Jóvenes, sin destreza para el mundo laboral
En la Argentina, dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 19 años no tienen el secundario completo o capacidades básicas de lectura para trabajar, según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).La falta de destreza les impide a esos jóvenes encontrar un empleo y acaban por engrosar el sector informal. Muchos de ellos, permanecen buena parte de sus vidas en empleos precarios.Los puestos de trabajo más frecuentes en este universo son los de operadores de call centers, cadetes, recepcionistas, promotores y repositores.Según datos de SEL Consultores, 8 de cada 10 ocupados de hasta 19 años tienen empleos precarios. Lo que está en la base de esta realidad es el déficit educativo."La falta de competencias es la principal dificultad de los jóvenes para conseguir empleos de buena calidad", sostiene el presidente de SEL Consultores, Ernesto Kritz.Según el especialista, en el actual contexto de crisis estos jóvenes constituyen un verdadero grupo de riesgo. En efecto, el 40% de los desocupados tiene menos de 25 años en la Argentina.Pero los ocupados menores de 19 años no tienen mejor suerte: 8 de cada 10 pertenecen al mercado informal, donde sobresalen empleos de corta duración, baja calificación y mal remunerados.Desde IDESA, en tanto, manejan un cuadro dramático desde el punto de vista educativo: aproximadamente 2 de cada 3 jóvenes no llegan a terminar la secundaria.Entre los que finalizaron el ciclo escolar, por otro lado, el 58% muestra una acumulación de conocimientos y destrezas que no supera los niveles mínimos requeridos para desempeñarse en el mercado de trabajo.La consultora de recursos humanos Manpower Argentina confirma esta tendencia. "Notamos que en los últimos años hubo una marcada disminución en el nivel de educación en los jóvenes", explicó su gerente de operaciones, Cecilia Bologna."Determinados perfiles tienen dificultades para leer y escribir. Eso se detecta en el armado de currículums y en la carga de datos en el sistema", señaló."La mayoría de esos jóvenes permanece buena parte de su vida en empleos precarios. Ese es uno de los factores que explican la reproducción intergeneracional de la pobreza. La informalidad laboral es la principal causa de la exclusión social", sostiene por su lado Kritz.Estos datos, en suma, revelan el decisivo impacto de la educación sobre la pobreza y la distribución del ingreso. Sin conocimientos básicos -porque el sistema no los da- se condena a generaciones de argentinos a un destino social mediocre.Los datos, por otro lado, revelan que nuestros jóvenes cada vez saben menos. Y que la educación argentina atraviesa una crisis sideral. En un país cuya clase dirigente se llena la boca diciendo que la educación es una prioridad.La Argentina se ha olvidado que si alguna vez fue un país pujante, de futuro, fue a causa del empeño puesto en el valor del conocimiento. Fue grande -aunque ahora ya no lo es- porque cosechó la prédica de sus mejores hombres."La riqueza no reside en el suelo ni en el clima. El territorio de la riqueza es el hombre mismo", decía Juan Bautista Alberdi, al señalar que la base del desarrollo de un país estaba en su educación.En su época, ya nos advertía Domingo F. Sarmiento: "¿No queréis educar a los niños por caridad? ¡Pero hacedlo por miedo, por precaución, por egoísmo! ¡Movéos, el tiempo urge; mañana será tarde".El sanjuanino señalaba: "El solo éxito económico nos transformará en una próspera factoría, pero no en una nación. Una nación es bienestar económico al servicio de la cultura y la educación".
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