Editorial |

Juegos de azar: sector que mueve millones

Los argentinos tienen pasión por el juego y se calcula que gastan entre 4.000 y 5.000 millones de dólares cada año en apuestas en lotería, máquinas tragamonedas, casinos y pistas de carreras. La industria del juego en Argentina ofrece la más amplia gama de formas legales de juego: casinos, bingos, tragamonedas, casas de apuestas, carreras de caballos, lotería y más. Algunos reportes indican que el mercado de juegos de azar en estas pampas es el más grande de Sudamérica. Se cree que hay alrededor de 500 salas de juegos y casinos con un estimado de 70.000 tragamonedas distribuidas en todo el país. Los juegos de azar legales facturan en la provincia de Buenos Aires 40.000 millones de pesos al año, según datos oficiales de 2018. La gran mayoría de las apuestas se canalizan a través de las máquinas tragamonedas de los bingos y los casinos. Un dato curioso es que a diferencia de otros lugares del mundo donde los espacios de juegos de azar se ubican en urbes ostentosas y sofisticadas, en Argentina los emprendimientos de juego se desarrollan en zonas con alto índice de pobreza. La evolución de la oferta de servicios de juegos de azar no detiene su crecimiento. Los casinos, los bingos, las tragamonedas, y ahora las apuestas online, se reproducen por todos lados. También la cantidad de jugadores, es decir, gente que, necesitada o no económicamente, deposita en el juego todas sus esperanzas, muchas veces sin dimensionar los efectos nocivos de su opción. El Estado argentino ha facilitado y fomentado el crecimiento de este negocio durante años. Entre otras razones porque es una inagotable fuente de recursos para las arcas públicas. También se benefician los capitalistas a quienes se les concesiona la explotación de los distintos juegos. Por lo demás, y como ocurre en otras partes del mundo, la industria del juego está asociada a prácticas non sanctas, como el lavado de dinero y las mafias. Por otra parte, es una actividad que genera conductas socialmente disvaliosas. Y de hecho ante el crecimiento que está adquiriendo el fenómeno, y los problemas de adicción a él asociados, hay quienes lo catalogan como una verdadera “pandemia legalizada”. “Ludopatía”, así se llama a la conducta adictiva al juego, una especie de droga sin fármacos. El juego compulsivo es una enfermedad para cuyo tratamiento han surgido programas alternativos como Jugadores Anónimos. “La ludopatía empezó siendo tomado como un trastorno del control de los impulsos pero en el último manual de psiquiatría que se usa en los Estados Unidos se lo comenzó a considerar un trastorno adictivo”, según explica la licenciada Mariela Coletti, psicoanalista y directora de Entrelazar, Centro de Investigación y asistencia a la adicción al juego. “Esto quiere decir que en alguien que tiene este problema el juego pasa a ser lo central en su vida, no puede dejar de jugar, básicamente no puede dejar de perder, que es el problema principal que tiene un jugador”, precisa, al tiempo que deja saber que detrás de un ludópata “la fantasía de recuperar lo perdido está siempre”, para la especialista “el peor engaño que tiene el juego de apuestas”. El juego es un círculo vicioso en el que un ludópata lleva las de perder: “A pesar de que el jugador contabilice solo sus ganancias, lo que se constata es que tiene una adicción a la pérdida, es alguien que está más en el lugar de quien pierde constantemente. Si gana vuelve a jugar lo que ganó y si pierde vuelve a intentar recuperar lo que perdió, por lo que al final pierde siempre”, refiere la especialista

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