la cara de los ministros, con Randazzo haciendo punta. La cara de 'traste' del Ministro del Interior fue descriptiva de la sensación generalizada. El bonaerense no movió las manos ni una vez para aplaudir durante el discurso y cuando el Vicepresidente se acercó a saludar, directamente le negó el saludo. El resto de los funcionarios también lució incómodo, pero no llegaron tan lejos como él. La presencia del procesado funcionario fue todo un símbolo en el Día de la Independencia. Y un mensaje claro de la Presidenta, hacia dentro y hacia fuera. Pero el kirchnerismo no come vidrio. Apurado por la falta de dólares, un puñado de horas después, no dudaron en entregarlo a la oposición. ¿Qué pasó? La cercanía de un acuerdo de préstamo con China de fondos de su Banco Central, fue el disparador. El oficialismo necesitaba los dos tercios en el Senado para aprobar la 'inmunidad judicial', pero chocó con la negativa de los bloques a levantar la mano si Boudou asomaba la cara por el Senado. Pichetto, que coquetea desde hace rato con Daniel Scioli, no dudó y avisó a Olivos. La Presidenta tampoco dudó y dejó actuar: Boudou se quedó en su despacho jugando al Sudoku o a Preguntados y con eso permitió la media sanción de la ley. Fue otra muestra del pragmatismo oficial, que el Vicepresidente es rehén de decisiones ajenas y de la debilidad política del oficialismo. Será cuestión de tiempo y decisión presidencial el pedido de licencia. La situación se ha vuelto insostenible y no es posible que mantenga en vilo a todo un gobierno.La oposición se frota las manos. Que Boudou siga 'a la parrilla' es el mejor negocio para sus intereses electorales más no para el oficialismo. A esta altura, todos los candidatos kirchneristas deben estar buscando sus fotos con el Vice para hacerlas desaparecer. "Es una situación incómoda", admitió Pichetto el viernes luego de su movida en el Senado. "Pero es una decisión personal", agregó sobre el pedido de licencia, tirándole la pelota al protagonista. Claro, se olvidó que eso ya no depende de Boudou. Siempre fue, es y será una cuestión de estado que resolverá Cristina Kirchner.A la hora que esto escribo la Argentina está en vilo. 24 años después la Argentina se enfrenta a la posibilidad histórica de volver a mandar en el Olimpo del fútbol. A inflarse el pecho y decir que en estas tierras se juega el mejor fútbol del mundo. Una polémica que no tiene fin y sirve para eso justamente, para alimentar el debate y que 40 millones se sientan técnicos o jugadores.Será, al cabo, un momento en el que todos los problemas quedarán afuera, nadie pensará en cómo llegar a fin de mes o pagar las cuentas. El país estará suspendido por un par de horas, con la ilusión de gritar fuerte cuando termine. Lejos quedará 'la grieta', las diferencias políticas o las miserias habituales, esas que la vida nos pone a cada paso.Hay una generación de argentinos que nunca vio llegar tan lejos a la Selección en un Mundial. Para otros, el '86 y el '94 (como yo) van quedando demasiado lejos. Ya me cuesta contarle a mis hijos las gambetas del Diego en México, el gol con la mano a los ingleses o las manos milagrosas del Goycho contra Italia. Hoy, lo vivirán ellos mismos. Será una forma de renovar ese pacto eterno que nos une con el fútbol y forma parte de nuestra identidad como argentinos.
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