La comunicación y el valor de la brevedad
Nada en demasía, lejos de los mensajes barrocos. La atención de los contemporáneos ya no resiste los largos discursos. Incluso se han puesto de moda, en todos los ámbitos, las exposiciones de menos de 18 minutos.¿Quién ha dicho que el valor cognoscitivo de un relato cualquiera es directamente proporcional a su longitud? Hoy no hay retórico que aconseje, en aras de la comprensión de un discurso cualquiera, la profusión expresiva.El periodista y novelista norteamericano Ernest Hemingway siempre se ciñó a la siguiente norma: "Emplee frases cortas".En las escuelas de periodismo se suele proponer como estilo del oficio el sencillismo, la búsqueda de la economía de la expresión. Algo que en el caso de la prensa escrita se justifica porque el espacio es un bien escaso.Pero hay otra razón obvia: el lector no tiene todo el tiempo del mundo para enterarse de lo que pasa. Los encabezados de las noticias ya le deben anticipar lo esencial de los hechos.Aquí la redundancia es un pecado. Según el diccionario de la Lengua Española, redundancia es: "Sobra o demasiada abundancia de cualquier cosa o en cualquier línea. // Repetición o uso excesivo de una palabra o concepto".La redundancia es innecesaria y generalmente se produce por pobreza de léxico. A un buen periodista no sólo se le pide que escriba de lo que sabe, sino que redacte de manera clara, sencilla, natural y directa, de acuerdo con las normas del lenguaje culto formal.Emplear palabras cortas y básicas, evitar repeticiones, puntualizar lo esencial y eliminar lo superfluo y las expresiones vacías, suprimir adjetivos que no aportan, son algunas indicaciones de manual de estilo en el mundo periodístico.Un talentoso periodista concluyó así una carta: "Perdóname, hijo, por escribirte diez páginas. Cuando tenga tiempo, te escribiré una". La moraleja es simple: siempre es más difícil escribir conciso que extenso."Lo bueno si breve dos veces bueno". Esta frase, que se atribuye al escritor español Baltasar Gracián, sintetiza el valor de los mensajes cortos, cuando se ajustan al pensamiento que se quiere comunicar.La brevedad es hoy un valor cotizado en el mundo de las empresas, gobiernos, ONG y universidades. Según cuenta el periodista Sebastián Campanario, está de moda el espíritu y el formato de las charlas TED.Se trata de presentaciones de menos de 18 minutos sobre temas muy diversos. Las conferencias TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño), nacieron en 1984, por iniciativa de Richard Wurman y Harry Marks.Personajes como Bill Clinton, Al Gore y varios premios Nobel de ciencias, han hecho popular este formato cuya aspiración es ajustar el discurso a los actuales niveles estándar de atención.Charlas cortas, bien preparadas, que vayan al meollo de la cuestión, y sobre todo que sean digeribles por el público (que no suele ser especializado), es una modalidad que se está contagiando en el mundo de los negocios y de la educación.Esto de exponer historias cortas y atractivas ha sido una de las especialidades de las agencias de publicidad, que desde siempre han tenido que lidiar con la saturación del espacio de atención de los consumidores.Las TED, sin embargo, tienen un riesgo: la excesiva simplificación y banalización de los contenidos. Las charlas breves tienden a encorsetar temas complejos, y caer en lugares comunes.Como sea revelan una preocupación de época: los umbrales de atención se han reducido drásticamente, lo que conduce inexorablemente a revalorizar la brevedad.
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