Italia, ante otro devastador sismo
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El pueblo italiano está de luto a causa de la destrucción causada por un violento terremoto, un fenómeno natural recurrente en la península itálica, que cíclicamente sufre la furia de la tierra.El siniestro está produciendo un desolador saldo en víctimas humanas. Ya superaba las 290, tras los últimos recuentos, aunque se estima que la cifra de muertos seguirá aumentando. En tanto que el número de heridos ingresados a los hospitales es de 388 hasta el momento.El sismo, de 6.2 en la escala de Richter (6.9 es la máxima intensidad), ocurrió en la zona centro del país, afectando a localidades montañosas como Amatrice, Norcia, Accumoli y Arcuata del Tronto, situadas a una distancia entre 120 y 150 km al este de Roma.Esos lugares, de estructura antigua medieval devenidos en centros turísticos, han quedado destruidos, de suerte que miles de personas han perdido sus casas. A todo esto, se calcula que el sismo ha dañado o destruido 293 enclaves de importancia cultural, muchos de ellos iglesias.En esta geografía sobresale la cadena montañosa de los Apeninos, que desde tiempos inmemoriales es cuna de terremotos. En realidad la historia de los italianos con este tipo de eventos tiene varios capítulos.La península itálica ha sido sacudida por fuertes temblores en el último siglo. De hecho el terremoto de Mesina (Sicilia), en el año 1908, en el cual murieron más de 100.000 personas, es considerada una de las peores catástrofes naturales de Europa.En 1980, en tanto, se produjo un sismo en la región de Irpinia, en el sur de Italia, causando alrededor de 3.000 muertos. La desgracia más reciente fue la de 2009, que tuvo su epicentro en la ciudad de L'Aquila, región de Abruzo, que dejó 309 muertos y 1.500 heridos.En los libros de historia universal se narra que el 5 de febrero del año 62 d.C., un desastre similar golpeó a la región de Campania (Italia). La tierra se estremeció y grandes sectores de la ciudad de Pompeya se vinieron abajo.El devastador terremoto fue el preámbulo de la erupción volcánica del Vesubio, que tuvo lugar en el año 79 d.C., y sepultó a Pompeya, donde quedaron enterradas vivas bajo las cenizas miles de personas.El filósofo Lucio Anneo Séneca, (4 a.C.-65 d.C.), que pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo romano, escribió un reporte del terremoto de Pompeya en el sexto libro de sus "Naturales quaestiones" titulado 'De Terrae Motu' (Relativo a los terremotos).Pero más allá de sus conocimientos de geología y de física, estos poderosos fenómenos naturales le inspiraban a Séneca reflexiones acerca de todo aquello que el hombre no puede cambiar, y de todo cuanto debe aceptar.Volcanes, terremotos o huracanes, fuerzas naturales indiferentes a nuestros deseos, ponen en entredicho la creencia según la cual los humanos lo pueden todo.Los pensamientos de Séneca reflejan la manera en que los romanos antiguos soportaban los horrores del destino, el azar o la diosa Fortuna, y en esa categoría entraban todas las catástrofes naturales.Puesto que hemos de esperar cualquier cosa, el filósofo proponía entonces que tengamos siempre en mente la posibilidad de la desgracia. No deberíamos andar por el mundo con una actitud ingenua, sino asumiendo por anticipado las posibles fatalidades."Es una disposición excelente la de soportar lo que no puedas enmendar", escribió Séneca.
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