Jóvenes que interpelan la cultura en las empresas
Desde hace algunos años los formatos institucionales se revelan obsoletos frente a la sensibilidad más independiente de las nuevas generaciones, algo que se ve con intensidad en el mundo del trabajo. Se sabe que los nuevos electores son volátiles y no se dejan manipular por las viejas estructuras partidarias. Entonces cruje el sistema de representatividad de la democracia, que no logra encantar a los más jóvenes.El sistema escolar en su conjunto, en tanto, parece que sigue enseñando a un "alumno" inexistente. Toda la discusión consiste, en la primera parte del siglo XXI, en dar cuenta del sujeto pedagógico real, en lugar del imaginado por la burocracia educacional.Lo mismo le pasa a otras organizaciones, como las iglesias, las cuales se ven obligadas a modificar sus prácticas y discursos para atraer a la nueva generación, que vive la religiosidad en otros términos.El mundo del trabajo no es la excepción a esta tendencia de carácter global: es cada vez mayor la brecha entre la cultura de las organizaciones empresariales y aquellos que ingresan al mercado laboral.Hace poco Gustavo Iaies y Juan Ruibal, consultores de la Fundación del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), en un artículo aparecido en el diario La Nación, sugirieron a las empresas entender la lógica de la llamada "generación Y" (nacidos entre 1980 y 1995), en lugar de prejuzgarla de mala manera (acusándola, por ejemplo, de anárquica y hedonista).Un concepto clave del escrito es que los jóvenes de hoy son el producto de un cambio de paradigma cultural. Ellos privilegian algunos valores, por ejemplo el deseo, que está en las antípodas del mandato social de los adultos, propio del pasado.Al respecto, estudios recientes del CEEP son reveladores. Preguntados los adolescentes por el sentido de asistir a la escuela, la mayoría de las respuestas giraron alrededor de algo que ellos quisieran para sus vidas.Iaies y Ruibal notan la diferencia con el pasado: "Hace algunas décadas, la respuesta era 'porque me mandan', 'porque hay que estudiar', o 'porque todos lo hacen'", razonan.Además, estos chicos no se justifican diciendo "porque hay que trabajar", "hay que casarse", "hay que portarse de determinada manera". Según los autores, estos adolescentes se sienten más libres, menos controlados.Han nacido en una cultura familiar donde ellos preguntaban y los adultos debían responder, lejos de aquellas respuestas inapelables del tipo: "porque sí" o "porque es así" o "porque te lo digo yo", que marcaron a sus padres.Estos jóvenes no actúan por mandato social, no están dispuestos a acatar órdenes, siguiendo la ideología adulta según la cual las cosas son como son.Los miembros de la 'generación Y' "necesitan comprender para avanzar, funcionan con el combustible del sentido. Pero cuando éste no aparece o escasea a su alrededor, se paralizan, salen del camino, o renuncian a las organizaciones en las que actúan".Según los consultores, en lugar de lamentarse porque los nuevos trabajadores no se ajustan a las pautas instituidas por la empresa, el desafío de éstas es "entenderlos, integrarlos y comprometerlos, porque cuando eso ocurre, son sumamente productivos".Estos jóvenes, sostienen, han crecido en ámbitos que, en general, se adaptaron más a ellos de lo que se les impusieron. ¿No es éste el dilema de todas las instituciones: tener que reinventarse en función de la nueva sensibilidad generacional?
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