La crisis interminable de las instituciones
Aquellos formatos tradicionales alrededor de los cuales se estructuró la vida social, como la familia, la escuela y la iglesia, parecen desbordados por una demanda que ya no pueden satisfacer.Las instituciones entran bajo la categoría de "hechos sociales", según el concepto acuñado por el sociólogo francés Émile Durkeim. Es decir, son fuerzas colectivas de obrar o de pensar anteriores y exteriores a los sujetos.Esas formas tienen un poder de coacción externo sobre los sujetos, al punto que éstos quedan absorbidos por ellas, prestándoles un conformismo u obediencia inquebrantable.Gracias a las instituciones las sociedades han alcanzado orden y estabilidad, según enseñan los sociólogos. Ellas garantizan que los individuos se apeguen a determinadas normas de conducta.El problema es que estas instituciones son creaciones humanas y por tanto están sujetas a los vaivenes históricos. El diagnóstico es que de un tiempo a esta parte los formatos conocidos parecen haber quedado obsoletos respecto del cambio histórico.Los sociólogos hablan de "crisis de las instituciones" y con ello sugieren un malestar vinculado al hecho de que algunos modelos sociales establecidos en la modernidad ya no parecen dar respuestas a las demandas del siglo XXI.Por ejemplo se coincide en que la institución familiar no es la de antes. El esquema de papá y mamá (casados) y los hijos está desapareciendo, y en su lugar crece un formato de naturaleza múltiple.De esta manera hoy se asiste a la emergencia de un nuevo formato: la familia posmoderna, marcada por la creciente inestabilidad de los vínculos, la disminución de la cantidad de hijos por cada pareja, la resistencia generalizada a formalizar las uniones, la convivencia bajo el mismo techo de hijos de diferentes relaciones y muchas veces de distintas generaciones.Los jóvenes son el sector en el que estas nuevas modalidades de unión calan más hondo. En este sentido un dato de época es que ya no se casan sino que viven en pareja. El tradicional matrimonio ha sido reemplazado por la convivencia de facto (cohabitación).Estrechamente vinculado con esto, está el hecho de que los roles de género se van dejando de lado a medida que los hombres y las mujeres asumen las mismas funciones laborales y sociales.Por otro lado, las instituciones religiosas pierden estatus social y disminuye el número de adeptos. Para algunos estudiosos, en las sociedades desarrolladas y secularizadas no desaparece el elemento religioso. Lo que está en crisis, en realidad, son las grandes religiones institucionalizadas.La crisis no sería tanto de trascendencia (de la apertura del ser humano al misterio) sino del modo tradicional de practicar el sentimiento religioso en torno a estructuras eclesiásticas.La religión se entendería, así, como una de las opciones más libres del hombre, y por lo tanto las instituciones pierden fuerza reguladora sobre sus adeptosOtra institución de la modernidad que sufre el descrédito de época es la escuela, cuyo formato del siglo XIX ya no responde a las exigencias del presente. Una de las grandes transformaciones es la manera en que circula hoy el conocimiento.En el pasado, la principal fuente de aprendizaje y de descubrimiento intelectual era la escuela. Pero hoy ya no monopoliza el saber, desde que Internet y las nuevas tecnologías aportan la novedad en este terreno.
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