La búsqueda de chivos expiatorios
Los individuos, gobiernos y sociedades no escapan a la tentación de transferir la culpa en algo o en otros, lo cual puede convertirse en una verdadera patología.El origen de la popular expresión "chivo expiatorio" puede encontrarse en los rituales religiosos judíos de la antigüedad. En el Templo de Jerusalén, así, se solía sacrificar a un chivo (joven macho de la cabra) como una forma de expiar los pecados de la comunidad.Los antropólogos han descubierto que esta práctica de transferir la culpa por medio de un rito mágico era común en otros cultos y pueblos. Se trata, en realidad, de un fenómeno que tiene un valor simbólico que trasciende el ámbito religioso.En efecto, por sus implicancias psicológicas y sociales, el chivo expiatorio ha servido para explicar una recurrente tendencia humana a lidiar con la frustración, mediante el expediente de demonizar al Otro.Allí donde alguien, en la vida cotidiana, es responsable de un fracaso, de un error o de una falta, pero en lugar de asumir las consecuencias de sus actos -que puede ir del simple arrepentimiento hasta la reparación de los daños- intenta culpabilizar a otra persona, ésta se convierte así en víctima escogida para el papel de chivo expiatorio.Pasar la culpa a otras espaldas implica un alivio psicológico en aquellas personas proclives al autoengaño, siempre prontas a disociar sus acciones -u omisiones- de sus consecuencias.La corriente expresión: "Esto a mí no me toca", traduce perfectamente la disyunción entre los efectos y las causas. Desde el punto de vista ético, la búsqueda del chivo expiatorio equivale a sacarse de encima la responsabilidad.El diccionario define la responsabilidad como "el carácter de aquel que puede ser llamado a responder por las consecuencias de sus actos".La indignación con que se condena la culpa del chivo expiatorio (aunque objetivamente se trata de una perversa actitud autoexculpatoria), puede despertar incluso sentimientos narcisísticos de rectitud y superioridad moral.Es común, al respecto, hallar grandes poses morales (actitud de levantar el dedo acusador), bajo el disfraz de la denuncia del pecado ajeno, o en las grandes operaciones retóricas tendientes a concentrar la culpa por los males que sufre un país en una determina persona o grupo.Se ha escrito mucho sobre el papel de chivo expiatorio que cumplió el pueblo judío en la Alemania hitlerista. Aquí el chivo concentraba todos los odios y frustraciones de una colectividad que, herida en su orgullo, andaba buscando un blanco donde descargar su desdicha.Hay razones para creer que la sociedad argentina es propensa a metabolizar sus fracasos y frustraciones mediante la construcción de enemigos, que se convierten en receptáculos de la agresión desplazadaLa explotación política de esta patología parece dar rédito, si se piensa en los chivos expiatorios que a lo largo de la historia ha producido la impotencia nacional (FMI, empresarios, sindicalistas, políticos, terratenientes, grupos de derecha, grupos de izquierda, militares, piqueteros, 'morochos' de clase baja, blancos de clase media, y la lista sigue).Como ha escrito Enrique Valiente Noailles, esta "permanente traza, la división de la comunidad entre los que estamos aquí y los que están allá, entre los de arriba y los de abajo, es el germen potencial de la violencia hacia los demás, y de la no consideración del Otro como semejante".La búsqueda constante de chivos expiatorios es una tendencia peligrosa, en suma, que destruye la convivencia.
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