CANASTA ESCOLAR
Inicio de clases: El precio de los uniformes escolares subió más del 30% respecto al año pasado
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A semanas del inicio del ciclo lectivo, las vidrieras comienzan a poblarse de guardapolvos, chombas y conjuntos deportivos. El regreso a clases no solo marca el fin de las vacaciones: también implica un desembolso significativo para las familias, especialmente en lo que respecta a los uniformes escolares. Este año, según comerciantes del rubro, los precios registran un incremento interanual que ronda entre el 30 y el 35 por ciento.
Así lo aseguró Silvia Moussou la dueña de un tradicional local de indumentaria escolar, con más de cuatro décadas de trayectoria del centro de la ciudad. “Más o menos, el costo anual que tenemos es del 30 y hasta 35 por ciento”, señaló. La suba impacta en todos los niveles, aunque el monto final varía según el tipo de institución y la cantidad de prendas exigidas.
Vestir a un alumno desde cero puede costar, en promedio, entre 75.000 y 150.000 pesos, sin incluir el calzado. En los colegios con uniformes más sencillos, remera institucional, short, conjunto deportivo y media, el gasto para un talle medio, se ubica entre los 75.000 y 80.000 pesos. En cambio, en establecimientos que exigen camisa, chomba, corbata, pantalón o pollera de vestir y prendas de abrigo específicas, el monto puede ascender a unos 150.000 pesos para completar el equipo básico.
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En esta línea, desde una casa de indumentaria escolar de la zona norte, manifestaron que “los uniformes completos de verano rondan los 70.000 mil pesos y los de invierno superan los 100.000 mil pesos. En tanto, los guardapolvos promedian los 30.000 mil o 25.000 mil pesos, si son talles chicos”.
Sin embargo, no todas las familias realizan el gasto de una sola vez. “No todo empieza en marzo”, señaló Moussou, quien indicó que hay padres que comienzan a comprar a partir de diciembre.
Además, destacó que muchas instituciones entregan una lista completa de la indumentaria, pero permiten que ciertas prendas, como suéteres o pantalones largos, se incorporen más adelante, cuando bajan las temperaturas. “El chico arranca con lo de verano y después los papás siguen comprando en marzo o incluso en abril”, detalló.
Compras escalonadas y el impacto del Carnaval
El comportamiento de los consumidores se mantiene estable respecto de años anteriores, aunque el movimiento todavía es moderado. “Viene un poco más tranquilo que otros años, pero la venta más grande es la última semana”, afirmó Moussou. La experiencia le indica que el pico se concentra en los días previos al inicio de clases, cuando las familias prueban la ropa, confirman talles y completan lo que falta.
Hay quienes comienzan a organizarse desde diciembre, sobre todo familias con varios hijos. Otras optan por una estrategia más gradual: compran una prenda por semana o reponen únicamente lo indispensable. “Hay gente que viene y compra una sola prenda, porque le hace falta esa prenda y nada más. Y hay otros que, si pueden, compran todo junto. Siempre fue igual”, aseguró.
En este sentido, la comerciante aportó un dato de color y por eso no menos relevante: los lunes a la mañana suelen llegar a comprar las personas que trabajan en el Carnaval.
“Me refiero a los que venden las vinchas, las espumas, los que hacen de mozos, no quienes hacen fortuna, sino los laburantes. Ni bien tienen esa plata, se acercan y compran de forma semanal una chomba, después unas medias, a la próxima semana un pantalón. Me dicen: ‘Vengo a comprar ahora, así no gasto la plata en otra cosa’”, relató y destacó el impacto económico que tiene el turismo en la ciudad.
“Es muy importante que como gualeguaychuenses cuidemos esta fiesta, porque nos beneficia a todos. Gracias a que estas personas hacen una diferencia en el Carnaval, pueden venir a comprarles de a poco el uniforme a sus hijos. Esto mismo, también me lo comentó la dueña de una librería, que los lunes a la mañana recibe la compra de muchos trabajadores del Carnaval. Ojalá nunca se termine, porque es muy importante para todos, incluso para mí rubro que a primera vista no tendría ninguna relación directa con el espectáculo”, reforzó.
La moda también entra al aula
Por otra parte, la posibilidad de estirar el uso también entra en juego, aunque no siempre depende de los padres. Si bien tradicionalmente los adultos buscaban talles más grandes para que la ropa durara más tiempo, hoy los chicos —especialmente en el nivel secundario— tienen mayor influencia en la elección. “No te olvides que ahora mandan mucho los chicos. Se tienen que sentir cómodos”, comentó la comerciante.
Las tendencias atraviesan el uniforme: los buzos pueden usarse más holgados, pero las chombas y camisas suelen preferirse más ajustadas. “En secundaria la llevan justa, aunque les quede corta, porque es moda”, explicó. En los niveles inicial y primario, en cambio, los padres conservan mayor decisión sobre los talles y priorizan la durabilidad.
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En la ciudad no todos los colegios modifican sus uniformes con frecuencia. Según la vendedora, los cambios suelen darse en instituciones vinculadas a clubes, aunque no es una regla general. Algunos establecimientos gestionan directamente la venta de su indumentaria, mientras que otros trabajan con distintos comercios sin exclusividad.
“Yo no tengo exclusividad con ningún colegio”, aclaró. Su compromiso pasa por garantizar stock cuando acuerda trabajar con determinada institución, pero las familias son libres de elegir dónde comprar.
Producción nacional y ofertas
En medio del debate por la apertura de importaciones y el impacto en la industria textil, la venta de uniformes no se vería involucrada. Las prendas institucionales, con logos, recortes o colores específicos, difícilmente puedan reemplazarse por productos genéricos del exterior. “Una chomba con detalle o un buzo con logo es imposible comprarlo hecho afuera”, sostiene. Solo en el caso de las camisas blancas podría existir mayor competencia, aunque los tiempos de entrega y la necesidad de reposición rápida juegan a favor de la producción argentina.
Para aliviar el bolsillo, los comercios apelan a promociones y ofertas limitadas. “Dentro de la buena calidad que trabajo, trato de tener ofertas y publicarlas”, explica. La disponibilidad depende de lo que envían los proveedores, por lo que suelen ser partidas acotadas, pero aseguró que “eso ayuda mucho a la gente".

