Editorial |

La controversia que rodea a la medicina

Hace tiempo se ha instalado en Occidente una corriente contracultural que se opone al modelo de la medicina científica, sospechado de ser antes que nada un gran negocio de los laboratorios.   Las “prácticas alternativas”, así, han venido creciendo en distintas sociedades, incluso las más desarrolladas, bajo la presunción de que las recetas “naturales” son mejores que los fármacos. De ahí, por ejemplo, el auge de la homeopatía, la naturopatía, la quiropraxia, la curación energética, varias formas de acupuntura, la medicina tradicional china, la medicina ayurvédica, entre otras. Un capítulo saliente de esta controversia es el enfrentamiento que existe entre la medicina institucional y los colectivos “anti-vacunas”, las personas que rechazan la inmunización, tanto para sí mismas como para sus hijos. Desde que la vacunación empezó a practicarse a finales del siglo XVIII, sus oponentes han argumentado que no funcionan, que son o pueden ser peligrosas, que en su lugar debería hacerse énfasis en la higiene personal, o que las vacunaciones obligatorias violan derechos individuales o principios religiosos. En un sermón de 1772 titulado “La Peligrosa y Pecaminosa Práctica de la Inoculación”, el teólogo inglés Edmund Massey argumentaba que las enfermedades son enviadas por Dios para castigar el pecado y que cualquier intento de prevenir la viruela a través de la vacunación es una “operación diabólica”. Algunos grupos anti-vacunas alegan, por ejemplo en Estados Unidos, el principio de la “objeción de conciencia” para rechazar la aplicación compulsiva de esa inmunización. La objeción se funda en la resistencia que la conciencia personal opone a una ley general, por considerar que las propias convicciones personales impiden cumplirla. En Argentina, al igual que en otros países, existen “comunidades naturistas” en distintos puntos del país que no se vacunan, aunque eso contraviene las disposiciones de la autoridad sanitaria. Los diagnósticos y tratamientos de la medicina alternativa no son incluidos usualmente en las facultades de Medicina ni usados en la práctica médica, porque se trata de terapias que no siguen el “método científico”. En este sentido, la comunidad científica ha cuestionado a la medicina alternativa restándole validez, argumentando que se basa en afirmaciones próximas a la religión o a la “pseudociencia”, calificándola así de peligrosa y no ética. Del otro lado relativizan estas acusaciones, afirmando que las prácticas alternativas están validadas por una historia que se remonta a miles de años, asociadas a la medicina que practicaron distintos pueblos. Desde aquí se alega que las prepagas y la industria farmacéutica se han adueñado de la rentabilidad del trabajo médico. Se postula que sus normas son empresariales y no basadas en el bien de los pacientes, sino en el beneficio empresario. Como sea, algunos expertos consideran que entre ambas medicinas no debería haber conflicto, sugiriendo que ambas se pueden complementar de forma armoniosa y beneficiosa, de forma que el sistema de salud global aproveche lo mejor de cada método y una medicina compense la deficiencia de la otra. Esa es la opinión de la doctora Margaret Chan, quien en un escrito de 2008, como Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reconoció que “el mayor protagonismo de la medicina alternativa refleja la búsqueda de una atención de salud más compasiva, personalizada e integral”.

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