Juan Pablo II te quiere todo el mundo
En el año de 1978 tenía tan solo 10 años. Recuerdo que escuché por la radio que había fallecido el Papa Juan Pablo I. Sin saberlo lo iba a suceder una persona que significaría mucho en mi vida. Decían que venia de lejos, que era polaco, y esto parecía ser una novedad.
Guillermo Régoli
ColaboraciónSu beatificación me trajo muchos recuerdos y me hizo pensar lo valioso que son algunas personas. Fue el Papa que acompañó mi infancia y mi juventud. Él llegó a todo el mundo, cantó con los jóvenes y los animó a construir una civilización del amor. Les habló a las mujeres, a los obreros, a los líderes y a todos les dijo palabras de Dios. Juan Pablo II fue el Papa que vino de lejos y se hizo cercano al mundoEse Papa se acercó a la Argentina en el año de 1987. Era la segunda vez que lo hacía porque ya había estado en 1982 por el conflicto de Malvinas. Venía ahora a encontrarse con los jóvenes en la Segunda Jornada Mundial de la Juventud, y todos queríamos ir a su encuentro. Junto a jóvenes de todo el país, muchos de la ciudad nos preparamos para esa ocasión. Leer, estudiar, rezar, juntar fondos. Algunos tuvieron que prepararse inclusive físicamente y estudiar primeros auxilios porque se los había invitado a ser "servidores" guiando y acompañando a los peregrinos que llegarían a las grandes ciudades del país adonde Juan Pablo II iría.Para poder verlo pasar junto a nosotros estuvimos esperándolo toda la noche ocupando lugar a lo largo de la avenida 9 de julio en Buenos Aires. Pareciera que no cuesta tanto la noche cuando sabemos que el amanecer trae buenas noticias. Y así fue, entre el mar de jóvenes, unos 500.000, los cantos, los aplausos, las banderas, comenzamos a ver que se acercaba el famoso papamóvil. No dudo que quien pudo verlo sintió que ese gesto de hacer la bendición, su mirada y sonrisa era para cada uno de los que estábamos allí. No solo lo vimos, lo más importante fue escucharlo porque sus palabras marcaron a fuego el corazón de los que estábamos allí.El mismo que el día de la asunción de su pontificado había dicho al mundo "No tengáis miedo ¡Abrid las puertas a Cristo!, ahora nos decía a nosotros que no tuviéramos miedo, que nos animáramos a construir una civilización del amor.Ese que nos hablaba era el Papa de los Jóvenes: el mismo que había sido obrero, actor de teatro, deportista, filósofo, poeta nos saludaba. Ese que sabía italiano, inglés, francés, alemán, ruso, eslavo, nos decía en perfecto castellano: No teman.Él, que había sufrido un atentado a su vida y que había sido salvado por la virgen, que había perdonado a su agresor le decía a la Iglesia Argentina "Levántate". Nos pedía que construyéramos una cadena más fuerte que el odio y que la muerte.Ese pedido de no tener miedo llegaría a lo profundo del corazón. Sería un grito de esperanza en quien había tenido que convivir tantas veces con el miedo y el dolor: al morir su madre y su hermano mayor, al sufrir la guerra y la invasión de su querida Polonia, al tener que estudiar en un seminario clandestino a riesgo de su vida.No se va, el Papa no se va".No queríamos que nos dejara. "Juan Pablo II te quiere todo el mundo", los cánticos eran reflejo del cariño y la alegría. El miraba, acompañaba con sus manos, y con su humor siempre joven nos decía: no se si todo el mundo me quiere, pero sí la Argentina. Nosotros le cantábamos pero Él nos hablaba de Cristo. Nos animó a confiar en Jesús, a poner nuestra esperanza solo en Él.Se fue pero dejó un fuego que se mantuvo vivo y animó a toda esa generación a comprometerse en la política, en los gremios, en la docencia, en la fábrica. Todos sabíamos que era posible, sin miedo, con la esperanza puesta en Cristo, construir una civilización del amor.Después pasaron muchas cosas, en la Iglesia y en el país. Tal vez el fuego se fue apagando un poco y la esperanza sostuvo a muchos en la soledad. Recordar ese tiempo ha sido bueno. Todavía es posible construir esa civilización del amor donde el que manda entienda que el poder es un servicio, donde el que tiene comparta su riqueza, donde el amor permita el perdón como cantábamos en la canción "Un nuevo sol".Desde el cielo sigue invitándonos a no tener miedo, a levantarnos, a tener esperanza, a abrir las puertas a Cristo. Quienes vivimos esto no podemos dejar que se apague ese fuego. El Papa de los jóvenes es el Beato Juan Pablo II y podemos seguir confiando en Él.
