Internet, entre el cielo y el infierno
Entre los discursos que equiparan el ciberespacio con el paraíso y los que lo asimilan a la maldad absoluta, el Papa Francisco ha tomado una posición intermedia frente a las tecnologías digitales.Contra los recalcitrantes de izquierda y de derecha, que ven detrás del progreso técnico una mano negra (la del capitalismo, la de las corporaciones o la de Satanás), el pontífice se ha despachado con una bendición formal de la web."No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital", instó a los cristianos, en un mensaje papal que lleva por título "Comunicación al Servicio de una Auténtica Cultura", según informa la agencia EFE."Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es bueno, es un don de Dios", ratificando en este punto la doctrina de la Iglesia Católica de discernir los medios de los fines.El argumento sería así: los objetos y las tecnologías, creaciones del hombre, son axiológicamente neutrales; sólo el uso humano, el sentido que se le da, las convierte eventualmente en buenas o malas.Bajo este presupuesto filosófico, y en vistas de que el mundo se ha hecho más "pequeño" (por efecto de la conexión mediática y del transporte), el Papa sostiene que las modernas tecnologías digitales pueden ayudar a percibir "un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos".Pero si la clave pasa por el uso que se le da a esos medios, existe el riesgo de que a través de ellos se cree un sistema tecno-cultural que conspire contra ese ideal de fraternidad humana, razona el pontífice.Entre los aspectos problemáticos inherente a las nuevas tecnologías, Jorge Bergoglio menciona "la velocidad con la que se suceden las informaciones, que supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo".Por otro lado, las tecnologías "pueden terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado", además el hecho de que haya gente que no pueda acceder a ellas conduce a una nueva forma de "exclusión".El Papa Francisco, además, rechazó aquella comunicación que tiene como "objetivo preponderante al consumo o a la manipulación de las personas" y la que nos condiciona "hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real".Las objeciones del pontífice, así, discuten los discursos que otorgan a la tecnología un rol salvador, y que ven a Internet a través de una concepción utópica, según la cual estas mejoras conducirán, indefectiblemente, a un estado de perfección humana.Quienes adhieren a la teoría conspirativa, tanto de derecha como de izquierda, sólo ven en la técnica la manifestación del control de algún poder malévolo detrás de las bambalinas de la historia.Los eternos apocalípticos -para quienes el pasado siempre es mejor que hoy y por tanto el presente es mejor que mañana-, siempre han sido tecnofóbicos, han aborrecido de los inventos humanos.A ellos el Papa les ha aclarado que Internet "es un don de Dios", que abre puertas para el encuentro y la comunicación entre los hombres.A los partidarios de la tecnociencia que profesan utopías digitales, en tanto, les recuerda que las tecnologías pueden ser factores de alienación humanas, si se las usa mal.Internet, parece decir el Papa, es algo "humano, demasiado humano" (parafraseando a Nietzsche). Y como tal, se sitúa entre el cielo y el infierno.
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