La cultura de dar para que otros vivan
Aunque todavía es larga la lista de gente que espera un órgano para ser trasplantada, está creciendo el número de donantes en la Argentina y la importancia de este gesto.Junio marcó un récord histórico: hubo 61 donantes. En lo que va del año, la cifra llega a 245, gracias a quienes ya se efectuaron 585 transplantes de órganos, durante 2010.Del total de transplantes realizados en el primer semestre del año, 365 fueron renales, 130 hepáticos, 30 renopancreáticos, 21 pulmonares, 2 intestinales, 2 hepatorrenales, 2 hepatointestinales y 1 cardiopulmonar.También se concretaron más de 437 trasplantes de córneas, teniendo en cuenta los 171 donantes de tejidos. El crecimiento de donantes y, consecuentemente, de trasplantes, es un hecho auspicioso."La marca alcanzada constituye un hito importante que nos llena de satisfacción", ha declarado Juan Manssur, ministro de Salud de la Nación. No obstante lo cual, la lista de espera sigue siendo demasiado alta respecto del nivel de donaciones.El titular del Incucai, Carlos Soratti, consideró al respecto que si bien la "sociedad tiene una actitud mayoritariamente positiva" respecto de la donación de órganos, esto aún no alcanza.Manssur dijo que "Argentina es un modelo regional para la capacidad instalada en términos de recursos humanos calificados y estructura sanitaria para potenciar los trasplantes, pero nos siguen faltando donantes para reducir la lista de espera".¿Hay acaso algún impedimento moral para la donación y el trasplante de órganos? ¿Hay alguna prohibición, por ejemplo, de carácter religioso, que hace que mucha gente se resista a esas prácticas?Según el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, "la donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio y debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa"."No es moralmente aceptable -se lee- si el donante o los que legítimamente hablan por él no han dado su consentimiento expreso". Es decir, donar es un gesto moralmente lícito siempre que sea un acto libre y espontáneo.Para la Iglesia Católica es importante que se trate de un acto libre. Y esto para salirle al cruce a la tendencia a comercializar los órganos humanos o a considerarlos como unidades de venta, algo que sí es reprobable.Con respecto a los transplantes de órganos desde donantes vivos, el Catecismo dice que es "es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionales al bien que se busca en el destinatario". Cabe agregar, a este respecto, que el Papa Benedicto XVI es un donante de órganos con carné. La noticia salió publicada no hace mucho en el periódico del Vaticano, L'Osservatore Romano.El récord histórico en la donación de órganos es un buen signo. Ojalá que estos indicadores se mantengan y mejoren en el tiempo. Y que esta tendencia de donar se extienda al caso de la sangre, que es fuente de vida.La sangre, se sabe, es lo que hace que el organismo humano tenga existencia. Es lo que se necesita, por ejemplo, para aquellos pacientes víctimas de accidentes graves, con leucemia o anemia crónica o que deben ser trasplantados del corazón, pulmón, riñón o médula ósea.Todo acto de donación de órganos y de sangre es un gesto que tiene un profundo sentido antropológico. Supone un acto de trascendencia, contrario al egoísmo, en el cual el ser humano se realiza. En el "dar" el hombre juega lo mejor de sí.Al abrir la esperanza de vida para otras personas, el ser humano se realiza a sí mismo. En eso consiste la cultura de dar.
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