La comida que se tira y que a otros les falta
Los dos fenómenos se desarrollan en paralelo: mientras hay gente que pasa hambre, y existen los comedores comunitarios, cientos de toneladas de alimentos se tiran a la basura.Es uno de los tantos contrasentidos de una sociedad caracterizada por consumos desequilibrados, donde la abundancia coincide con la penuria, donde lo que a unos les sobra a otros les falta.Aunque en este caso el contraste es escandaloso: se desperdicia comida mientras hay muchas personas hambrientas que pujan por ella.En una Argentina en la que según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), alrededor de 2 millones de compatriotas pasan hambre con frecuencia, cientos de toneladas de alimentos, que podrían volcarse a saciar la necesidad nutricional de esas personas, acaban en la basura.Se estima que en la ciudad de Buenos Aires se tiran aproximadamente entre 200 y 250 toneladas de alimentos por día que podrían ser reutilizados, y que representan 550.000 raciones de comida.En el Área Metropolitana de Buenos Aires la cifra asciende a 670 toneladas diarias, lo que podría utilizarse para generar 1.675.000 platos de comida. Los datos surgen de un estudio conjunto realizado por el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Ceamse.Lo que ocurre en Buenos Aires es trasladable a otras ciudades y regiones de la Argentina, un país por otro lado dotado de excepcionales condiciones para producir alimentos.Lo que se tira "son productos alimentarios sin consumir o a medio consumir que podrían haber servido de alimentos para otros", explicó Marcela De Luca, docente del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la UBA.Esto quiere decir que en la Argentina se desechan cientos de toneladas de alimentos que podrían canalizarse por medio de instituciones solidarias y ayudar a paliar el hambre.Aunque tamaño nivel de desperdicio es un llamado de atención a los consumidores. En lugar de tirar tanta comida al tacho de basura, bien podrían controlar las compras o donar aquello que no van a consumir.La problemática del derroche tiene escala global. La mitad de los alimentos que se producen en el mundo, equivalente a 2.000 millones de toneladas, va a la basura.Eso refiere un reciente informe del Instituto de Ingenieros Mecánicos de Londres, según recoge el diario La Nación. "Despilfarro: el escándalo global de la comida", ése es el título del libro con el que el inglés Tristam Stuart instaló en 2011 el tema en la agenda mundial.Allí denuncia las miles de toneladas de alimentos que se desperdician cada día debido al sistema de la cadena alimentaria. La investigación introduce un cambio en la visión que se tiene del hambre en el mundo: el problema no es la falta de alimentos, sino todo lo contrario, su despilfarro.Stuart demuestra que si los consumidores, los políticos y las empresas introdujeran sencillos cambios se podría reducir radicalmente la cuestión de la "sobra" de alimentos.A todo esto, hace un tiempo el gobierno británico hizo una campaña contra el derroche de alimentos, que ha servido de precedente para que se haga algo parecido en toda Europa, donde hoy la crisis económica golpea a muchos países.Mirado en estos términos, cabría suponer que el reparto de comida en el planeta es un absurdo desde el punto de vista de la racionalidad económica. En el plano ético, obviamente, roza el escándalo.Quizá un cambio de mentalidad podría evitar el sinsentido de la comida que se tira.
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