Justo homenaje a un médico gaucho
Por Fabián Miró
Amigos, pacientes, enfermeras que trabajaran a su lado, no faltaron a la cita en una jornada cargada de emociones y recuerdos del médico y amigo que nunca abandonara el barco como en la creciente del 83 “llevó su familia a Gualeguaychú y el se quedó atendiendo a la gente con los pocos medios que tenía. Fue un capitán que no abandonó el barco “expresó Conrado Waide, uno de los gestores del homenaje a Romani junto a la familia Jensen.
“Fue un médico de corazón, un doctor “gaucho” en todo el sentido de la palabra” señaló “Guito” Larrosa. “No había sábado, domingo o feriado para el Doctor” graficó uno de los presentes. “Salía con su lancha, pagando el combustible de su propio bolsillo en más de una oportunidad. Los isleños no tenían ningún tipo de cobertura social, y la mayoría de las veces no cobraba nada por sus servicios. Eso sí, compartía con la gente de las islas un mate, algún vino, para luego emprender el regreso. No eran simples travesías las que realizaba por el delta. Horas en lancha con climas no siempre benignos” comentó uno de los asistentes al homenaje que fuera sencillo, pero muy emotivo. Hubo gente mayor que no pudo hablar, quebrada por la emoción.
Carlos Tripp se lamentó de no haber estado en la partida de “un amigo, pero nos queda su legado, ejemplo que ojala continúen las presentes generaciones”
Fue un médico generalista. Clínico y cirujano también hizo las veces de partero, pediatra, traumatólogo y hasta de consejero. Doctor y amigo. Una persona en quien confiar y a quien escuchar. Médico rural sí, porque atendió en un ámbito muy diferente a cualquier otro. Con su andar campechano, simple, llegaba con su maletín a la casa más lujosa de la villa, como al rancho má pobre o a un campamento de pescadores en las islas luego de surcar riachos y arroyos con su embarcación.
“Era un médico heterodoxo-sus visitas no eran breves-traía su ciencia sin olvidar el efecto. Su consulta domiciliaria terminaba con un vino, un mate, lo que hubiera. El bono de la obra social o los honorarios no se hablaba. Seguirán las universidades, otorgando títulos de médicos, lo que la universidad no otorga es lo de señor, porque Señor se nace y se muere y en esa condición, pasó el Doctor Julio Romani” expresó en una carta de lectores enviada a EL DÍA Antonio Sala.En febrero del 72, Luís Omar González, en aquel entonces un joven de 18 años debió ser internado de urgencia con un cuadro de asma bronquial en el Hospital de Villa Paranacito. Romani, abrió las puertas del Hospital para tratar de mitigar su mal. Se le practicó el tratamiento adecuado hasta altas horas de la noche. Allí no existen horarios “ni malas caras” y en todos los rostros se notaba la ansiedad de que se restableciera y por lógica así sucedió, pero de tal manera que el mismo paciente quedó asombrado de su eficiencia, en virtud que había concurrido a tantos especialistas a pesar de corta edad y nadie lo había tratado de la forma que lo hicieron en este lugar y la manera de menguar su enfermedad.” Y eso no fue todo, el Doctor le ofreció su clínica y el Hospital para una atención continúa “sin cargo alguno” en una clara muestra de amor al prójimo, describió el EL DIARIO de Zárate en su edición del 10 de febrero del 72.
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