Ir contra las drogas en una sociedad adicta
En distintos lugares los ciudadanos se movilizan contra el consumo de sustancias adictivas. Se trata de una lucha difícil en un contexto social proclive a compulsiones de todo tipo.Una información de El Entre Ríos Digital da cuenta que en el hospital de Villa Elisa se tratará como adictos a aquellos adolescentes que padezcan un coma alcohólico.Es decir, a ese chico ya no se lo considerará un simple intoxicado sino como alguien que ha consumido estupefacientes. De manera tal que a partir de ahora se le comunicará a los padres y se hará la denuncia penal correspondiente.La medida se inscribe en la lucha contra las adicciones que ha emprendido la comunidad entrerriana de Villa Elisa, tras la muerte de varios jóvenes por las drogas.Quien lidera la movida es Rafael Pirolla, quien en diciembre último perdiera a su hijo Alan por esa causa. La idea es crear un ente mixto, en el que confluyan la municipalidad y los privados (sobre todo padres damnificados), para salirle al cruce al flagelo."Tratamos de sacarle los clientes a los vendedores. Que la justicia y la policía se encarguen de ellos y nosotros nos encargaremos de que los adictos consuman menos y vayan disminuyendo y que no caigan más chicos en la adicción", comentó Pirolla, al explicar la iniciativa.A decir verdad, la experiencia de Villa Elisa se repite en otros lados de la geografía entrerriana y nacional. La sociedad civil se moviliza ante un mal que la está carcomiendo por dentro.Es importante resaltar que dentro del concepto de droga hay que incluir a toda sustancia que genera una dependencia ruinosa para la salud. Y en esta categoría, por tanto, hay que hablar de psicofármacos, alcohol y nicotina.El alcohol, por caso, es una cosa seria. Está en franca expansión y de hecho la edad de iniciación en el consumo ha bajado drásticamente. Ahora chicos de 13 años empiezan a beber.Los especialistas aseguran que el alcohol es la gran vía para el acceso a otro tipo de drogas. La borrachera de los jóvenes los fines de semana son un clásico.Lo novedoso ahora es la gran cantidad de mujeres que han tomado este mal hábito. El alcohol corre a raudales en cuanta fiesta o encuentro juvenil se organiza, convirtiéndose así en su principal animador.Y así como no hay cocaína sin traficantes, no hay alcohol sin vendedores, aunque en este último caso la sociedad tolera el consumo y existe una fenomenal maquinaria publicitaria que lo incentiva.A decir verdad, el consumo de estupefacientes o de alcohol es acelerado, de última, por una sociedad que tiene muchos rasgos compulsivos. "Tenemos adicción al poder, al vértigo, a la transgresión y a las marcas", reconoció no hace mucho Carlos Souza, de la Fundación Uylén para la Prevención y Asistencia de las Adicciones.El problema, dijo, es cuando la sociedad termina acostumbrándose a los casos de adicción. "Un adicto a las sustancias psicoactivas se familiariza con hábitos destructivos. Nosotros nos familiarizamos con las cifras; ya no nos conmueven: son números", dijo.El problema es complejo y roza cuestiones que van más allá de la higiene social. Porque, ¿acaso el exceso de alcohol y el consumo de drogas no son un síntoma de algo más profundo?¿No revela lo insustancial de una época en la que se padece el sinsentido de la existencia? Cuando toman hasta emborracharse, en una forma de alienación consumista, ¿no expresan nuestros jóvenes cierto hastío prematuro hacia la vida?En ese caso la escalada hacia el alcohol, lo mismo que hacia la droga, bien podría mirarse como un sustituto generacional a la carencia de objetivos o de anhelos profundos.
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