Editorial |

La crisis migratoria altera el mapa político global

Los distintos flujos de migrantes plantean crecientes desafíos para los líderes mundiales y tensan vínculos entre países. Se trata de una crisis de proporciones que trastorna el mapa político global.

Mientras en la Unión Europea la cuestión migratoria socava la unidad del bloque en un contexto de ascenso inédito de las fuerzas de ultraderecha contrarias a la llegada de extranjeros musulmanes, Estados Unidos aplica una política de “tolerancia cero” con la llegada de latinos indocumentados a través de la frontera sur con México.

Los países latinoamericanos que más expulsan gente hacia Estados Unidos se ubican en el llamado “Triángulo de la Muerte”, conformado por Honduras, Nicaragua y El Salvador. Una zona donde la gente huye de la violencia de las pandillas y de la crisis económica.

En tanto en Siria, asolada por más de siete años de guerra, hay 12,6 millones de desplazados, que incluyen a 6,3 millones de refugiados. Ante este drama, la ONU exhorta a la tolerancia y solidaridad con las personas que lo perdieron todo.

El otro drama es Venezuela. El número de venezolanos que ya abandonaron su país por la crisis humanitaria superó la barrera de los 4 millones, anunciaron conjuntamente la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR).

La cantidad de refugiados y migrantes venezolanos se incrementó en 1 millón después de noviembre de 2018, lo que indica una rápida escalada en los meses desde que un grupo masivo de países (entre ellos Argentina) establecieron que Nicolás Maduro ganó un nuevo mandato presidencial en una elección ilegítima el año pasado y la relación con Estados Unidos entró en su pico de máxima tensión.

La agencia de la ONU también dijo que los países latinoamericanos son los principales receptores de la mayoría de los venezolanos, con más de 1,3 millones en Colombia, seguido por Perú (768.000), Chile (288.000), Ecuador (263.000), Brasil (168.000) y Argentina (130.000).

“El ritmo de salidas de Venezuela ha sido asombroso. Desde unos 695.000 a finales de 2015, la cantidad de refugiados y migrantes de Venezuela se ha disparado a más de 4 millones a mediados de 2019”, señalaron la OIM y la ACNUR en una declaración común.

A todo esto el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se ha comprometido a reforzar los controles de los extranjeros que intentan ingresar de forma irregular a Estados Unidos, y ha concedido una victoria política al presidente Donald Trump, según analistas internacionales.

Este último había amenazado con aplicar fuertes aranceles a los productos importados desde México, si el gobierno izquierdista de López Obrador no frenaba el ingreso de inmigrantes “ilegales” a través de su frontera.

Ante este emplazamiento el presidente mexicano se encontró frente a dos opciones: enfrentar la amenaza comercial, que podía producir una recesión económica en su país, o ceder a las demandas del presidente Trump.

Finalmente López Obrador optó por esta última alternativa, aunque con un alto costo político para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la fuerza de izquierda que lidera.

Tras el acuerdo con Estados Unidos, el gobierno mexicano se compromete “a registrar y controlar las entradas en la frontera” así como “a desplegar a la Guardia Nacional por todo el territorio y en especial en la frontera sur”, según apuntó el canciller Marcelo Ebrard.

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