Invertir en vivienda es invertir en familia
"¡Familia y vivienda van de la mano! Es muy difícil sacar adelante una familia sin vivir en una vivienda!", expresó en la última Navidad el Papa Francisco, al colocar la cuestión del techo propio como prioridad social.El pontífice, así, instó a las autoridades políticas y a los servicios sociales, en un sentido ecuménico, a hacer todo lo posible para que las personas puedan tener una vivienda digna.Bajo este concepto, la casa no es una mercancía más, un puro valor de cambio, sino que es el sitio insustituible del hogar humano.Como bien de uso, ocupa en la vida de las familias un lugar sumamente importante en lo que hace a la calidad de vida y al sentimiento de seguridad personal y colectivo.Hace a la reconstrucción de la trama social y liga a las familias al suelo, al barrio, a la ciudad, al país, consolidando el sentimiento de pertenencia. Un techo bajo el cual cobijarse y construir futuro, deviene en una necesidad primaria para cualquier familia.Hace poco el economista Javier González Fraga expresó en Gualeguaychú que el fomento de la vivienda es la mejor política social, en coincidencia con la visión papal.En su opinión, con la solución habitacional se ataca el meollo de los males de la exclusión. Al respecto dijo que los chicos pobres, a los que les cuesta estudiar o no califican para los empleos que genera la economía, provienen básicamente de familias que no tienen casa."Son chicos, por tanto, que no saben lo que es tomar una merienda con sus padres ni mucho menos hacer los deberes en el hogar. Tampoco están en la escuela, sino en la calle", afirmó.Fraga sostuvo que es impensable un grupo familiar sin un espacio físico adecuado. "Es inconcebible la familia sin la vivienda. Entonces invertir en familia es recrear el hogar, es recrear la familia. Y la familia es el verdadero freno al embarazo adolescente, es el verdadero freno al hijo desnutrido, es el verdadero freno a la promiscuidad que genera la cohabitación en una pieza", razonó.El economista planteó hacia futuro un audaz plan para enfrentar el déficit habitacional en la Argentina, como eje de una política social que involucre al Estado y a la sociedad civil."Existe la tecnología financiera disponible para poder dar 400 mil viviendas por año. De esta manera en 10 años podemos ver realmente erradicada la pobreza extrema. La casa propia también generará nuevos propietarios, que se insertarán en los beneficios de la economía", explicó.Por otro lado, hay estudios internacionales que corroboran que la casa propia genera beneficios tangibles y cuantificables en los grupos humanos. Por ejemplo, mejores niveles de rendimiento escolar en los hijos de los propietarios y mejoras en la salud de las familias.Además, se incrementan en esos grupos los niveles de autoestima (la posesión de una vivienda propia constituye un motivo de orgullo para las familias y un vehículo para su inserción en actividades comunitarias).Un aspecto de mucha importancia es el cambio de actitud positivo que se genera en los hijos, porque están más cómodos, ya sea porque estudian en un mejor ambiente o porque tienen privacidad. A lo que debe sumarse el hecho de que pueden invitar a sus amigos a sus casas.En Argentina el problema habitacional tiene dos caras: la falta o la precariedad de la vivienda de los sectores populares (provisión), y la restricción en el acceso a vivienda propia de las clases medias (mecanismos de financiamiento).En la agenda de problemas sociales, el acceso al techo propio es un tema de máxima prioridad.
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