Kirchner, con prisa y sin pausa: ahora va por el Grupo Clarín
Serán dos años de final de mandato turbulentos. Con Néstor Kirchner emperrado en no ver el mensaje de las urnas y la oposición tratando de hacerle entender lo que no quiere. Al cabo, la convocatoria al diálogo ya podría calificarse como un fracaso estrepitoso. Un escenario montado para ganar tiempo y oxígeno para seguir haciendo lo que cada uno quiere.
Por Jorge Barroetaveña
Gualeguay Al DíaDispuesto a todo, y ya sin cubrir demasiado las formas, el kirchnerismo ha redoblado la presión sobre los gobernadores. Aunque suene paradójico, la crisis, le ha sido funcional a un modelo de acumulación de poder. Incapaces de un gesto de rebeldía, los gobernadores siguen mendigando ante el poder central.Agobiados por los déficits de sus provincias y temerosos de no poder pagar los salarios, se allanan a los pedidos de la Casa Rosada. El caso más emblemático es el de Daniel Scioli. El ex motonauta, que en sus noches de delirio llegó a pensar en ser presidente, parece haber resuelto inmolar su carrera en el altar sureño. Tres meses antes de las elecciones, Scioli era el político con mejor consideración en la Provincia de Buenos Aires.El conflicto agropecuario lo había alterado pero no lo había herido de muerte. Pero todo empezó a desbarrancarse cuando cedió ante las presiones de Néstor Kirchner. Es que Scioli acumula una larga historia de humillaciones presidenciales. Quien no recuerda cuando, a pocos meses de asumir como vicepresidente, se atrevió a hablar de un 'reajuste tarifario'. La respuesta de Kirchner no se hizo esperar. Primero lo zamarreó con rumores de renuncia y después lo humilló ante la opinión pública haciéndolo esperar tres horas en la antesala del despacho presidencial.Tampoco los retos de la por entonces senadora Cristina Kirchner en la Cámara Alta pasaron desapercibidos. Hasta que llegó el fatídico conflicto agropecuario y Scioli tampoco pudo resistir las presiones. Todo desembocó en las elecciones de junio. Obsesionado, Kirchner obligó a subir a todos al barco, incluído el gobernador bonaerense. Nadie podrá explicar a ciencia cierta, salvo desde la dependencia financiera, cómo Scioli pudo aceptar semejante dislate. Tenía todo para perder y nada para ganar, más en un territorio en el que los caciques del Conurbano sólo buscan satisfacer sus deseos de obras con la chequera.Con el resultado electoral puesto, el bonaerense se convirtió en una hoja a merced de los vientos políticos. Esta semana tuvo que enfrentar dos rumores que pusieron en juego su propia supervivencia. Tuvo que desmentir hasta el cansancio que se verá obligado a emitir bonos para pagar salarios y que no fue desde Olivos que le ordenaron echar a un funcionario cercano a la Mesa de Enlace. La desmentida, tibia, no alcanzó para tapar el escandalete que tuvo una resolución sugestiva: el funcionario nombrado para reemplazar a Emilio Monzó (Ministro de Asuntos Agrarios) no sólo es un ultrakirchnerista, sino que se lleva a las patadas con el sector con el que ahora, supuestamente, deberá acordar. Si el mensaje buscado fue profundizar el conflicto con un sector clave para la economía bonaerense, está claro que lo consiguieron ampliamente.Parecía una conferencia de prensa más aunque con el ex presidente nunca se sabe. Hasta que le tocó el turno a un periodista (en ese momento no se sabía a qué medio pertenecía). El muchacho, habló y preguntó. Y Néstor Kirchner estalló. Justo el mismo día que el Congreso había empezado a tratar el proyecto de nueva Ley de Radiodifusión y la relación entre el gobierno y el Grupo Clarín seguía tan tirante como siempre, el ex presidente se encontró ante la pregunta más incómoda.A ver, nadie puede creer que el periodista no fue dispuesto a preguntar y que, es probable que haya habido alguna orden de su medio para que lo hiciera. Y es legítimo. Pero tampoco debe olvidarse la obligación que tiene todo funcionario, en este caso un ex presidente (con más razón aún) de