La cruzada contra el tabaco es más audaz
Que el tabaquismo es un hábito malo, y que causa la muerte de personas, casi nadie lo discute. Por eso en todo el mundo se multiplican las leyes restrictivas contra los fumadores.Desde 2003 en Nueva York no se puede fumar en restaurantes, bares y lugares de trabajo. La restricción fue propiciada por el alcalde, Michael Bloomberg, un ex fumador que ha hecho del combate al tabaco casi una batalla personal."Nuestros esfuerzos dieron lugar a más de 350.000 fumadores menos y contribuyeron a que los neoyorkinos vivan una media de 19 meses más que en 2002", añadió el alcalde en un comunicado, al hacer un balance positivo de la medida.Pero el Estado de Nueva York va por más. Legisladores de la ciudad acordaron endurecer la legislación antitabaco, al prohibir esta vez fumar en plazas, parques y playas.La normativa afectará a los más de 1.700 parques públicos de Nueva York y sus 22 kilómetros de playa. Y todos coinciden que se está ante la medida más ambiciosa en este sentido aprobada en la Gran Manzana.Como era de preverse, la iniciativa ha producido el rechazo de algún sector que considera que eso supone una intromisión en las libertades individuales. De hecho, en 2002, Bloomberg debió soportar la ira de los dueños de los restaurantes y bares.Tras la reciente aprobación legislativa, y confirmando su política antitabaco, salió a respaldarla. "Este verano, los neoyorkinos que acudan a nuestros parques y playas para divertirse y respirar aire fresco, podrán respirar un aire aún más limpio y sentarse en una playa que no esté llena de colillas de cigarrillos", anunció.La eliminación del tabaco en múltiples espacios públicos de Nueva York, recluye literalmente a los fumadores al ámbito doméstico. Se diría que fumar pasará a convertirse en un acto privadísimo.Además, el dispositivo forma parte de un programa más amplio que establece más impuestos sobre los paquetes, cuyos precios en Manhattan superan los diez dólares."Las estadísticas no mienten: el hubo mata a los fumadores pasivos. Nadie debería tener que inhalar el mortal humo de los cigarrillos cuando va a un parque o a la playa", añadió la concejal Christine Quinn, una de las principales impulsoras de extender la prohibición del tabaco a los espacios públicos.Los funcionarios aseguran que los esfuerzos de la cruzada están dando sus frutos, ya que en 2007 sólo fumaba un 16,9% de los neoyorkinos (frente al 21,5% de 2002) y, en general, existe un amplio rechazo social al tabaco, que en esta ciudad causa cada año la muerte de cerca de 7.000 personas.Casi no hay país o ciudad en el mundo donde no haya una campaña antitabaco. Los Estados, distintas organizaciones de la sociedad civil, y particulares, vienen poniendo en marcha diferentes acciones.Algunas de ellas van dirigidas directamente contra las tabacaleras, sea mediante litigios judiciales o a través de fuertes gravámenes hacia las propias empresas.Otras acciones tienen que ver con crear conciencia en el público sobre los efectos perniciosos del tabaco para la salud. Aquí en Gualeguaychú está prohibido por ordenanza fumar en espacios cerrados públicos y privados de acceso público.Además se incentiva a las empresas y a las instituciones para que declaren sus ámbitos "libres de humo", a cambio de lo cual se les otorga una credencial especial.La lucha contra el tabaco colisiona, no obstante, con los hábitos de una sociedad ganada por una cultura del consumo, cuyos miembros se muestran proclives a las adicciones.Además, los intereses mercantiles que rodean tanto al tabaco como al alcohol, que se observan en un marketing agresivo, son muy poderosos.
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