La agricultura familiar en el ámbito urbano
En el contexto actual de un proceso acelerado de urbanización, los huertos pequeños, familiares y en la ciudad son una opción que satisfacen múltiples necesidades.En Argentina, en América Latina y en todo el mundo, lo que muchos autores engloban bajo la categoría de "agricultura familiar" constituye un capítulo de políticas globales para combatir la pobreza, mejorar la seguridad alimentaria y nutricional, el ambiente y los ingresos de los hogares.No sólo los Estados promueven esta actividad a través de programas específicos. También fundaciones y entidades privadas del mundo desarrollado, que asisten a países pobres, como Agro Acción Alemana, alientan este tipo de emprendimientos.En este contexto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) viene impulsando desde 1989 el desarrollo de la agricultura urbana y periurbana (AUPU) en todo el territorio argentino, con fines de seguridad alimentaria.El Programa Pro-Huerta, formulado y financiado por el Estado, ha venido alentando en ciudades y zonas aledañas miles de huertas familiares en patios traseros y terrazas, así como huertas comunitarias en comedores populares y espacios vacantes, y huertas en espacios institucionales (escuelas, hospitales, empresas).Este tipo de agricultura en menor escala aparece como una solución posible para las necesidades alimentarias de muchas personas, porque es una alternativa económica. Aunque también se trata de un modo de comer más sano, mediante el empleo de buenas prácticas agrícolas.Hay que pensar que una de las principales preocupaciones de buena parte de los consumidores del mundo, en lo que se refiere a alimentos, tiene que ver con la presencia de contaminantes, residuos de plaguicidas y de fertilizantes.Los expertos hablan de agroecología urbana, al referirse a la siembra y cultivo en espacios reducidos. Y bajo este concepto engloban motivaciones distintas.En efecto, diseñar un huerto hogareño es una decisión personal por razones económicas, sociales o ideológicas, que tiene detrás conceptos como el comercio justo, la solidaridad y el desarrollo sustentable.Hay grupos familiares que asumen la tarea de generar una producción propia de alimentos (remolachas, tomates, papas, lechugas, espinacas y demás), en el patio de su casa, en canteros y maceteros, como parte de un estilo de vida.La agricultura urbana es distinta de la periurbana. Esta última es la que hace un productor hortícola que tiene cinco hectáreas. El agricultor urbano, en cambio, produce en el fondo de su casa, en un espacio muy reducido.El comercio justo es una forma alternativa de intercambio de bienes promovida por ONGs y las Naciones Unidas. Busca que los productores y consumidores acuerden el valor de las mercancías que intercambian.En Gualeguaychú el INTA a través del programa Pro-Huerta tiene una larga trayectoria en la temática. Asiste a vecinos y productores de la zona en la autoproducción en verduras y hortalizas.Además la oficina estatal realiza cursos de capacitación para docentes, que luego actúan como agentes multiplicadores para el desarrollo de huertas orgánicas en las escuelas.La comuna local, también en colaboración con el INTA, viene desarrollando huertas orgánicas comunitarias que funcionan en los centros de salud. Esta actividad ayuda a la alimentación de los grupos familiares, quienes además ven complementados sus ingresos.
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