contestar un requerimiento periodístico. Leonardo Míndez fue el primero en preguntar por el patrimonio presidencial y las causas que hay abiertas sobre un supuesto enriquecimiento ilícito. Todo venía distendido hasta que Kirchner escuchó la pregunta. Y descerrajó sin anestesia todo el odio que siente por el Grupo Clarín. "A vos te mandó Clarín, te mandó Magnetto", arrancó con visible incomodidad mientras a su lado Scioli y Balestrini empezaron a rezar para que el chubasco pasara rápido. Rápidamente aseguró que estaba dispuesto "como cualquier ciudadano" a someterse a la Justicia, para aclarar sus cuentas y que la donación de su pensión de 24.000 pesos "es un problema mío". Lo que pasa, agregó es que "ustedes están acostumbrados a extorsionar, a ensuciar, recurren a todo tipo de cosas, así como supieron abrazar a la dictadura en su momento...", disparó. "Creen que vamos a retroceder porque nos agravien", afirmó el ex presidente, que luego retrucó: "No le pregunto a la Noble qué hace con sus recursos".El aire se cortaba con un cuchillo y hasta los propios colegas miraban con no poca sorpresa al joven periodista. Míndez, guste o no, trabaje para Clarín o para cualquier otro medio, cumplió con su deber: preguntó. En el periodismo, se sabe, no hay preguntas incómodas sino respuestas incómodas. Y a Kirchner lo sacó de su centro. Quizás por eso el ex presidente cometió un error grosero al comparar la obligación que tiene como funcionario público de rendir cuentas, incluido su patrimonio personal, con las de un empresario privado que es, justamente eso, privado. La carga de responsabilidad es diferente y aquellos que pasaron por la función pública o están en ella, tienen el deber de explicar qué hacen con los dineros públicos, más cuando hay sospechas sobre su destino.Pero el ex presidente actúa muchas veces como si no supiera diferenciar una cosa de la otra. El estado es, para él, una gran oficina donde son lo mismo las cuestiones públicas e institucionales que las político-partidarias. Más grave es cuando existen sospechas de utilización de dineros públicos para enriquecimientos privados. Ese es el límite. Y este gobierno parece desconocerlo.
Por Jorge Barroetaveña
Gualeguay Al DíaDispuesto a todo, y ya sin cubrir demasiado las formas, el kirchnerismo ha redoblado la presión sobre los gobernadores. Aunque suene paradójico, la crisis, le ha sido funcional a un modelo de acumulación de poder. Incapaces de un gesto de rebeldía, los gobernadores siguen mendigando ante el poder central.Agobiados por los déficits de sus provincias y temerosos de no poder pagar los salarios, se allanan a los pedidos de la Casa Rosada. El caso más emblemático es el de Daniel Scioli. El ex motonauta, que en sus noches de delirio llegó a pensar en ser presidente, parece haber resuelto inmolar su carrera en el altar sureño. Tres meses antes de las elecciones, Scioli era el político con mejor consideración en la Provincia de Buenos Aires.El conflicto agropecuario lo había alterado pero no lo había herido de muerte. Pero todo empezó a desbarrancarse cuando cedió ante las presiones de Néstor Kirchner. Es que Scioli acumula una larga historia de humillaciones presidenciales. Quien no recuerda cuando, a pocos meses de asumir como vicepresidente, se atrevió a hablar de un 'reajuste tarifario'. La respuesta de Kirchner no se hizo esperar. Primero lo zamarreó con rumores de renuncia y después lo humilló ante la opinión pública haciéndolo esperar tres horas en la antesala del despacho presidencial.Tampoco los retos de la por entonces senadora Cristina Kirchner en la Cámara Alta pasaron desapercibidos. Hasta que llegó el fatídico conflicto agropecuario y Scioli tampoco pudo resistir las presiones. Todo desembocó en las elecciones de junio. Obsesionado, Kirchner obligó a subir a todos al barco, incluído el gobernador bonaerense. Nadie podrá explicar a ciencia cierta, salvo desde la dependencia financiera, cómo Scioli pudo aceptar semejante dislate. Tenía