La curiosidad humana ante lo que se ignora
El deseo de saber es una nota distintiva del hombre, alguien que siempre ha querido encontrar un sentido a su presencia en la Tierra. Sobre todo frente a lo inexplicable, su curiosidad aumenta.Fueron los antiguos griegos quienes postularon que el conocimiento es el fin del hombre. Se le atribuye a uno de sus sabios, Sócrates, aquella frase que hizo historia: "Sólo sé que no sé nada".Aseguran que la pronunció contra sus adversarios, los sofistas, a quienes juzgaba engreídos por sus conocimientos. Pero el sabio, corregía Sócrates, es consciente de que en realidad sabe muy poco, y precisamente por eso, intenta una y otra vez salir de la ignorancia.Reconoce que hay un montón de cosas que no entiende. Y eso le molesta. De esa manera es, al fin y al cabo, más sabio que todos aquellos que presumen de saber cosas de las que no saben nada.Habrá quienes se sientan plenamente confortables con su visión del mundo. Probablemente por temor a poner a prueba sus creencias. Es gente que está dispuesta a rechazar las evidencias porque contradicen su percepción de las cosas.Contra este prejuicio dogmático se levantaba, justamente, la actitud del filósofo griego. Lo que se presupone obvio y "natural" rara vez resulta serlo, enseñó. Y de hecho sus adversarios lo acusaron de envenenar de escepticismo a la juventud ateniense.El descubrimiento y empleo del razonamiento científico es heredero de esta concepción socrática según la cual a medida que más conocemos, paradójicamente percibimos lo mucho que nos falta por conocer.Descubrir y entender el mundo es una tendencia humana natural. Por eso cuando distintos fenómenos entran dentro del conjunto de lo "inexplicable", aumenta el deseo de saber.Esto se ve todos los días ante situaciones que parecen inverosímiles. Por ejemplo, la desaparición del Boeing 777 de Malaysia Airlines es uno de esos hechos excepcionales que ha exacerbado la curiosidad mundial.Ocurre que resulta chocante que no se pueda saber el paradero de un avión en medio del desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad. ¿Cómo se explica que no se pueda hallar un aparato como éste, o conocer qué fue de él, en la era de los satélites y del desarrollo aeroespacial?Las infructuosas labores de búsqueda han alimentado todo tipo de hipótesis explicativas, confirmando una vez más que el extrañamiento, que aquello que desafía la razón, acicatea el deseo de saber.La página Kienyke.com recoge algunas de las teorías en circulación. Allí se habla, por ejemplo, del "agujero negro", una suerte de espacio misterioso del cosmos que virtualmente se tragó a la nave.El periódico británico Daily Mail cita a un experto aeronáutico para quien el Boeing entró en a una zona en donde queda bloqueada toda comunicación entre la aeronave y la tecnología moderna.La explicación más extravagante es la "abducción extraterrestre" que planteó la revista estadounidense Time citando a varios de sus blogueros. "Si no nos encontramos con los restos, eso significa que hay alguna nueva y totalmente misteriosa y poderosa fuerza que trabaja en nuestro planeta, capaz de tomar aviones en pleno vuelo en el cielo, sin dejar la más mínima prueba", dice un bloguero de Time.Por lo visto el misterio del vuelo de Malaysia abrió cauces para explicaciones imaginativas y audaces. Las teorías que salen al paso ante lo que se ignora, una vez más, reflejan la compulsión humana por conocer lo que no se sabe.
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