Kirchner tambalea pero la oposición ni siquiera se subió al ring
Mientras la oposición todavía debate qué hacer y cómo capitalizar el resultado electoral, Néstor Kirchner ha retomado la iniciativa. Tambaleante, groggy y al borde del knock out en los primeros días, siguió fiel a su estilo que, en el corto plazo, le ha dado excelentes resultados.
Por Jorge BarroetaveñaSi alguien en el kirchnerismo pensaba que hoy, a casi dos meses de la derrota electoral, el gobierno iba a conseguir la ratificación de los superpoderes y asestarle un golpe bravo al grupo multimediático enemigo, lo hubieran tratado de loco. Mientras los dirigentes opositores se preocuparon más por contar sus propios porotos y ver cómo habían quedado posicionados de cara al 2.011, Néstor Kirchner huyó hacia delante. Poco le importó el resultado electoral, lo que quedó claramente demostrado con su admisión parcial y caprichosa de la derrota. El ex presidente reafirmó sus pensamientos y acciones. Pergeñó un diálogo escabroso y logró embretar a la oposición en ese debate. La reforma política fue apenas un pretexto. Puso en aprietos a la Coalición Cívica e hizo pelear a Carrió con Stolbizer. También abrió grietas en el peronismo disidente y consiguió darle un susto grande a Carlos Reutemann.La jugada que afectó al ex corredor de Fórmula 1, con aspiraciones presidenciales, no dejó bien parado al santafesino. Su mano derecha, la senadora Roxana Latorre firmó favorablemente el despacho de comisión de los superpoderes, lo que le valió una reprimenda pública y el divorcio político de su antiguo jefe. Si Kirchner quedó debilitado por el resultado electoral, la capacidad de daño la conserva intacta. Lo de Clarín lo pensó pero jamás imaginó que podía darse ahora. La utilización política y demagógica del fútbol no es nueva en la Argentina. ¿O no sirvió acaso para que una dictadura tapara las tragedias que estaban ocurriendo? Extraña paradoja esta, entre un gobierno de facto y uno democrático que dice estar en las antípodas de la década del '70. A la confusión general contribuyó claro, la misma Presidenta cuando, desafortunadamente, comparó la desaparición de personas con el 'secuestro de los goles'. No deja de ser una rareza porque acababa de firmar un convenio con los 'cómplices' de los supuestos secuestradores.También resultó llamativa la parsimonia opositora para sentar posición sobre el polémico tema. Sin aparecer una sola vez, y con apenas un par de reuniones con Grondona, a Néstor Kirchner le bastó para retomar la iniciativa y fijar la agenda. El conflicto del fútbol tuvo mucho más centimil en los medios que la delegación de facultades, algo vital políticamente para el oficialismo.Mientras el gobierno reacomoda los tantos, los dirigentes de la oposición aún pelean por convertirse en líderes. "Hasta que no aparezca alguien que diga acá estoy yo, en el peronismo va a seguir esta situación", se confesó un viejo líder del Justicialismo, tratando de analizar la interna que se vive. Si el voto de la gente fue sabio el 28 de junio, la respuesta de los ganadores aún no ha estado a la altura de las circunstancias y de semejante responsabilidad.Cansado de las presiones, Reutemann salió a marcha la cancha y eligió una táctica que ya conoce. Cuando lo empujan a buscar el centro de la escena, el santafesino siempre reacciona igual. Igual que en el 2.003, optó por rehuirle al compromiso y tirarle toda la responsabilidad a Eduardo Duhalde. "Para los tiempos que se vienen, Duhalde es el mejor candidato", disparó con su habitual dosis de misterio desde Santa Fe. Sorprendido, el ex presidente aún no ha contestado, pero ya insinúa un cambio en el perfil que ha cultivado en los últimos meses. El bonaerense estuvo detrás de cada paso que dio el antikirchnerismo. Habló con todos y tampoco se priva de contactar a los gobernadores que hoy dudan del momento