La deseable paz entre los argentinos
Cada tanto los argentinos llegamos a dudar de si es posible la paz, ante la irrupción de fuerzas y tendencias disociales o antisociales que amenazan la convivencia.Lo que se ha escrito y dicho a propósito de los linchamientos, patología de la inseguridad, gira invariablemente en torno a la cuestión de cómo se ha llegado a tal grado de descomposición social.La interpretación que ve en el fenómeno un fallo de la sociedad argentina, contiene varias teorías, acaso ninguna de ellas contradictorias entre sí, sino complementarias.Una sostiene que en Argentina la violencia no ha desaparecido, sino que ha mutado, de violencia política macro a violencia social micro. Como si se dijese que la disputa en la calle ocupase el lugar del asesinato político del pasado (método con el que se resolvía la disputa por el poder).Este "hágalo usted mismo", o el siniestro per saltum a la Justicia, para "hacer justicia", como ha catalogado con agudeza a los linchamientos el periodista Diego Sehinkman, podría estar expresando por otro lado una pulsión fascista vernácula."Los argentinos tienen un enano fascista adentro", fue la provocadora frase que lanzó en los '80 la periodista y escritora italiana Oriana Fallacci, dando a entender que en estas pampas abundan los adoradores del régimen de Benito Mussolini, el dictador que elevó su voluntad a categoría de ley.Este tipo de sistema (que algunos asimilan al "populismo") privilegia el uso de la fuerza y de la acción directa y está en las antípodas de la civilización, nos recuerda José Ortega y Gasset."Civilización es, antes que nada, voluntad de convivencia. Se es incivil y bárbaro en la medida en que no se cuente con los demás. La barbarie es la tendencia a la disociación. Y así todas las épocas bárbaras han sido tiempo de desparramiento humano, pululación de mínimos grupos separados y hostiles", escribió el filósofo español.Al explicar los linchamientos como fenómeno cultural argentino, el abogado Gustavo Maurino, cofundador de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, sostiene en tanto que en la Argentina no se practica la "virtud cívica de la fraternidad", algo que nos permitiría comprender que la felicidad y el bienestar "están ligados al de todos los demás".El sociólogo Eduardo Fidanza, por otro lado, recomienda seguir el ejemplo de otras naciones las cuales, según él, resolvieron el drama de la violencia, y más específicamente el crimen popular, con consenso político, bajos índices de desigualdad y altos estándares de calidad educativa.El linchamiento, además, puede ser visto como una respuesta atávica y violenta, frente a una sensación de desamparo provocada por la deserción del Estado, aparato inventado históricamente para dar orden y seguridad.Ahora bien, al margen de la especificidad argentina, ¿acaso no hay una tendencia innata que conduce a la hostilidad de uno contra todos y de todos contra uno?En el "Malestar en la Cultura", Sigmund Freud postula justamente que la conquista de la civilización y la paz se hace al precio de renunciar a la agresividad de las pulsiones."A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanada del instinto de agresión y de autodestrucción", se lee en ese escrito de 1930.Todo hace presumir, en suma, que no basta con querer la concordia humana, sino que se trata de algo que se conquista con gran esfuerzo.
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