La corrupción, ¿sólo un mal del poder?
Una reciente consulta de opinión en el país da cuenta que casi la mitad de los encuestados considera admisible violar la ley en ciertas ocasiones y cree que podría cometer actos de corrupción si obtuviera un beneficio económico.A ese inquietante resultado arribó un estudio del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, realizado en mayo de este año, entre 620 casos de ciudadanos mayores de 18 años, en la ciudad autónoma de Buenos Aires.Además, la encuesta reveló que el 55% de los entrevistados (en teoría, si se lo proyecta a un universo mayor, la mitad de los argentinos) encuentra en algún grado aceptable o tolerable que un político sea corrupto si soluciona problemas importantes del país o mejora la economía.Según los investigadores, que hacen este tipo de encuestas habitualmente, esta última respuesta obtuvo un resultado equivalente en el año 2003. Con lo que se estaría ante una valoración de vieja data y fuertemente arraigada en la población.En otra parte del trabajo académico se señala: "Se considera que la corrupción es endémica en nuestra sociedad y que está extendida en todos lo ámbitos públicos en general y que afecta al ámbito político en particular".Paralelamente se añade que "este resultado es coincidente con nuestras mediciones anteriores sobre el mismo tema efectuadas en 2011".Además, se indica que "dos de cada tres encuestados creen que la mayoría de las personas preferirían hacerse las distraídas y no denunciar un acto de corrupción si es que de él obtendrán un beneficio".Otro resultado significativo del relevamiento es que "el 60% de la población no considera grave y califica de 'aceptable' dar dinero a alguien para evadir el pago de impuestos o derechos aduaneros".La investigación da cuenta, además, que "casi la mitad de la gente afirma conocer a alguna persona que cobra un sueldo por un cargo público pero que no trabaja. El porcentaje de individuos que afirmaban lo mismo en 2008 era 27%".El estudio arroja que las opiniones se encuentran divididas por mitades "entre los ciudadanos que creen que para sobrevivir en Argentina hay que adaptarse a la corrupción y quienes consideran que ello no es necesario".Todos estos datos coinciden con el diagnóstico de analistas sociales sobre lo permeable que es la sociedad argentina a la corrupción. Hace poco el sociólogo Atilio Borón, al ser consultado sobre los ilícitos económicos que se están ventilando en la actualidad, sostuvo que "el argentino está muy acostumbrado a la idea de que los gobiernos son corruptos, no parece escandalizarse ante hechos de corrupción"."Es muy difícil que eso tenga un impacto en las próximas elecciones", vaticinó. Por su parte el filósofo Tomás Abraham consideró que la corrupción de arriba es un reflejo de la de abajo, y que la sociedad argentina no es inocente."El problema -suponiendo que hay un problema- no es el poder en la Argentina, sino la sociedad. También somos poder, y lo ejercemos con frecuencia. Nadie ejerce el poder político en nuestro país sin el apoyo de la sociedad civil, y no de un sector minoritario sino mayoritario de la ciudadanía", reflexionó en un reciente artículo.Y añadió: "El considerarnos víctimas de cada gobierno caído o en decadencia, y socios triunfantes del que puede aprovechar ciclos de bonanza, cubrirnos las espaldas con los pobres y los desaparecidos para extorsionar con la culpa a adversarios políticos, no nos exime de responsabilidades aunque fuere por lo que hemos pensado y dicho, si no hecho".
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