La Cuaresma del Bicentenario
Desde hace varios siglos la Iglesia nos propone tres caminos simultáneos a recorrer durante la cuaresma: oración, ayuno y limosna. Son simultáneos porque si alimentan mutuamente. Se recogen así parte de las enseñanzas de "el Sermón de montaña", una de las primeras predicaciones de Jesús.
Por Jorge Lozano*
OpiniónDe la oración hemos dicho algo la semana pasada. Es diálogo con Dios. Quiere decir que no es monólogo. Es también escucha de la Palabra de Dios que ilumina la vida del hombre y mujer de fe. La oración es encuentro con Dios para crecer en amistad con Èl. La oración no sólo debe expresar las necesidades mías y de mi familia; debe abarcar a toda la Patria. Es también decirle a Dios que queremos ser una Nación apasionada por la verdad y comprometida por el bien común, como rezamos en la "Oración por la Patria".El ayuno nos muestra la dimensión penitencial que tiene la Cuaresma. Es privación antes que nada del pecado, del egoísmo, del desinterés por los demás. La penitencia no es sufrir o buscar provocarse dolor. La privación de alimentos tiene un sentido espiritual y solidario. Algunos dejan de comer por hacer dieta, y muchos porque no tienen para comer dos veces por día. En algunas Misas de este tiempo rezamos que las privaciones son "para dominar nuestro orgullo, e imitar así la generosidad de Dios compartiendo nuestros bienes con los necesitados".El Profeta Isaías reprochaba la hipocresía del Pueblo de Israel porque los días que ayunaban maltrataban a los pobres, se peleaban a golpes de puño, hacían trampas en los negocios. Y enseña que el ayuno que Dios ama consiste en: "soltar las cadenas injustas, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne".El amor al prójimo será la medida de nuestro amor a Dios.
Así llegamos al tercer camino: la limosna. En este sentido, no es dar un par de moneditas que sobran. Es compromiso con los necesitados, como enseñaba el Profeta Isaías. Podemos decir que el amor brota del corazón y del "bolsillo". Si el amor no se concreta en generosidad es sentimentalismo vacío, afecto estéril.Qué bueno sería en este camino del Bicentenario 2010-2016 aprender a privarnos de lo superfluo para eliminar la pobreza y reducir la desigualdad social.Promovamos que haya privación de coimas, sobornos, negociados, injusticias, robos, estafas y todo tipo de pecados sociales.Que caminemos en virtud en esta Cuaresma del año del Bicentenario de nuestra Patria.
*Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
Por Jorge Lozano*
OpiniónDe la oración hemos dicho algo la semana pasada. Es diálogo con Dios. Quiere decir que no es monólogo. Es también escucha de la Palabra de Dios que ilumina la vida del hombre y mujer de fe. La oración es encuentro con Dios para crecer en amistad con Èl. La oración no sólo debe expresar las necesidades mías y de mi familia; debe abarcar a toda la Patria. Es también decirle a Dios que queremos ser una Nación apasionada por la verdad y comprometida por el bien común, como rezamos en la "Oración por la Patria".El ayuno nos muestra la dimensión penitencial que tiene la Cuaresma. Es privación antes que nada del pecado, del egoísmo, del desinterés por los demás. La penitencia no es sufrir o buscar provocarse dolor. La privación de alimentos tiene un sentido espiritual y solidario. Algunos dejan de comer por hacer dieta, y muchos porque no tienen para comer dos veces por día. En algunas Misas de este tiempo rezamos que las privaciones son "para dominar nuestro orgullo, e imitar así la generosidad de Dios compartiendo nuestros bienes con los necesitados".El Profeta Isaías reprochaba la hipocresía del Pueblo de Israel porque los días que ayunaban maltrataban a los pobres, se peleaban a golpes de puño, hacían trampas en los negocios. Y enseña que el ayuno que Dios ama consiste en: "soltar las cadenas injustas, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne".El amor al prójimo será la medida de nuestro amor a Dios.
Así llegamos al tercer camino: la limosna. En este sentido, no es dar un par de moneditas que sobran. Es compromiso con los necesitados, como enseñaba el Profeta Isaías. Podemos decir que el amor brota del corazón y del "bolsillo". Si el amor no se concreta en generosidad es sentimentalismo vacío, afecto estéril.Qué bueno sería en este camino del Bicentenario 2010-2016 aprender a privarnos de lo superfluo para eliminar la pobreza y reducir la desigualdad social.Promovamos que haya privación de coimas, sobornos, negociados, injusticias, robos, estafas y todo tipo de pecados sociales.Que caminemos en virtud en esta Cuaresma del año del Bicentenario de nuestra Patria.
*Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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