todo para perder y nada para ganar, más en un territorio en el que los caciques del Conurbano sólo buscan satisfacer sus deseos de obras con la chequera.Con el resultado electoral puesto, el bonaerense se convirtió en una hoja a merced de los vientos políticos. Esta semana tuvo que enfrentar dos rumores que pusieron en juego su propia supervivencia. Tuvo que desmentir hasta el cansancio que se verá obligado a emitir bonos para pagar salarios y que no fue desde Olivos que le ordenaron echar a un funcionario cercano a la Mesa de Enlace. La desmentida, tibia, no alcanzó para tapar el escandalete que tuvo una resolución sugestiva: el funcionario nombrado para reemplazar a Emilio Monzó (Ministro de Asuntos Agrarios) no sólo es un ultrakirchnerista, sino que se lleva a las patadas con el sector con el que ahora, supuestamente, deberá acordar. Si el mensaje buscado fue profundizar el conflicto con un sector clave para la economía bonaerense, está claro que lo consiguieron ampliamente.Parecía una conferencia de prensa más aunque con el ex presidente nunca se sabe. Hasta que le tocó el turno a un periodista (en ese momento no se sabía a qué medio pertenecía). El muchacho, habló y preguntó. Y Néstor Kirchner estalló. Justo el mismo día que el Congreso había empezado a tratar el proyecto de nueva Ley de Radiodifusión y la relación entre el gobierno y el Grupo Clarín seguía tan tirante como siempre, el ex presidente se encontró ante la pregunta más incómoda.A ver, nadie puede creer que el periodista no fue dispuesto a preguntar y que, es probable que haya habido alguna orden de su medio para que lo hiciera. Y es legítimo. Pero tampoco debe olvidarse la obligación que tiene todo funcionario, en este caso un ex presidente (con más razón aún) de contestar un requerimiento periodístico. Leonardo Míndez fue el primero en preguntar por el patrimonio presidencial y las causas que hay abiertas sobre un supuesto enriquecimiento ilícito. Todo venía distendido hasta que Kirchner escuchó la pregunta. Y descerrajó sin anestesia todo el odio que siente por el Grupo Clarín. "A vos te mandó Clarín, te mandó Magnetto", arrancó con visible incomodidad mientras a su lado Scioli y Balestrini empezaron a rezar para que el chubasco pasara rápido. Rápidamente aseguró que estaba dispuesto "como cualquier ciudadano" a someterse a la Justicia, para aclarar sus cuentas y que la donación de su pensión de 24.000 pesos "es un problema mío". Lo que pasa, agregó es que "ustedes están acostumbrados a extorsionar, a ensuciar, recurren a todo tipo de cosas, así como supieron abrazar a la dictadura en su momento...", disparó. "Creen que vamos a retroceder porque nos agravien", afirmó el ex presidente, que luego retrucó: "No le pregunto a la Noble qué hace con sus recursos".El aire se cortaba con un cuchillo y hasta los propios colegas miraban con no poca sorpresa al joven periodista. Míndez, guste o no, trabaje para Clarín o para cualquier otro medio, cumplió con su deber: preguntó. En el periodismo, se sabe, no hay preguntas incómodas sino respuestas incómodas. Y a Kirchner lo sacó de su centro. Quizás por eso el ex presidente cometió un error grosero al comparar la obligación que tiene como funcionario público de rendir cuentas, incluido su patrimonio personal, con las de un empresario privado que es, justamente eso, privado. La carga de responsabilidad es diferente y aquellos que pasaron por la función pública o están en ella, tienen el deber de explicar qué hacen con los dineros públicos, más cuando hay sospechas sobre su destino.Pero el ex presidente actúa muchas veces como si no supiera diferenciar una cosa de la otra. El estado es, para él, una gran oficina donde son lo mismo las cuestiones públicas e institucionales que las político-partidarias. Más grave es cuando existen sospechas de utilización de dineros públicos para enriquecimientos privados. Ese es el límite. Y este gobierno parece desconocerlo.
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