La crisis ecológica parece imparable
El último cónclave ecuménico sobre el medio ambiente no arrojó resultados concretos, demostrando una vez más que la diplomacia es incapaz de forjar acuerdos para detener el proceso de deterioro ecológico del planeta.Quienes siguen de cerca las instancias internacionales, organizadas bajo la promesa de reducir las emisiones de gas de efecto invernadero, causantes del cambio climático, son presas de la decepción.El mundo, creen, se aleja cada vez más del objetivo fijado por el Protocolo de Kyoto en 1997, que se había propuesto combatir las causas de la emisión incontrolada de gases como el dióxido de carbono, vinculados estrechamente con la producción de bienes.El último fiasco diplomático fue la Cumbre Climática convocada por Naciones Unidas en Doha, que reunió a 195 países y 17.000 participantes. Como en Copenhague (2009), Cancún (2010) y Durban (2011), las negociaciones quedaron en punto muerto.Los líderes políticos, al parecer, se abstienen de comprometerse efectivamente con las promesas mundiales de reducción de emisiones por temor a perjudicar las economías de sus países.Las naciones industrializadas, por caso, están hoy obsesionadas por una difícil agenda de carácter financiero, económico y social. En sus cabezas lo que más les interesa es relanzar la economía, en vez de considerar su impacto ambiental.La Revolución Industrial trajo un bienestar material inédito a Occidente, que ahora está repicando en toda Asia y América Latina. La sociedad de consumo, hegemónica hoy en todo el mundo, es el subproducto de ese paradigma productivo.Pero este desarrollo ha tenido y tiene un costo ambiental inocultable. Una plétora de estudios ha demostrado el vínculo entre el consumo de combustibles fósiles -matriz energética del modelo planetario- y el calentamiento global.La producción en el siglo XX, por ejemplo, batió todos los records. Fue superior "a toda la producción acumulada desde Adán y Eva hasta el año 1900 impulsada por la globalización de la Revolución Industrial", nos anoticia el economista Alieto Guadagni.La contracara del proceso productivo fue la alteración de la composición y la temperatura atmosférica. A través de décadas, la temperatura ambiental planetaria aumentó 2 grados, y todo indica que continuará incrementándose, trayendo consigo trastornos de proporciones en el clima.Los científicos, en efecto, vienen alertando sobre el llamado "efecto invernadero". Éste se produce por la retención parcial de los rayos infrarrojos en su trayecto de retorno al espacio por acción de ciertos gases.Esos gases, causados por ejemplo por el cuantioso uso de combustibles fósiles (petróleo y sus derivados), actúan como los vidrios de los invernaderos y, al absorber una parte de las radiaciones infrarrojas, impiden su ascenso a capas más altas.Este proceso activo -que la diplomacia no puede detener, imponiendo una reducción sustancial de las emisiones gaseosas- ha ganado volumen en la atmósfera y ha determinado el calentamiento global.El agravamiento de dicho calentamiento, según los expertos, contribuirá a la aparición de efectos ecológicos catastróficos, que agravarán el cambio climático. Entre los resultados más temidos está el derretimiento de los casquetes polares, lo que aumentaría el nivel del mal, trayendo aparejada la inundación de ciudades.En los últimos días, la Organización Meteorológica Mundial informó que "entre 1990 y 2011 la acumulación de gases en la atmósfera ya aumentó un 30 por ciento y los océanos comenzaron a ser afectados".
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