OPINIÓN
La asfixiante presión de los costos
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Por su contribución al PBI y al empleo, el autotransporte de cargas es un eslabón clave en el desarrollo económico y social de la Argentina. Además, se trata de una actividad que históricamente se ha desarrollado en un marco de libre competencia y que desde hace más de 12 años no sólo no cuenta con subsidio alguno, sino que es contribuyente activa para subsidiar otros modos de transporte.
Casi todo lo que nos rodea, en algún momento, pasó por un camión. En nuestro país más del 90% de la economía se mueve sobre ruedas. El camión permite que los productos lleguen en tiempo y forma a las grandes urbes y a los pueblos más remotos y pequeños; permite conectividad y distribución tanto local, regional como internacionalmente, y es transversal a todas las cadenas de valor al asegurar el abastecimiento y distribución de los insumos y productos.
El autotransporte de cargas involucra a miles de personas, empresarios y responsables administrativos de firmas del sector; conductores y mecánicos; formadores que aportan su conocimiento para la profesionalización de la actividad; y cientos de proveedores que permiten mantener en movimiento continuo a la actividad.
En los últimos años el sector ha sido víctima de un combo nefasto: aumentos record de los costos operativos, faltante y escasez de insumos básicos para desarrollar nuestra actividad (desde combustible y neumáticos hasta repuestos y acceso a unidades nuevas), y caída de la actividad.
Por ser transversal a todos los sectores, el impacto de la coyuntura económica sobre el transporte importa de modo especial a todos.
Cerramos 2023 con un aumento record de costos: 247,6%. En diciembre sufrimos el incremento mensual más elevado de los últimos 30 años (28,23%). Además, la cadena de pagos se vio ralentizada, provocando retrasos en el cobro de servicios de hasta 60 días después de realizado el viaje.
Aunque es cierto que el año pasado la sequía tuvo un potente efecto negativo en la actividad a nivel nacional, y que en 2024 se proyectan mejoras en las condiciones climáticas para el sector agropecuario, el deterioro en las condiciones económicas generales anticipa un año muy complejo.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta una baja del 3% del PBI para este año. De hecho, mediciones como las que surgen del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que publica el INDEC, registraron una caída mensual a noviembre de 2023 de 1,4%.
Además, el consumo de gasoil del transporte de cargas -otro de los indicadores clave que refleja la actividad económica-, tuvo una caída de 4% en diciembre, según los datos publicados por la Secretaría de Energía de la Nación.
El combustible, uno de los insumos clave en nuestro trabajo y uno de los tiene mayor ponderación en la estructura de costos (en los tráficos de media y larga distancia su peso alcanza aproximadamente 30%), aumentó, sólo en diciembre, 63,3%. Y en enero sumó otro 23%.
La depreciación del tipo de cambio oficial, los incrementos en los combustibles, la entrada en vigencia de las cuotas de paritarias y adicionales, y los aumentos en los insumos vinculados a los equipos (seguros, reparaciones y material rodante, por caso), terminan configurando un panorama complejo que pone en riesgo la normal operatividad de las más de 4.500 pymes a las que representamos.
El sector del autotransporte de cargas necesita, de modo urgente, ser escuchado. En la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) estamos convencidos de que el diálogo es la herramienta fundamental para poner en marcha políticas que permitan el desarrollo económico y social de nuestro país.

