La Argentina, como un gran circo romano: los leones huelen sangre
En el revoleo es poco y nada lo que aparece. La economía sigue escupiendo números en rojo y ni el verano, que se esperaba mejor, sirvió para cambiar el ánimo. A diez meses de terminar su mandato, Macri entregará un país más chico que el que le dejó Cristina. ¿Más chico? Sí, en términos económicos, el aparato productivo se encogió. Y sigue crujiendo.
Jorge Barroetaveña
Será difícil instalar en estos meses de campaña que hay vida más allá de la economía. Con viento a favor y prendiéndole una vela a cada santo, la economía dará señales claras en el famoso y re-contra prometido segundo semestre. Aunque eso tampoco asegura que el grueso de la sociedad lo sienta en el bolsillo. Para eso deberá pasar más tiempo aún y el efecto no será generalizado ni tampoco uniforme.
No reaccionarán de la misma manera las economías regionales que los grandes centros urbanos, ni hablar del Conurbano Bonaerense.
Con el tiempo, y más allá del resultado electoral, a este gobierno de Cambiemos habrá que reconocerle que supo canalizar las demandas y sus desbordes. En otra circunstancia, todos sabemos cómo terminó la historia. Quizás sea uno de los principales aprendizajes de los cuatro años de gobierno que dejará Macri, más allá de su suerte electoral. Y algo intangible pues, como es la culminación de un mandato institucional cuyo origen no es peronista. Para algunos será poco pero para la endeble institucionalidad criolla es bastante, por no decir mucho.
Macri enfrenta pues el desafío de hacer votar a los argentinos, independientemente de su situación económica. De hacerles entender que no fracasó ni mintió cuando dijo que eliminar la inflación sería lo más fácil. ¿Le pifió? Y sí, y feo, por eso habrá que ver si la sociedad, o una parte de ella, le renueva el crédito. Hoy, a ocho meses vista de la elección, parece difícil y condicionado a tantos factores externos que lo vuelven casi quimérico. De todas maneras, Macri, y está demostrado, ha disfrutado varias veces en su carrera política del alineamiento de los planetas.
El viernes en la inauguración de la Asamblea Legislativa, el Presidente buscó retomar la iniciativa. Insultado en varias ocasiones por legisladores kirchneristas, no tuvo necesidad de mirar a la cara a Cristina Kirchner. La ex mandataria ni siquiera asistió a la Asamblea, como un calco de lo que pasó en el 2015 cuando se negó a entregarle la banda presidencial a su sucesor.
Enfático, haciendo eje en la seguridad, la corrupción y la política exterior, el Presidente trató de marcar otra agenda distinta a la de la calle, la que se guía por el bolsillo flaco y las tarifas altas. Macri optó por recurrir a la épica del sacrificio en pos de las nuevas generaciones cuando habló de los 'cambios profundos' y "viejas estructuras que están crujiendo".
A la ceremonia no le faltó nada, ni siquiera la presencia de una legisladora que no pudo asumir su cargo por 'inhabilidad moral', e interrumpió el discurso presidencial.
Si algo quedó claro el viernes es que la campaña ya se largó y Macri busca tener la iniciativa, marcando una agenda propia a sus conveniencias.
No le será fácil darle cuerpo a la épica del sacrificio, algo a lo que han recurrido otros gobiernos, de diferentes pelos. Tampoco a la ventaja que da el no haber ejercido el poder antes: Macri va a cumplir 4 años y deberá someterse a la evaluación correspondiente. Para bien o para mal, pero son las reglas del juego.
Tampoco la herencia puede alcanzar para ganar la elección. Algo de eso se vio en su discurso del viernes en el Congreso. La referencia al pasado, mutó por una apuesta al futuro y por decirle a la gente que el sacrificio vale la pena. Los padecimientos actuales son innumerables: ¿Es posible que se vote sin pensar en eso?
Hasta hace unas semanas, unas pocas usinas de Cambiemos deslizaron que, si los números no dan, podría impulsarse la candidatura de María Eugenia Vidal a la Presidencia, al cabo la que mejor mide en todas las encuestas, inclusive por encima de Cristina. En el macrismo más amarillo se agarran la cabeza ante semejante posibilidad y ni siquiera aceptan conversarla. Macri ya le avisó a todos que morirá con las botas puestas. En ese intento se llevará a sus leales, Rodríguez Larreta y la misma Vidal. El PRO se abraza a su estrategia, admitiendo que ha sido hasta ahora la mejor para ganar elecciones, y no va a retroceder.
Por ahora son pocas las banderas para levantar. La economía no ayuda y tampoco el silencio de Cristina. Menos los acuerdos que, hábil, la ex presidenta, está haciendo tejer en todo el país para no dividir esfuerzos. Pero una cosa son los otros y otra muy es 'ella'. Para abajo, todo es posible disimular, para arriba no. Llegará un día que Cristina se decida y lo anuncie. Del otro lado estará Mauricio, con la banda que le 'robó' en el 2015. Es como si el país hubiera quedado suspendido estos años. La vida siguió pero la política se estancó. Los rivales de siempre. Es la pelea de fondo que todos esperan, para que el que caiga a la lona no se levante más. Nos llevaron a eso. Como si el país fuera un gran circo romano, los leones ya huelen sangre.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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