Kirchner le saca punta al lápiz: el poder por un lado, la realidad por otro
Por Jorge Barroetaveña
De la redacción de El Día de GualeguayEn una reunión secreta que mantuvieron las cabezas de los bloques opositores, el acuerdo ya habría sido alcanzado: repartirse los cargos en comisiones clave y darle un escarmiento al oficialismo. La idea, que vienen pergeñando desde hace meses los líderes de la oposición, pretende ponerle límites al gobierno y enviarle un mensaje claro a la opinión pública. Aunque el camino está sembrado de espinas y de las chicanas que Néstor Kirchner les tiene preparadas.¿Alguien imagina lo que será la Cámara de Diputados con el ex presidente en una de las bancas? En los últimos días el teléfono de algunos legisladores sonó insistente. Un par de operadores designados por Néstor se encargó de hacer atractivo el regreso al kirchnerismo tratando de 'convencer' a los más permeables. "Ojo que puede haber sorpresas", no se cansa de repetir Agustín Rossi sobre cómo quedarán al final los números de la repartija legislativa.Desde la Coalición Cívica, el Peronismo Federal, PRO, la UCR, el socialismo, Proyecto Sur de Solanas y hasta las huestes de Martín Sabatella imaginan aprobar, apenas asumidos los nuevos legisladores, una interpelación al Jefe de Gabinete Aníbla Fernández por la 'extraña' presencia de Antonini Wilson en la Casa Rosada. La jugada, busca demostrarle al kirchnerismo hasta dónde están dispuestos a llegar. Igual, y si bien hay consenso para modificar algunas leyes que salieron 'con fritas' en los últimos meses, todavía hay diferencias en la 'letra chica'. Hay acuerdo general en avanzar sobre el Consejo de la Magistratura, los superpoderes, la Ley de Medios y los decretos de necesidad y urgencia. Desde algunos sectores, PRO y la UCR, también quieren modificar el andamiaje de la asignación universal por hijo, eliminando cualquier esbozo clientelar.Claro que para conseguir estas cosas, se necesitará paciencia oriental y precisión suiza para amoldar las pretensiones y los deseos de los bloques opositores, donde deberán convivir desde Elisa Carrió, hasta Pino Solanas, pasando por Federico Pinedo, Felipe Solá y Martín Sabatella. De esa conjunción extraña deberá alumbrar un nuevo congreso, reacio a los deseos que lleguen desde la Casa Rosada, pero lo suficientemente maduro para no hace tambalear a un gobierno al que le faltan aún dos años en el poder.Justamente por allí se filtrará la estrategia imaginada por Néstor Kirchner. Rossi, fiel escudero, ya advirtió sin ambagues que el veto es algo más que una posibildad que contempla la Constitución Nacional. "La gobernabilidad no la pueden poner en juego porque aún tenemos que gobernar dos años. Y nadie puede asustarse que se hable del veto. No nos pueden obligar a hacer algo que no queremos", disparó, poniendo arriba del escenario esa alternativa.Es que si la oposición avanza decidida en modificar algunas de las leyes aprobadas en este último tiempo y la Casa Rosada enarbola el veto, deberá juntar dos tercios de las cámaras para insistir con las nuevas aprobaciones. El escenario, igual, arrojaría baldazos de tensión al ya de por sí caldeado ambiente político que vive la Argentina.Todo dependerá de la muñeca opositora y de hasta dónde el oficialismo se resigne a la pérdida de poder inevitable que devino de la derrota electoral del 28 de junio. Ejerciendo el poder a cabalidad y hasta la última instancia, el matrimonio presidencial pudo evitar y disimular lo que pasó en las urnas, pero el tiempo suele ser sabio y pone todo en su lugar. Ahora en el Parlamento el desafío será mayor. Para unos y para otros.
*****Mientras le pone cada vez más pegamento a su alianza con Hugo Moyano (la Presidenta lo invitó a su viaje a Roma para la entrevista con el Papa junto a Bachellet), la política de ignorar algunos temas de la realidad sigue viento en popa. Mientras Daniel Scioli se inmola en la Provincia de Buenos Aires, jaqueada por una ola de crueles asesinatos, desde el gobierno nacional se empeñan en mirar para otro lado. En el úlitmo año sólo hubo un par de menciones presidenciales a la problemática y después el silencio fue tan absoluto como cruel. ¿Se puede gobernar ignorando aspectos de la realidad que la sociedad reclama una y otra vez que se cambien o, al menos, sean tenidos en cuenta?Claro que es posible gobernar así, aunque el futuro no es el más promisorio. Las estructuras de la sociedad argentina crujen porque sigue siendo tremendamente injusta. Crujen porque la distribución de la riqueza no se ha tocado o lo que se ha hecho es mero maquillaje. Hace pocas horas en Gualeguay, Rodolfo Terragno hizo pública una cifra que asusta. En el país más capitalista del mundo, Estados Unidos el 10% de la población más rica lo es 15 veces más que el 10% más pobre. En la Argentina, los más ricos, lo son 30 veces más que los más pobres, en idéntico porcentaje. ¿Es aceptable semejante diferencia? En un tremendo ejercicio de lucidez y experiencia el mismo Terragno vaticinó que la Argentina no soporta otro fracaso. Que el próximo gobierno, sin consenso, está condenado a naufragar, con todo lo que eso representa. "Si es así -disparó- sería una verdadera desgracia". ¿Por qué? Porque como en el 2.001, lo que entrará en crisis no será un modelo económico, sino el sistema en su conjunto. Ahí sí que la democracia estará en riesgo. Y eso sería lo peor que podría pasarnos.
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