La Argentina trucha le pegó un tiro a la República
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Desamparo: situación o estado de la persona que no recibe la ayuda o protección que necesita. El tiro que le pegaron a un Fiscal de la Nación el domingo fue para todos. Jorge Barroetaveña Mezcla de impunidad, soberbia y vale todo. Con Nisman se murió un pedazo de la Argentina. Y es probable que marque el fin de una época.Ya pasó con muertes conmcionantes como la de Cabezas o Favaloro. El suicidio de Yabrán, como correlato del homicidio del fotógrafo aún hoy es negado por buena parte de la sociedad. El disparo en el pecho que se dio el cardiocirujano más prestigioso de la Argentina fue por la falta de respuestas de un gobierno, como el de De la Rúa, que navegaba a la deriva entre sus propias incapacidades.Y el cadáver de Nisman también marcará el fin de una época, en medio de la incredulidad generalizada. Hubo alguien que apretó el gatillo pero millones que asistieron impávidos a ese final. El desprecio por las instituciones, por su calidad y la falta de cuidado de las formas podían tener este epílogo. Un Ejecutivo todo poderoso y soberbio, que corrió los límites en los últimos años a gusto y placer. Que manejó el poder sin rendirle cuentas a nadie, con el aval de una sociedad que siempre prefirió su bienestar económico y votó en consencuencia. Un Poder Legislativo dócil, bien a la Argentina, subordinado al chupamedismo de turno. Y un Poder Judicial acomodaticio, igual que en los tiempos de Carlos Menem. Muchos se reciclaron, se pintaron un poquito y salieron a la palestra. No importaba el fondo y el contenido sino la fachada y las apariencias. En esta crónica de conveniencias se fue dibujando el deterioro institucional que hoy vive la Argentina. Esa maldita encuesta que se hizo a mitad de semana y dice que el 70% de los argentinos cree que nunca se sabrá qué pasó con Nisman, es una descripción rotunda. El grueso de la sociedad argentina ya no cree en nada ni en nadie. Son décadas de ausencia de respuesta del estado en todos sus niveles, de ausencia de leyes y, lo peor, de ausencia de conductas ejemplares.No se trata de cuestionar al sistema, porque no hay mejor forma de gobierno que la democracia. Sino a sus operadores y el grado de ineficiencia que han tenido en todos estos años. Siguiendo apenas el recorrido de la investigación del atentado a la AMIA tenemos una muestra empírica de la Argentina trucha que hoy nos conmueve. Encubrimientos de encubrimientos, pistas falsas, conveniencias políticas y desidia. Corrupción estatal, ineficacia judicial e indiferencia social. Todo junto y por el mismo precio.Fue Néstor Kirchner quién en 2004 puso a Alberto Nisman al frente de la Fiscalía Especial por el Atentado a las AMIA. El mismo le presentó a Antonio Stiusso como el nexo con la CIA y el Mossad. Pasaron 10 años y la Presidenta nunca se dio cuenta del zafarrancho que estaba armando el Fiscal. Claro, tampoco nunca se dio por enterada del zafarrancho que ella misma estaba armando en los servicios de inteligencia, utilizándolos para espiar a politicos opositores y periodistas. O dándole aire y plata infinita al General Milani (sospechado represor) para que montara una SIDE paralela.Los mismos servicios que no pudieron avisarle antes de la revuelta del campo en el 2008, de la sedición policial el año pasado, mucho menos podrían confirmarle si Massa pegaría el portazo antes de las elecciones del 2.013. Mire qué nimiedad.Pero al desaguisado general le faltaba una muerte política. Porque la de Nisman es eso, una muerte política como hace décadas no tenía la Argentina. El encargado de investigar el mayor ataque terrorista de la historia contra el país, presentó formal denuncia contra la Presidenta y altos funcionarios por buscar cubrir de impunidad la responsabilidad iraní en el atentado. Corta sus vacaciones en Europa, vuelve rápido y hace la presentación. Enmarca un raid de apariciones mediáticas para explicarla y se prepara para exponer ante legisladores, oficialistas y opositores en el Congreso de la Nación. En el medio recibe amenazas, descalificaciones y advertencias. Le dijeron desde delirante hasta vendepatria cooptado por la Embajada de Estados Unidos.El único hombre que en enero de 2015 no podía morir en la Argentina, murió. En circunstancias que es probable nunca se conozcan. Debía ser custodiado por la policía que responde al poder político que denunció pero lo dejaron solo, liberado para cualquier cosa. Su Presidenta, la denunciada, primero dijo que fue un suicidio, pero 48 horas después cambió el discurso y empezó a sostener la teoría del asesinato con un solo objetivo: perjudicarla a ella. Tirarle un muerto para ser más claros. Para describir semejante teoría no utilizó la vía institucional, la cadena nacional, ni tampoco radicó formal denuncia ante la justicia. Optó por escribir un par de cartas en Facebook, con más preguntas que respuestas.Jueces y fiscales están asustados. Si así termnó Nisnam, el mismo destino podría tener cualquiera que se atreva a investigar al poder. Hasta el domigno había sospechas, hoy sólo quedan certezas. Todavía circula muy campante el Vicepresidente de la Nación, doblemente procesado, denunciando también él una conspiración contra el gobierno. Por si al aquelarre le faltara poco, reapareció Herminio Iglesias con forma de Frente para la Victoria. Capitanich saludaba sonriente, haciendo la V de la victoria (¿qué victoria?) mientras millones de argentinos en las calles velaban la república. Pero siempre hay algo peor. No fue la actitud sino lo que dijeron: esto pasa porque quieren tapar el boom turístico que se vive en estas vacaciones. Imposible de creer sino fuera porque lo dijeron delante de cámaras de televisión.El desamparo es el que sentimos todos cuando nos enteramos de la muerte del Fiscal Nisman. Si eso le pasó a él, que queda para un ciudadano común. ¿Cómo quieren entonces que reaccione la sociedad? Han hecho prolijamente los deberes para la incredulidad generalizada. Intencional o por impericia es lo que han conseguido.Hay muertes que marcan el fin de una época. La de Juan Domingo Perón fue el comienzo de una larga noche que se abatió sobre el país en las décadas sucesivas. El tiro en la cabeza del fiscal sume a todos en la oscuridad.No se trata de cuestiones partidarias o sectoriales. Si la verdad no ve la luz, esta generación le dejará una hipoteca ilevantable a nuestros hijos y nietos. Ninguna sociedad justa se construye en base a la mentira y el ocultamiento. Al menos en la que queremos vivir la mayoría. El tiro en la sien de Nisman fue un tiro en el corazón de la República. Si no sabemos quién y porqué lo ejecutó no tenemos destino.
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