de dar el portazo. Esta semana, a pocos kilómetros de Victoria, Duhalde blanqueó una charla con Jorge Busti, que disparó los rumores más disparatados pero dejó en claro que el peronismo no kirchnerista debate sus propios tiempos y la forma en que encarará la firma del certificado de defunción del liderazgo del santacruceño.Pese a los dichos de Reutemann, Duhalde parece hoy más cerca de conducir el PJ que de aspirar a volver a la Casa Rosada. "Duhalde es un hombre para mares encrespados y turbulentos. Reutemann es para mares calmos y tranquilos", definió un agudo observador de la interna peronista, poniendo a cada uno en el lugar correspondiente de acuerdo a sus características personales.Solá ya piensa en su candidatura, y todavía están dando vueltas Das Neves, De la Sota y algún otro que aspira a anotarse en la movida. Al peronismo parecen sobrarle los candidatos presidenciales pero lo urgen los tiempos y el afán de reconstrucción de poder que Néstor Kirchner conserva intacto. Claro que, a la mayoría de los dirigentes, los surca la misma sensación: ¿hasta dónde se puede presionar a un gobierno debilitado? "Sin estas facultades no vamos a poder gobernar", asestó Pichetto en una de las tantas charlas con legisladores reticentes a votar favorablemente. En esta brecha se agigante el dilema opositor. El kirchnerismo ya demostró que no aprende de sus errores y la oposición no sabe hasta dónde presionar.En este baile denso, se diluyen algunos debates de fondo. El del fútbol suena a cachetada pero el de la pobreza duele en el alma. Mientras la iglesia brama por los pobres y el INDEC admitió por primera vez que creció la desocupación, la lucha por el poder lo tiñe todo. Y en esto parecen no distinguirse gobierno de oposición. El primero lucha por su supervivencia , se abraza a los retazos de poder y tira mandobles como boxeador ciego, sin importarle los daños colaterales. La segunda luce abrumada por el desafío de hacerse cargo de una Argentina que no tiene rumbo y el temor la paraliza. El final sigue abierto. Tanto como antes de las elecciones.
Por Jorge BarroetaveñaSi alguien en el kirchnerismo pensaba que hoy, a casi dos meses de la derrota electoral, el gobierno iba a conseguir la ratificación de los superpoderes y asestarle un golpe bravo al grupo multimediático enemigo, lo hubieran tratado de loco. Mientras los dirigentes opositores se preocuparon más por contar sus propios porotos y ver cómo habían quedado posicionados de cara al 2.011, Néstor Kirchner huyó hacia delante. Poco le importó el resultado electoral, lo que quedó claramente demostrado con su admisión parcial y caprichosa de la derrota. El ex presidente reafirmó sus pensamientos y acciones. Pergeñó un diálogo escabroso y logró embretar a la oposición en ese debate. La reforma política fue apenas un pretexto. Puso en aprietos a la Coalición Cívica e hizo pelear a Carrió con Stolbizer. También abrió grietas en el peronismo disidente y consiguió darle un susto grande a Carlos Reutemann.La jugada que afectó al ex corredor de Fórmula 1, con aspiraciones presidenciales, no dejó bien parado al santafesino. Su mano derecha, la senadora Roxana Latorre firmó favorablemente el despacho de comisión de los superpoderes, lo que le valió una reprimenda pública y el divorcio político de su antiguo jefe. Si Kirchner quedó debilitado por el resultado electoral, la capacidad de daño la conserva intacta. Lo de Clarín lo pensó pero jamás imaginó que podía darse ahora. La utilización política y demagógica del fútbol no es nueva en la Argentina. ¿O no sirvió acaso para que una dictadura tapara las tragedias que estaban ocurriendo? Extraña paradoja esta, entre un gobierno de facto y uno democrático que dice estar en las antípodas de la década del '70. A la confusión general contribuyó claro, la misma Presidenta cuando, desafortunadamente, comparó la