Inmigración: el otro como amenaza
En Argentina persiste una imagen idílica de la inmigración europea, producida entre 1860 y 1914. Pero se olvida que en estas pampas el "extranjero" también fue rechazado.En muchas zonas del país, donde se afincaron tantas familias de otras nacionalidades -llegadas en los barcos-, las distintas colectividades celebran por estos días su cultura.Muchos grupos étnicos, aprovechando el festejo del día del inmigrante (4 de septiembre), buscan así establecer un vínculo emocional con sus raíces, recordando la historia de sus antepasados, quienes encontraron en tierra americana un lugar donde vivir.Acaso como la inmigración europea fue alentada por la elite liberal de la época, bajo la premisa de que "gobernar es poblar", se ha instalado la versión de que los recién llegados se adueñaron de entrada del país y fueron mimados por los poderes fácticos.La imagen de que lo que ocurrió en estas pampas fue un experimento exitoso de asimilación, dando lugar al "crisol de razas", no se corresponde sin embargo con la realidad, según la historiografía contemporánea.Aunque atraídos por la prédica de los constructores de la "modernidad", expresada en el preámbulo de la Constitución de 1853, que habla de fomentar el arribo de extranjeros, preferentemente europeos, lo cierto es que quienes llegaron a estas pampas encontraron un entorno hostil.La tesis la ha vuelto a formular el escritor y licenciado en Historia Daniel Muchnik, un descendiente de los colonos judíos instalados desde 1893 en el centro de Entre Ríos, provenientes de Europa Oriental.Oriundo de Diamante, a orillas del Paraná, Muchnik en su reciente libro "Inmigrantes. 1860-1914. La historia de los tuyos y los míos", no sólo habla de las peripecias de sus ancestros familiares y del grupo étnico al que pertenece.Hace foco también en la marginación, el maltrato y el desprecio de que fueron objeto todos los recién llegados de parte de las clases altas locales y de la población criolla.La sociedad argentina tradicional tuvo la misma reacción de rechazo hacia el extranjero, hacia el "otro", devenido en una amenaza para los viejos moradores, un fenómeno que se da en la actualidad en el mundo entero.El autor sostiene que por muchas décadas, la condición de "inmigrante" fue peyorativa (y en algunos sitios despreciada), tanto para el criollo como para el hombre de la ciudad, para los científicos e intelectuales de renombre y para la élite aristocrática.Fue un contexto donde cierta intelectualidad activó la ideología nacionalista, siempre proclive a atribuir los males del país al extranjero y a elaborar una profilaxis biológica para preservar el "ser nacional" de los virus foráneos.Muchnik incluye en este sector a José Hernández, el autor del 'Martín Fierro', poema que elevó al gaucho a modelo antropológico, en pugna justamente con los extranjeros.Martín Fierro se inscribió en la frenética necesidad de un héroe nacional que cimentara la búsqueda de la identidad -el eterno mito de todos los nacionalismos- para lidiar con los temores que despertaban los inmigrantes.De ahí que en el poema de Hernández se lea: "Yo no sé por qué el gobierno / nos manda aquí a la frontera / gringada que ni siquiera / se sabe atracar un pingo. / ¡Si creerá al mandar un gringo / que nos manda alguna fiera! / No hacen más que dar trabajo / pues no saben ni ensillar; / no sirven ni pa carniar, (...) / Cuando llueve se acoquinan / como perro que oye truenos. / ¡Qué diablos! sólo son güenos / pa vivir entre maricas, / y nunca se andan con chicas / para alzar ponchos ajenos".
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