Guillermo Régoli
ColaboraciónSu beatificación me trajo muchos recuerdos y me hizo pensar lo valioso que son algunas personas. Fue el Papa que acompañó mi infancia y mi juventud. Él llegó a todo el mundo, cantó con los jóvenes y los animó a construir una civilización del amor. Les habló a las mujeres, a los obreros, a los líderes y a todos les dijo palabras de Dios. Juan Pablo II fue el Papa que vino de lejos y se hizo cercano al mundoEse Papa se acercó a la Argentina en el año de 1987. Era la segunda vez que lo hacía porque ya había estado en 1982 por el conflicto de Malvinas. Venía ahora a encontrarse con los jóvenes en la Segunda Jornada Mundial de la Juventud, y todos queríamos ir a su encuentro. Junto a jóvenes de todo el país, muchos de la ciudad nos preparamos para esa ocasión. Leer, estudiar, rezar, juntar fondos. Algunos tuvieron que prepararse inclusive físicamente y estudiar primeros auxilios porque se los había invitado a ser "servidores" guiando y acompañando a los peregrinos que llegarían a las grandes ciudades del país adonde Juan Pablo II iría.Para poder verlo pasar junto a nosotros estuvimos esperándolo toda la noche ocupando lugar a lo largo de la avenida 9 de julio en Buenos Aires. Pareciera que no cuesta tanto la noche cuando sabemos que el amanecer trae buenas noticias. Y así fue, entre el mar de jóvenes, unos 500.000, los cantos, los aplausos, las banderas, comenzamos a ver que se acercaba el famoso papamóvil. No dudo que quien pudo verlo sintió que ese gesto de hacer la bendición, su mirada y sonrisa era para cada uno de los que estábamos allí. No solo lo vimos, lo más importante fue escucharlo porque sus palabras marcaron a fuego el corazón de los que estábamos allí.El mismo que el día de la asunción de su pontificado había dicho al mundo "No tengáis miedo ¡Abrid las puertas a Cristo!, ahora nos decía a nosotros que no tuviéramos miedo, que nos animáramos a construir una civilización del amor.Ese que nos hablaba era el Papa de los Jóvenes: el mismo que había sido obrero, actor de teatro, deportista, filósofo, poeta nos saludaba. Ese que sabía italiano, inglés, francés, alemán, ruso, eslavo, nos decía en perfecto castellano: No teman.Él, que había sufrido un atentado a su vida y que había sido salvado por la virgen, que había perdonado a su agresor le decía a la Iglesia Argentina "Levántate". Nos pedía que construyéramos una cadena más fuerte que el odio y que la muerte.Ese pedido de no tener miedo llegaría a lo profundo del corazón. Sería un grito de esperanza en quien había tenido que convivir tantas veces con el miedo y el dolor: al morir su madre y su hermano mayor, al sufrir la guerra y la invasión de su querida Polonia, al tener que estudiar en un seminario clandestino a riesgo de su vida.No se va, el Papa no se va".No queríamos que nos dejara. "Juan Pablo II te quiere todo el mundo", los cánticos eran reflejo del cariño y la alegría. El miraba, acompañaba con sus manos, y con su humor siempre joven nos decía: no se si todo el mundo me quiere, pero sí la Argentina. Nosotros le cantábamos pero Él nos hablaba de Cristo. Nos animó a confiar en Jesús, a poner nuestra esperanza solo en Él.Se fue pero dejó un fuego que se mantuvo vivo y animó a toda esa generación a comprometerse en la política, en los gremios, en la docencia, en la fábrica. Todos sabíamos que era posible, sin miedo, con la esperanza puesta en Cristo, construir una civilización del amor.Después pasaron muchas cosas, en la Iglesia y en el país. Tal vez el fuego se fue apagando un poco y la esperanza sostuvo a muchos en la soledad. Recordar ese tiempo ha sido bueno. Todavía es posible construir esa civilización del amor donde el que manda entienda que el poder es un servicio, donde el que tiene comparta su riqueza, donde el amor permita el perdón como cantábamos en la canción "Un nuevo sol".Desde el cielo sigue invitándonos a no tener miedo, a levantarnos, a tener esperanza, a abrir las puertas a Cristo. Quienes vivimos esto no podemos dejar que se apague ese fuego. El Papa de los jóvenes es el Beato Juan Pablo II y podemos seguir confiando en Él.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