desaparición de personas con el 'secuestro de los goles'. No deja de ser una rareza porque acababa de firmar un convenio con los 'cómplices' de los supuestos secuestradores.También resultó llamativa la parsimonia opositora para sentar posición sobre el polémico tema. Sin aparecer una sola vez, y con apenas un par de reuniones con Grondona, a Néstor Kirchner le bastó para retomar la iniciativa y fijar la agenda. El conflicto del fútbol tuvo mucho más centimil en los medios que la delegación de facultades, algo vital políticamente para el oficialismo.Mientras el gobierno reacomoda los tantos, los dirigentes de la oposición aún pelean por convertirse en líderes. "Hasta que no aparezca alguien que diga acá estoy yo, en el peronismo va a seguir esta situación", se confesó un viejo líder del Justicialismo, tratando de analizar la interna que se vive. Si el voto de la gente fue sabio el 28 de junio, la respuesta de los ganadores aún no ha estado a la altura de las circunstancias y de semejante responsabilidad.Cansado de las presiones, Reutemann salió a marcha la cancha y eligió una táctica que ya conoce. Cuando lo empujan a buscar el centro de la escena, el santafesino siempre reacciona igual. Igual que en el 2.003, optó por rehuirle al compromiso y tirarle toda la responsabilidad a Eduardo Duhalde. "Para los tiempos que se vienen, Duhalde es el mejor candidato", disparó con su habitual dosis de misterio desde Santa Fe. Sorprendido, el ex presidente aún no ha contestado, pero ya insinúa un cambio en el perfil que ha cultivado en los últimos meses. El bonaerense estuvo detrás de cada paso que dio el antikirchnerismo. Habló con todos y tampoco se priva de contactar a los gobernadores que hoy dudan del momento de dar el portazo. Esta semana, a pocos kilómetros de Victoria, Duhalde blanqueó una charla con Jorge Busti, que disparó los rumores más disparatados pero dejó en claro que el peronismo no kirchnerista debate sus propios tiempos y la forma en que encarará la firma del certificado de defunción del liderazgo del santacruceño.Pese a los dichos de Reutemann, Duhalde parece hoy más cerca de conducir el PJ que de aspirar a volver a la Casa Rosada. "Duhalde es un hombre para mares encrespados y turbulentos. Reutemann es para mares calmos y tranquilos", definió un agudo observador de la interna peronista, poniendo a cada uno en el lugar correspondiente de acuerdo a sus características personales.Solá ya piensa en su candidatura, y todavía están dando vueltas Das Neves, De la Sota y algún otro que aspira a anotarse en la movida. Al peronismo parecen sobrarle los candidatos presidenciales pero lo urgen los tiempos y el afán de reconstrucción de poder que Néstor Kirchner conserva intacto. Claro que, a la mayoría de los dirigentes, los surca la misma sensación: ¿hasta dónde se puede presionar a un gobierno debilitado? "Sin estas facultades no vamos a poder gobernar", asestó Pichetto en una de las tantas charlas con legisladores reticentes a votar favorablemente. En esta brecha se agigante el dilema opositor. El kirchnerismo ya demostró que no aprende de sus errores y la oposición no sabe hasta dónde presionar.En este baile denso, se diluyen algunos debates de fondo. El del fútbol suena a cachetada pero el de la pobreza duele en el alma. Mientras la iglesia brama por los pobres y el INDEC admitió por primera vez que creció la desocupación, la lucha por el poder lo tiñe todo. Y en esto parecen no distinguirse gobierno de oposición. El primero lucha por su supervivencia , se abraza a los retazos de poder y tira mandobles como boxeador ciego, sin importarle los daños colaterales. La segunda luce abrumada por el desafío de hacerse cargo de una Argentina que no tiene rumbo y el temor la paraliza. El final sigue abierto. Tanto como antes de las elecciones.
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