Instinto gregario versus inconformismo individual
¿Somos un puro reflejo del medio ambiente social, de suerte que estamos condenados a seguir el dictado de la moda y la opinión dominantes? ¿O nuestro destino individual supera los marcos de la colectividad?El dilema podría multiplicarse en otros interrogantes: ¿Hasta qué punto los seres humanos somos actores creativos que controlamos activamente nuestras vidas?¿O, por el contrario, gran parte de lo que hacemos es en verdad el resultado de fuerzas sociales que escapan a nuestro control? ¿Y, sometidos a esa marea social que nos obliga a actuar, al hablar de individuo caemos en una ilusión?Dentro de los estudios del hombre, parecen distinguirse dos corrientes marcadas. La que disuelve al individuo en la sociedad, señalando que ésta es más importante.Y la que cree lo contrario: que el sujeto es anterior y superior a la trama social, de tal manera que ésta no sería otra cosa que el resultado de las interacciones individuales.Se diría que los primeros exaltan el instinto gregario, en el sentido que el hombre, como característica esencial, es un animal como cualquier otro que vive en rebaño o en grupo.La asociación entre los seres de la misma especie, desde este ángulo, es lo más relevante. Entonces la sociedad es algo diferente, más contundente que la simple sumatoria de todos sus individuos.Los otros, en cambio, hacen girar todo alrededor del individuo, al punto que niegan que el hombre tenga una dimensión social natural. Entonces la sociedad es producto de un pacto entre individuos a-sociales.Por cierto que hay filosofías (la personalista, por caso) que, apartándose de estas dos concepciones radicales, reconocen que el hombre es autónomo, libre y responsable, pero a la vez esencialmente "comunitario".Como sea, esta tensión individuo-sociedad ha atravesado todo el pensamiento occidental. Es una dicotomía que ha hecho reflexionar a distintos pensadores, a lo largo de la historia.Algunos de ellos, dentro de la tradición que confiere relevancia al sujeto, han advertido sobre los riesgos de una recaída en el gregarismo más atroz. Aquí "animal gregario" se aplica a la persona que no tiene ideas e iniciativas propias y sigue siempre las del grupo al que pertenece.Hay estudios sobre cómo el hombre se "despersonaliza", por ejemplo, bajo situaciones como motines, revueltas y alborotos, en las cuales el individuo se disuelve pasajeramente."Entonces el individuo no es ya él mismo; se ha convertido en un autómata cuyo funcionamiento no depende ya del poder de su voluntad", describió Le Bon, en su famoso libro "Psicología de las Masas".Pero hay otros autores que hablan de la aparición del "hombre masa" como modelo antropológico típico de la sociedad moderna, caracterizada por la industrialización y el urbanismo.El alemán Osvaldo Spengler tenía una visión sombría del hombre occidental. "Se ha producido la nivelación de los cerebros: la gente se reúne en masa, se piensa en masa. El que no piensa con y como los demás, el que piensa por su cuenta, pasa a los ojos de los otros como enemigo", escribió.Fue quizá Ortega y Gasset, con su libro "La Rebelión de las Masas", quien más hizo pensar sobre la hegemonía de este tipo humano devaluado en el siglo XX."Lo característico de nuestra época es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y la impone dondequiera", apuntó.Como se ve, el espíritu gregario, esa inclinación tan humana al mimetismo social, está siempre en pugna con ese inconformismo innato que emerge de la individualidad.Por estas dos dimensiones discurre la aventura humana.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

