Opinion | drogas

La complicidad de mirar para otro lado

La muerte, triste y evitable, de Iván Pérez, ha desembocado en un sinfín de opiniones y valoraciones en nuestra comunidad. No es mi intención en estas líneas reflexionar sobre el hecho policial, cuestión que prefiero sea analizado por la justicia.

* Por Alejandra Leissa

Si nos quedamos sólo en ese final, que tendrá resolución de acuerdo a la ley, habremos fracasado otra vez en el abordaje de los problemas que tenemos en las narices y no son asumidos vaya a saber si por cobardía, complicidad, hipocresía o ignorancia.

La ciudad ya cuenta en pocos meses con dos muertes donde la droga ha estado presente, es cierto, de manera bien distinta. Si a eso sumamos que los jueces y desde la Policía misma hablan de una coincidencia de casi el 100 % entre delito y adicciones, no enfocarnos en ese tema es inexplicable.

Es bien cierta la complejidad que atraviesa el tema drogas: desde el narcotráfico, pasando por el narcomenudeo, el consumo, el delito, la imposibilidad de conseguir lugares de recuperación, la ausencia del Estado, la disfuncionalidad familiar, entre tantos otros. Lo complicado y profundo de la problemática necesita un abordaje integral. Y la primer tarea es que las autoridades y la sociedad en su conjunto, asumamos el problema.

Como integrante del próximo cuerpo legislativo local, creo que desde el Estado Municipal se pueden hacer muchas cosas. Pero en principio debemos reconocer el problema. Escudarnos en las distintas competencias de cada actor es, al menos, sinónimo de negación o de no involucramiento.

Asimismo, y dejando por un momento de lado esas actitudes y la tarea de la Justicia Federal y Provincial respecto de la lucha contra la droga, mi intención es apuntar aquí a lo que podemos hacer en el día a día como familia, como vecinos. Y si bien las situaciones sociales, económicas y culturales hacen que cada familia sea distinta de otra, podemos intentar una primera aproximación de abordaje.

La familia, núcleo fundamental

Como ciudadanos de Gualeguaychú ¿Nos preguntamos por qué hemos llegado a estas situaciones? La ausencia del Estado puede ser en parte una porción de las causas, pero no puede ser una excusa. ¿Qué está pasando con nuestros vínculos? ¿Qué pasa con nuestro rol parental? Debemos fortalecer la familia más allá de las fallas del Estado. Con la familia y el fortalecimiento de los padres como líderes de grupo hay mucho para cambiar. ¿Por qué se llega al consumo? Vincular la adicción casi matemáticamente a dificultades económicas es una mirada incompleta y, muchas veces, falsa.

Debemos fortalecernos como personas, cada vez hay más pobreza personal y la solución al problema de la adicción tiene que ver con lo vincular, con lo que podemos hablar (a-dicción = sin palabra), con sentirte valorado, valioso, cuidado y de eso el Estado no habla.

Apuntar a construir una sociedad con mayor bienestar debe ser una prioridad. Una sociedad con mayor conocimiento de sus fortalezas, una sociedad más regulada y con mayor desarrollo emocional, con mayores habilidades interpersonales, con mayor capacidad de decidir y tener la destreza para cambiar de hábitos incorporando conductas más saludables y modificar aquellas que no lo son.

Si preguntamos a cada una de las personas que están a nuestro alrededor que quieren para sus vidas, sus respuestas van a girar en torno “a ser feliz”, pero nadie en largos años nos orientó en cómo. Los vínculos en este tema, son de una fundamental importancia. Desde que nacemos somos buscadores innatos del placer. Hoy en día las prioridades giran en torno al éxito económico, que si bien no está mal, tenemos que saber que no es suficiente.

El estado debe garantizar la cobertura de las necesidades básicas de los ciudadanos y empezar a enseñarnos el camino para alcanzar nuestro bienestar. Cuando lo logremos o empezamos a lograrlo será el comienzo de la construcción de gran parte de las soluciones para tener una sociedad más sana emocionalmente. Debemos capacitar para ayudar a encontrar cada una de nuestras fortalezas, recursos, virtudes y no sólo reparar daños. No es sólo no estar mal, sino empezar a hacer cosas para estar bien. Tenemos que tratar de construir una sociedad más fortalecida no sólo desde lo económico, una sociedad con mayor autoestima e inevitablemente esto nos llevará a un progreso económico. Esto es prevención para las adicciones, es prevención del malestar y construcción del bienestar.

Responsabilidades

Lo anterior no invalida en absoluto todo lo que puede y debe hacer el Estado en todos sus estamentos. Es más, no sólo no lo anula, sino que necesita imperiosamente que el proceso, el abordaje y la lucha, sean simultáneos.

Asumir la libertad de las adicciones y hasta el comercio de las drogas no puede ser sostenido en serio ni dos segundos por “cuestiones ideológicas”. Justificar desde un pseudo progresismo mal entendido el mirar para el costado, es absurdo. Desde otro lado, la mirada que sólo atiende lo punitivo, tampoco conlleva la solución en sus entrañas.

En definitiva, necesitamos desprendernos de nuestras mezquindades, de nuestras miradas parciales, de nuestras comprensiones incompletas y empezar a debatir en serio la complejidad y profundidad de estas temáticas. Y si alguien busca en este triste capítulo de nuestra sociedad algún rédito personal o político, no ha entendido nada de lo que pasa, ni de las vidas que están en juego.

(*)Psicóloga, psicopedagoga y concejal electa por Juntos por el Cambio.

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