Jugadores que asumen conductas aberrantes
El juego se convierte en un problema cuando quienes lo practican actúan de una manera extraña. Se colocan así frente a situaciones que, objetivamente, los vuelven insensibles a las personas que más quieren. Ése parece ser el caso de los matrimonios que dejaron a sus hijos pequeños encerrados para ir al casino. Los episodios ocurrieron en Mendoza, originando una fuerte señal de alarma en la opinión pública.Según se informó, días atrás dos padres dejaron durante cinco horas a su bebé de 15 días en su auto para ir al casino situado en el departamento de Godoy Cruz.La empleada de la playa de estacionamiento advirtió los llantos de la criatura y avisó al personal de seguridad, mientras que los progenitores fueron localizados por los altoparlantes del centro de entretenimiento.Se supo que estos últimos fueron imputados por abandono de persona agravado por el vínculo, pero a las pocas horas quedaron en libertad.El hecho más reciente se produjo en el departamento mendocino de San Martín, cuando Lautaro, un pequeño de tres años, fue dejado dentro de una camioneta por sus papás, quienes estuvieron más de dos horas jugando en el casino provincial.Un grupo de personas que circulaban por la zona advirtió el llanto del menor y avisó a la policía, que constató luego que el vehículo estaba cerrado.Los efectivos, con el dominio del auto, rastrearon a los propietarios, pero dieron con el abuelo del chico, que se dirigió al lugar. Al poco rato aparecieron los padres, de 23 y 24 años, quienes reconocieron que estaban en la sala de juego.Estos casos de Mendoza estarían revelando uno de los tantos síntomas de los jugadores compulsivos: la pérdida del sentido de la realidad y de las cosas, hasta el punto que ponen en riesgo a las personas a su cargo, en este caso los hijos.La ludopatía o adicción a los juegos de azar es un trastorno de los mecanismos del control de la conducta que ocasiona severa incapacidad en el sujeto para suspender la participación en las apuestas o al riesgo al que se expone con dicha actividad.La adicción al juego es un mal invisible y en nuestro país se ha incrementado gravemente en los últimos años con la apertura de casinos y casas de apuestas.Los indicadores que revelan que una persona posee adicción al juego no siempre son claros ni sencillos. La ausencia de sustancias tóxicas, por ejemplo, retarda muchas veces la detección por parte de la familia.En general los síntomas están ligados a cambios notorios en el ánimo y la conducta en general. El juego va metiéndose en su vida de tal manera, que empieza a aislarlo de sus seres queridos, el cuidado de cuyas vidas le resulta indiferente.Quienes padecen de este mal no pueden dejar de jugar, aún a riesgo de perderlo todo: desde el dinero y la familia hasta la propia vida (tiene altos índices de suicidio).Los especialistas sostienen que no es un tema de falta de voluntad, ya que es una compulsión. Y si bien debe haber una predisposición psíquica para adquirir la enfermedad, la proliferación de salas de juego facilita su expansión.La ludopatía, como el resto de las adicciones, puede ser superada mediante un tratamiento integral, que ayude al paciente que experimenta dificultades con su manera de jugar, a suspender dichas conductas y desarrollar recursos emocionales que lo sostengan sin necesidad de utilizar el juego como una fuga o escape de su realidad.
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