La calle 24 de Enero, hoy 25 de Mayo

Elisa María Fernández*Colaboración Las mejoras de las calles eran una necesidad para una ciudad que aumentaba en su dimensión territorial. Por ello el Concejo Deliberante había resuelto el empedrado obligatorio de varias arterias de Gualeguaychú. La 25 de Mayo estaba incluida en tal decisión.La Municipalidad ponía a disposición de los constructores la cantidad de piedra necesaria y los médanos de arena para la obra a realizar.Con los años el adelanto vial se extendió aun más, en especial hacia el oeste de la ciudad. SISTEMAS DE ILUMINACIÓNLos cambios en las innovaciones tecnológicas incidían en la calidad de vida de la población. Algunas ciudades francesas habían avanzado en el aspecto lumínico de las ciudades y varios expertos se trasladaron a América Latina para mostrar los beneficios del "rol del gas" -como decía un almanaque de París- y sus aplicaciones en la vida doméstica.No se referían al gas natural que nosotros conocemos, se trataba del "coke de gaz", el que se obtenía con el carbón de piedra. Si bien en aquel país europeo podían apreciar el servicio desde 1879, nuestra ciudad comenzó a vivir esa realidad quince años más tarde. La usina del gas (Barrio Franco) era un orgullo para los pobladores y la calle 25 de Mayo se veía más importante con las columnas de hierro fundido y sus faroles.Quienes tenían el privilegio de tan ansiado servicio deseaban ampliar su uso en el hogar. El gas formaba parte de toda casa moderna, aunque eran contadas las viviendas de estilos diferentes al gaditano que había observado Domingo Sarmiento cuando estuvo en nuestra ciudad.Los inicios de la arquitectura italiana se podían admirar en el hogar de Luis Clavarino (hoy inexistente) con similitudes en su frente al patrimonio arquitectónico que todavía conserva la familia Dellachiesa.El francés encargado de instalar la maquinaria importada de su país comentaba las comodidades del servicio.El uso del coke de gas lentamente se fue diluyendo por los inconvenientes con la importación de carbón; pero además los adelantos tecnológicos de la electricidad ofrecían mayor potencia luminosa.En 1906 el Intendente Municipal llamaba a licitación- en periódicos locales y de la Capital Federal- para cubrir el servicio público de alumbrado eléctrico y gas incandescente[1]. El contrato exigía un sistema moderno y garantías en su funcionamiento.La provisión de fluido eléctrico debía ser de corriente "continua" y no podía hacerse a una tensión mayor de quinientos cincuenta voltios. El paisaje urbano comenzaba a cambiar en su aspecto externo y quienes paseaban en el tranvía por la 25 de Mayo, podían observar la distribución aérea de alambres de cobre de alta conductibilidad. Algunos postes de madera ubicados en las veredas, a pesar de ser referentes de un progreso material, no estaban acorde con la imagen arquitectónica que lentamente se comenzó a visualizar.Los habitantes de la ciudad veían en ello una novedad, sobre todo en el verano. Quienes podían hacerlo solicitaban la instalación domiciliaria. Hacía tanto calor que todos deseaban un ventilador.El Intendente Municipal, conciente de las altas temperaturas, autorizó la corriente diurna para el funcionamiento de esos aparatos.Los constructores de obras, pintores y demás trabajadores de frentes artísticos se veían en problemas con los nuevos elementos de un sistema "aéreo" que cambiaba el aspecto de la ciudad.La Compañía Anglo Argentina de Electricidad instaló sus oficinas en la calle 25 de Mayo al 785, aunque los reclamos se debían realizar en la intersección de las arterias Bolívar y Suipacha[2]. LA CALLE MODERNALa 25 de Mayo era en esos tiempos una calle muy especial, no sólo por el empedrado y la iluminación. El tranvía ofrecía paseo, gracia y diversión.La gente miraba con simpatía el cruce del medio de transporte. Sabían que los pasajeros no podían proferir palabras obscenas o indecorosas a los vecinos que los veían circular.En 1909, se hablaba de otro progreso vial, el del adoquinado de madera con base de hormigón de cal. Las autoridades municipales lo veían como un motivo de avance urbano, aunque con el tiempo las dificultades comenzaron a aflorar.Para la Empresa del Tramway fue una complicación económica la de tener que levantar las vías y volver a colocarlas en su lugar. Eran varias cuadras las que se iban a adoquinar en la calle 25 de Mayo, desde Rocamora hasta Bartolomé Mitre.Así como el tranvía y los carruajes de alquiler habían sido una novedad, más lo fue cuando los concejales tuvieron que reglamentar el tránsito de bicicletas, motocicletas y automóviles en agosto de 1910.Los sonidos urbanos comenzaron a variar. La corneta del tranvía era conocida, pero el timbre de las bicicletas llamaba la atención y el ruido de las bocinas que anunciaban la circulación de automóviles asombraba a cualquier peatón.Como los contados automóviles circulaban a catorce kilómetros por hora y tenían la obligación de frenar al llegar a la bocacalle, los jóvenes solían correr en su intento de ganarles al cruzar, pero la gente mayor, necesitaba de una reglamentación. SANEAMIENTO Y PROVISIÓN DE AGUALa epidemia de cólera había dejado una triste experiencia en la ciudad. Esto llevaba a reflexionar sobre las deficiencias sanitarias de Gualeguaychú. Se sabía de la transmisión hídrica de la enfermedad. En algunos países comenzaban a usar el cloro como medio de desinfección, pero esas medidas preventivas todavía no se aplicaban en nuestra localidad. La ordenanza de 1906, prohibía la extracción de agua de río destinada al consumo público del sitio conocido como la "Playada" (Bolívar y San Lorenzo) porque la gente solía acarrearla desde ese lugar.El abastecimiento debía hacerse a través de pozos semisurgentes, como el que proveía a la Plaza Independencia, Jefatura de Policía y Palacio de Justicia. Cuarenta mil litros diarios eran puestos en los depósitos existentes que debían estar provistos al amanecer. Muchos poseían aljibes.Desde 1909 se practicaban estudios para el establecimiento de Aguas Corrientes. Se decía que en Entre Ríos "las aguas que se beben son malas, pésimas"[3]. Aunque todo se iba en promesas.El olor desagradable que solía sentirse en la ciudad debido al uso de letrinas o sumideros en la planta urbana comenzó a desaparecer. No había cloacas entonces, pero las letrinas que se construyeran tenían que ser calzadas con ladrillos asentados en cal y revocado con tierra romana en toda su extensión.En los comienzos del siglo XX se vivía una cultura de la higiene en las personas, sus viviendas, lugares de trabajo y asepsia del hospital. La infraestructura necesitaba del saneamiento y provisión de agua potable para estar acorde con la realidad de una ciudad que quería ser moderna pero higiénica.
[1] Municipalidad de Gualeguaychú. Recopilación de Ordenanzas, Decretos y Resoluciones, Años 1907 al 1911. Buenos Aires, Talleres Gráficos L.J. Rosso & Cía, 1912.[2] Biblioteca Sarmiento. Sección Hemeroteca. El Censor, jueves 18 de enero de 1912.[3] Ibidem.
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