La belleza física y el éxito social
Una buena apariencia física mejora el juicio de los demás, y esto resulta una verdad de perogrullo. Aunque en la actual sociedad se trataría en realidad de un atributo poderosísimo que mueve al éxito social. En el reparto de los dones naturales, todo indica que los lindos nacieron con ventaja social.Si lo bello atrae naturalmente, como decían los griegos, la persona con esa cualidad ejerce igual fascinación. Los agraciados físicamente conquistarían las miradas ajenas.En cambio los feos, los des-graciados, producirían el efecto contrario: repelen. ¿Acaso la biología discrimina, al repartir los dones estéticos en forma desigual? De hecho se acostumbra a llamar a la juventud la época de la felicidad y a la vejez la época triste de la vida. Y una de las razones de ello tiene que ver con el hecho de que la juventud está asociada a la plenitud física. Los jóvenes suelen deslumbrar por su aspecto exterior. Es que uno de los nombres de la belleza es la vitalidad, la exuberancia física.La vejez, por el contrario, es sinónimo de decadencia y ocaso vital. ¿Cómo juega la belleza física en la mecánica social? En principio habría que decir que si se pretende escalar posiciones en la sociedad, lo que los demás piensen de nosotros se convierte en un elemento esencial. Es la prosaica verdad de que, para avanzar y brillar entre los hombres, una buena opinión sobre nosotros es muchas veces de una utilidad indispensable. De hecho las personas pueden perseguir durante toda su vida elevarse en la opinión de los otros, y esto a veces a costa de esfuerzos incesantes, y asumiendo peligros y sinsabores. En gran medida esto se logra conquistando la imaginación del otro, ganando su aprecio. No es casual, en este sentido, que la deferencia ansiosa y servil hacia el "qué dirán" sea uno de los motores -sino el más importante- que explica la vida social. Pues bien, un economista de la universidad de Texas, Daniel Hamermesh, acaba de exponer la tesis académica según las cual ser lindo no es un hecho trivial en la lucha por el ascenso social. Al contrario, de acuerdo a los estudios que ha hecho, ellos tienden a monopolizar el éxito. Los agraciados tienen mejores puestos de trabajo, mejores sueldos, mejores tasas para sus créditos y hasta un montón de amigos más en las redes sociales. "La belleza paga: por qué la gente atractiva tiene más éxito". Así reza el sugerente título del libro de Hamermesh. Su tesis es que a todo el mundo le gusta interactuar con los lindos, y que por eso los empresarios los contratan más, porque a la larga terminan siendo más productivos. "No hay dudas de que a los más feos le va peor en el mercado laboral", dijo el autor en una entrevista. "Abogados, políticos, futbolistas, prostitutas, todos ellos ganan más si son lindos", sostiene el economista, quien se permite esta broma: "La única ocupación en la que no importa la belleza es la de ladrón, y tiene sentido, cuando más feo más miedo le voy a tener". Y agrega: "Antes se creía que la belleza era un indicador de la buena fertilidad. Eso hoy es una antigüedad, pero ahora se relaciona la belleza con la salud, y por eso se elige a los lindos como pareja, por los genes que van a transmitir". Más allá del juicio del economista -que en un punto quizá luzca discriminatorio, toda vez que parecería legitimar el desdén hacia los que lucen mal- resulta relevante preguntarse por qué nuestra cultura sobreestima tanto la apariencia física de las personas, al punto de hacerla medida exclusiva de lo humano.
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