La caída del peso y el efecto pobreza
El derrumbe del valor del peso frente al dólar equivale a una pérdida del poder adquisitivo de los argentinos. De ahí que la continua devaluación de estos días exprese el deterioro de la economía. Otra vez quien ha atesorado en billetes verdes ha aumentado su patrimonio: en los últimos 12 meses, tomando el dólar oficial, ganó un 59%, mientras un tenedor de plazo fijo en pesos obtuvo sólo el 21%.Lo cual revela que, a esta altura de la historia argentina, habrá que jubilar aquella expresión oficial según la cual "el que apuesta al dólar pierde". En tanto que la bandera nacionalista de este gobierno de "pesificar" la economía, ha sido arriada definitivamente.Cada vez que hubo una depreciación más o menos brusca del tipo de cambio (con la misma cantidad de pesos se compran menos dólares), hubo una pérdida del salario real, licuándose el valor del trabajo.Una corrección fuerte de este tipo, como la que ocurrió el jueves y el viernes últimos, suele provocar una disparada de la inflación, ya que los precios de la economía se ajustan a un dólar más caro, dejando rezagados a los salarios.Por lo pronto, el 44% de los productos que se comercializan en el mercado tienen componentes importados. Y se descuenta que en las últimas horas han sufrido un alza en su precio de venta.El debilitamiento de la moneda, así, no haría más que acelerar la carrera inflacionaria, lo que puede acarrear tensiones sociales en un país que carece de cultura para zanjar sus diferencias en el marco de la ley.Para diferenciarse de las administraciones anteriores, que cayeron invariablemente en violentas devaluaciones, este gobierno juró que nunca convalidaría algo parecido, jugándose en este punto su prestigio."Los que pretendan ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo van a tener que esperar otro gobierno, no con nosotros", dijo en 2013 la presidenta Cristina de Kirchner."Nadie espere de este gobierno medidas contradictorias con el corazón del modelo, el corazón del modelo rechaza transferencia de ingresos compulsivas de los sectores del pueblo", destacó.Por su parte Axel Kicillof, que por lo visto pasará a la historia como otro ministro de Economía "devaluacionista", imaginaba hasta hace poco la depreciación abrupta del peso como el peor escenario.En declaraciones al diario Página/12, el 10 de mayo de 2013, el entonces viceministro de Economía, al criticar las devaluaciones del pasado, dijo que invariablemente "significaron una gigantesca pérdida de valor de la moneda doméstica y una consecuente transferencia brutal de ingresos".Y agregó: "Cada vez que se aplicó una devaluación, se desencadenó un proceso inflacionario, por el efecto directo sobre las mercancías importadas y también sobre los bienes que el país exporta, en general alimentos. Esto impactó en el salario real y en la participación de los asalariados en el ingreso. Aumentaron el desempleo y la pobreza".En teoría toda depreciación de la moneda respecto del dólar favorece a un sector del empresariado (licua los salarios de sus empleados) y de los exportadores, que reciben más por sus ventas."Que no les mientan a los argentinos, por supuesto que hay sectores que ganan, que se enriquecen por una devaluación, pero el pueblo se empobrece", decía en mayo pasado Kicillof.Según los analistas, la presión devaluacionista sobre el peso no ha terminado, y se abre a partir de ahora un interrogante acerca del futuro de la economía argentina.
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