La confusión del peronismo, una trampa para el gobierno
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Las múltiples caras del peronismo invitan a la confusión. Social y oficial. Pero la realidad es esa lacerante que describió la UCA: uno de cada tres argentinos es pobre y la situación se agravó en 2016. No hay forma de ocultar ni tergiversar esa realidad. Demasiada mentira hubo en los últimos años. La cuestión es que se está haciendo para modificarla.Jorge Barroetaveña Es cierto que la imagen de un grupo de muchachotes saltando y revoleando el atril desde el que hablaron los triunviros de la CGT atrasa 40 años. Los gritos, las peleas, los empujones y los botellazos no ayudan demasiado a distender el clima social que vive la Argentina y mucho menos a canalizar esa demanda. Algo queda claro en esa feroz lucha interna que libra todo lo que huele a peronismo: no están cómodos lejos del poder. El peronismo no se concibe a sí mismo sin el poder del estado, sin poder manejar y articular a placer los infinitos resortes que brinda un gobierno en todos sus estamentos. En ese debate interno se encuentra, en medio de una situación social complicada. La masividad de la marcha se vio empañada por esa interna que, pese a todo, está lejos de resolverse.Es que a los cuestionamientos al manejo de la relación con el gobierno se suma la debilidad del liderazgo de los popes, a la postre devenido de los más pesados como Moyano, Barrionuevo y Caló. Esa 'transferencia' de liderazgo nunca se cristalizó del todo, tanto como la modalidad de partir en tres la conducción, algo que los gremios han probado antes sin mucho resultado.Pero los gremios también intentan acomodarse a un gobierno que no es del palo. Un gobierno ante el que están obligados a negociar para conservar sus cuotas de poder y el manejo de la famosa caja de las obras sociales. Se debaten pues entre sus propias necesidades y las demandas de sus representados, que no siempre coinciden.A este cóctel hay que sumarle los estiletazos del kirchnerismo y la izquierda que, afirman los triunviros, tuvieron mucho que ver con lo que pasó el martes.El dicho pide "que el árbol no tape el bosque" y algo de eso le pasa al gobierno. Las peleas internas de la conducción gremial no deberían ocultar la magnitud de la recesión. Abrazado a unos pocos números que lo desmienten (y es probable que sea así), la mejora dista aún de alcanzar al grueso de la población que siente el impacto de los tarifazos y la pérdida del poder adquisitivo. Es cierto que el volumen y la cantidad de planes sociales, en líneas generales se han mantenido, pero al gobierno le sigue faltando un plan general y ministros eficaces. La maquinaria del estado luce pesado e inútil, lenta para resolver los problemas y agilizar las soluciones cuando estas aparecen. Esto lo padecen las decenas de intendentes que patean despachos oficiales en Buenos Aires. Les dicen que sí a todo pero la plata no aparece.A la hora de echar culpas es sencillo. Han quedado en los pliegues del estado centenares de muchachos de La Cámpora que hacen de las suyas. Claro, en lugar de evitar esto, Cambiemos creó nuevas estructuras, léase ministerios, que ahora afirman van a eliminar.Es que el reloj electoral corre desde atrás y las agujas se clavan como dagas en la gestión. Si la economía no mejora, le tendrán que prender a cada santo una vela para ganar las elecciones, o al menos para conservar parte de lo que se obtuvo en el 2.015.No habrá alquimia electoral que alcance. Cristina candidata podría dar una gran mano, casi tanto como las divisiones internas de la oposición, que quedaron a la luz al final del acto de la CGT.Pero es jugarse un tute o un pleno, para utilizar términos lúdicos. Apostar todo a peronismo en ebullición es peligroso. El jueves por la noche, el Presidente, Vidal, Larreta y Peña habrían resuelto morigerar las subas de tarifas previstas para el resto del año, recortar ministerios e insistir en la activación de la obra pública. Por lo bajo creció el rumor, otra vez, de la incorporación al gabinete de Ernesto Sanz, algo que se afirma el Presidente lo habría hablado en su viaje a España.La movida sería a doble banda. Por un lado serviría para calmar la ansiedad radical y por otro, fundamentalmente, darle volumen político a un gabinete necesitado de ayuda. En pleno proceso electoral, nadie olvida que Sanz fue uno de los artífices de Cambiemos. Todo indica que es un buen momento para revalidar títulos.Los idus de marzo avanzan y asoma el paro, inevitable, de la CGT. Los números de la UCA sobre pobreza son lacerantes. La oposición pelea su propio juego, más para posicionarse que para aportar algo serio. Miden cada uno de sus pasos, calculando el impacto en las encuestas. La mayoría de los que hablan son co-autores de la situación actual. Pregunta: ¿si las cosas estaban tan bien en 2015, por qué no ganó el oficialismo? Silencio de radio.Tampoco es un campeonato de ver quién es más corrupto. La Argentina ya no soporta el latrocinio, de izquierda o de derecha. Ya no soporta funcionarios de honestidad laxa que 'al menos algo hacen'. Tampoco la ausencia de una justicia tuerta, que actúa dependiendo de dónde viene el viento. Es mucho, demasiado para este pobre país.
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