La cultura del ruido conduce a la sordera
La noticia señala que las consultas médicas entre los jóvenes por daños a la audición aumentan provocados por el "ruido recreacional". Un fenómeno típico de una civilización que desprecia el silencio.Boliches, juegos electrónicos, mp3, recitales de rock, o cualquier espacio público donde la música esté fuerte, incluso una conversación a los gritos. Todo coadyuva a la sordera.Según los especialistas los problemas de audición se han triplicado en 10 años. Y el daño en las personas se percibe casi siempre como un zumbido intermitente o crónico de oídos.Clínicamente el mal se llama "acúfeno". Ya hay chicos de 20 años que tienen este daño auditivo crónico, "cuando siempre se trató de una patología de aparición más habitual en la vejez", advirtió la fonoaudióloga Silvia Neto.Una de las principales causas de esta dolencia está en la proliferación de dispositivos electrónicos para escuchar música. "Los auriculares de inserción son aún más dañinos: están diseccionados y van directamente al oído medio e interno", explicó la especialista, en diálogo con Clarín.En tanto, la otorrinolaringóloga Gabriela Pérez Raffo, sostuvo que "los chicos empiezan a usar los dispositivos portátiles de música cada vez más temprano"."En Argentina no hay educación en el cuidado de la audición y no hay legislación adecuada para proteger a la población. Nos estamos asegurando futuras generaciones de hipoacúsicos y eso es muy grave", afirmó Alejandro Bidondo, coordinador de la carrera Ingeniería de Sonido de la Universidad de Tres de Febrero.A decir verdad, la Argentina no es la excepción a estos males irreversibles en los aparatos auditivos de las personas. Se está en realidad ante un fenómeno que se está expandiendo por el mundo.Y se podría decir, también, que estamos condenados a vivir en un mundo ruidoso. Los sonidos que se meten por todos los rincones, el bullicio, la palabrería, el estrépito, el aturdimiento, se han convertido en el hábitat de las nuevas generaciones.Es la otra "polución" de la civilización "problemática y febril" de la que habla el tango. Parecen claros los estragos fisiológicos causados por el ruido. En esto los especialistas no se equivocan.Quizá lo que resulte más complejo de captar es el estrago psicológico e incluso ético del ruido, aunque quizá aquí esté el peligro más secreto y más sutil.El ruido es lo contrario del silencio. Se diría que una sociedad que opte por uno, lo hará a expensa del otro. Pero esto tiene implicancias profundas. En efecto, el ruido nos llama sin cesar a la superficie de nosotros mismos.Cuando más nos llenamos de ruido menos vida interior tenemos. Necesitamos silencio exterior y, sobre todo interior, para tomar distancia de las cosas, de los acontecimientos, de las personas. Es necesaria una cierta distancia para situarnos ante la realidad."La naturaleza nos ha dado dos orejas y una sola lengua, a fin de que escuchemos más y hablemos menos", enseñaba Zenón de Elea. Es decir, el ruido compromete la calidad de los intercambios con el prójimo.El ruido nos aturde, es el enemigo por excelencia de la atención, atrofia la capacidad de oír, y sin escucha atenta primero de uno mismo y después del otro, se socava la verdadera conversación.Ergo: el ruido destruye la convivencia. Algunos piensan que el hombre contemporáneo se aturde para escapar de su soledad. Es una forma de "alienación" ante esa experiencia tan humana y esencial.Preferimos la sordera a sentirnos solos. Blas Pascal decía: "Toda la desgracia del hombre proviene de que no aguanta estar solo en una habitación".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

