Insólito: el país importaría carne
¿Es posible que justo en el año en que se celebran los doscientos años de vida independiente, la Argentina de las vacas, la tradicional exportadora de carne, tenga que salir afuera para aprovisionarse de ese bien para abastecer su mercado interno?
A decir verdad, hace tiempo que los productores de ganado vienen advirtiendo que las erráticas y desfavorables políticas hacia el sector podrían llevar a este increíble cuadro.
La guerra gaucha –un enfrentamiento también insólito y absurdo entre el gobierno K y los productores agropecuarios- enturbió esta advertencia, que quedó teñida de parcialidad en pleno conflicto.
Pero ahora es un informe reservado que circula en el propio gobierno quien da crédito a esta posibilidad, según refiere Matías Longoni, en la edición ayer del diario Clarín.
El escrito fue elaborado por la Dirección de Mercados Agroalimentarios y ya está en manos del secretario de Agricultura Carlos Cheppi. Allí se dice que el stock ganadero, que viene en picada, ya no alcanza para abastecer el consumo argentino.
Según el informe de marras, en 2010 sería necesario comprar unas 1.000 toneladas en el extranjero, para atender la demanda de los argentinos, que siguen consumiendo unos 68 kilos anuales por habitante, el más elevado en el planeta.
El gobierno ha venido negando sistemáticamente que esto pueda pasar. Y acaso salga en las próximas horas a desestimar la existencia de este trabajo, que obviamente se filtró a la prensa.
Para las entidades rurales, en cambio, una posible importación de carne para abastecer el mercado local, así como la desaparición definitiva de saldos exportables, entraba dentro de los cálculos.
Desde hace tiempo han venido culpando a la política oficial, que ha consistido en estos años en “pisar” los precios internos y limitar las exportaciones, en un contexto en que se cebó el consumo interno.
El resultado ha sido el desaliento de la explotación vacuna. No sólo ha venido declinando la producción sino que la faena ha pasado a incrementarse a mayores tasas que dicha producción.
La faena de hembras llegó a niveles notables, lo que técnicamente se conoce como “liquidación de vientres”. En otras palabras, eso significa que los ganaderos han estado vendiendo sus “fábricas de terneros” para reducir su negocio o, directamente, abandonar la actividad.
Toda la cadena de ganado y carnes viene barajando números en rojo. La situación se ha vuelto insostenible con el agregado de la feroz sequía, que comparada con las políticas oficiales ha sido igual de devastadora, ya que por su causa subió la mortandad y el remate forzado de animales.
El informe de la Dirección de Mercados Agroalimentarios, que ha trascendido a la prensa, asegura que el stock ganadero actual, de 55,3 millones de animales, podría retroceder en 2010 hasta 47,9 millones de cabezas, y que por lo tanto la producción de carne también caería drásticamente.
De todos modos, cuesta imaginar que la Argentina, nada menos, pueda llegar a la instancia de tener que importar carne para abastecer su mercado interno. Y que ello ocurra, increíblemente, en el año del bicentenario del país de las vacas.
Por lo pronto, lejos estamos de la Argentina que llegó a ser el primer exportador mundial hace cinco décadas. Si la tendencia, en suma, es que hay menos vacas, habrá que hacer que se produzca más, al menos para no depender de las compras externas.
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