La clase media y el tema de la ideología
Algunos estudios empíricos dan cuenta que la sociedad argentina se ve prototípicamente de clase media. ¿Es posible a partir de allí, inferir, cuál es la ideología de los habitantes de estas pampas? Quienes estudian el mercado de consumo, en su afán por establecer un identikit del cliente, terminan ayudando a comprender finalmente el pensamiento de la mayoría de la gente.Según las investigaciones del sector, un impactante 80% de los argentinos se percibe a sí mismo como perteneciente a la clase media, cuando en realidad sólo el 47% lo es según su nivel de ingresos.La distancia entre la auto-percepción y la realidad, la brecha entre la imagen que tienen de sí mismos los argentinos y su efectiva pertenencia social, se explicaría a partir del simbolismo que rodea a la clase media.Identificarse culturalmente con un sector social implica abrazar sus aspiraciones y deseos más profundos. Y universalmente la clase media, en tanto invento del capitalismo, está estrechamente vinculada a la vida burguesa.Lo "burgués" es visto con desprecio por la izquierda marxista, que apostó a la "proletarización" de la vida, a través de la instauración de la sociedad comunista.Desde este universo ideológico a la clase media se la vincula básicamente con rasgos mezquinos, crueles e insensibles. Un segmento social "egoísta", que sólo piensa en él y en su buen pasar económico.La izquierda en Argentina, durante las décadas del '60 y el '70, hizo de la clase media un objeto de abominación. Decía que en su desesperación por ser aceptados, sus miembros adherían a las clases dominantes.El escritor Enrico Udenio ha visto con agudeza que el grueso de la sociedad argentina ama los valores burgueses de la clase media, pero reniega de ellos ideológicamente, acaso producto de un complejo de culpa (práctica de abominar contra el capital al mismo tiempo que se lo acapara).Aquí la ideología funcionaría como "falsa conciencia", según la formulación de Carlos Marx. Es decir como una superestructura discursiva, o artilugio simbólico, para ocultar los hechos.Podría postularse que más allá de estos devaneos retóricos vernáculos, la clase media tiene aquí y en todas partes una identidad asociada al poder adquisitivo y al deseo de consumo.Esto tiene, inevitablemente, consecuencias políticas: todo cuanto le ocurra al bolsillo impacta en el humor social y en la adhesión o no al estado de cosas. (Si viviera Marx, vería por tanto confirmada su tesis de que la infraestructura económica determina la superestructura ideológica).Hace poco el sociólogo Eduardo Fidanza sugirió no idealizar a la sociedad, y no contaminarla con proyecciones mentales subjetivas, al señalar que los votantes argentinos, como los de otros países, se rigen por "el axioma del egoísmo".Si los argentinos, en suma, son "clasemedieros", como sugieren los estudios sociológicos, habrá que convenir que su modo de interpretar y valorar todas las cosas, incluida la política, está estrechamente unido al poder de fuego de su billetera para comprar bienes y para ahorrar.Acaso esta prosaica ideología del bienestar no proyecte una imagen muy edificante de la sociedad, o esté en contradicción con un modelo que privilegie valores espirituales por sobre los puramente económicos.Pero una cosa es el deseo y otra la realidad. No es lo mismo la imagen mental de cada quien, que lo que es el mundo en los hechos; la perspectiva personal de las cosas, que lo que éstas son en realidad.
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