Jugar con las palabras y los hechos
Ni siquiera piensan las repercusiones y consecuencias a las que conduce la malversación de las palabras. O sí. En realidad planifican y ejecutan acciones que colocan en el tapete a algunos funcionarios de segundo y tercer escalón, que quieren ser más papistas que el Papa.El manejo de la ironía o el de afirmaciones temerarias, exige condiciones superlativas que no cualquier inteligencia tiene a su alcance. Para bromear y hacer chistes, o para amenazar y amedrentar con las palabras, también se requieren fundamentos serios. Y manejo de ciertas capacidades o talentos.Si el actor de esas prácticas no llega a un encuadre razonable, termina pasando mucha vergüenza o incluso hasta llega a dar lástima, por su falta de originalidad en la administración de la inteligencia.Hace unos cinco años, sorprendió una frase con la que el gobierno nacional saludaba para estas fiestas a los periodistas en su día. "Hoy estamos apretando a los periodistas". Más abajo se agregaba: "con un fuerte abrazo".Al término apretar, más que antipático y resistido por los periodistas especialmente, se le adosó la "calidez" de un abrazo. Pero el efecto fue la manera en que se erizaron, lógicamente, los sentimientos en esa oportunidad.Para qué, se puede preguntar alguien, se procedió así. Para marcar terrenos de dominio por parte de quienes están en funciones de gobierno, y alertar que desde aquí el arbitrio y hasta el autoritarismo, ahora que lo puedo ejercer "yo", está justificado, está bien utilizado.Usualmente se admite que bajo esas formas de ironía o broma, se suelen fundar expresiones sinceras.Por allí pasa el meridiano de la gravedad de las palabras, inspiradas y escritas por algún conspicuo funcionario que aún hoy sigue cómodamente apoltronado en su sillón, sin haber tenido la exteriorización de una humilde disculpa por el exceso cometido. Al contrario, ganó experiencia, y le tomó el gusto al deleznable ejercicio del "apriete".Si comparamos el efecto que hubiese provocado un mensaje de esa naturaleza, pero en corriente inversa, el escándalo se habría vuelto interminable, y de un efecto imperdonable hiriente de los derechos humanos de ese amenazado (encaramado en el gobierno de turno). La única categoría de persona que ha sido víctima de los más grandes males a que la especie humana es sometida, pareciera ser las que viven hablando del respeto por una libertad de opinión, que ellos son los primeros en no respetar cuando los incomoda.Así parece que no aprendemos la lección de una historia plagada de fracasos y desencuentros, como la que desgraciadamente podemos exhibir los argentinos. Y pareciera además, que nos encargamos de renovar en sus expresiones recalcitrantes, amenazadoras, y autoritarias.Pareciera que la cúspide del poder tiene efluvios tan particulares, que logran cambiar en muy poco tiempo y transformar rápidamente, los sentimientos que inspiran las actitudes según la conveniencia de tiempo y circunstancia.En definitiva al periodismo, y a los periodistas, lo único que puede llegar a "apretar", es si en algún caso llegamos a quedar al margen del camino exclusivo e irrenunciable de esta profesión. La defensa de los intereses de la gente, el control sobre los actos de los gobernantes y la explicación de nuestra mirada sobre una realidad que particularmente algunos políticos, sobre todo, quieren transformar a voluntad y no trabajando consecuentemente como corresponde.Pese a que poseen herramientas eficaces como el arbitrio de decir a qué medio le pautan publicidad y a quién no, no se detienen a pensar que en algunos casos se creen dueños de la cosa pública, y en realidad deben dar cuenta de todos y cada uno de sus actos.Primordialmente, de aquéllos que van a contramano del derecho a opinar libremente que tiene cualquier ciudadano, en medios de comunicación independientes, que contienen desde siempre la pluralidad de pensamiento, y que van a custodiar el ejercicio pleno de la libertad de prensa, a cualquier costo.Por ello es que nuestro diario se sostiene sustancialmente en casi su totalidad, con pautas publicitarias del sector privado al que al igual el estado nacional, provincial o municipal, no se le aporta como moneda de cambio una traición a su trayectoria basada en que todo el mundo, piense lo que piense, puede opinar en estas páginas.
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