La dinámica política en la sociedad red
Los sistemas institucionales tradicionales son desafiados, cada tanto, por explosiones espontáneas de gente que, en alianza con las nuevas tecnologías, expresan en la calle un espíritu de cambio en el siglo XXI.Las revueltas van desde la de Plaza Tahrir (en Egipto) al 15-M español, de Occupy Wall Street a los estudiantes chilenos, de las manifestaciones brasileñas y argentinas a las ocurridas en Grecia y Portugal.Politólogos y cientistas sociales han puesto la lupa en estas expresiones que a primera vista reflejan el hartazgo de grupos que se sienten humillados por el sistema político.¿Son la nueva modalidad de las luchas sociales en la sociedad interactiva? ¿Operan a un nivel estructural, produciendo cambios reales? ¿O simplemente son modas pasajeras, que actúan en la superficie, sin consecuencia alguna?El sociólogo español Manuel Castells, que ha popularizado el fenómeno de las tecnologías como dimensión central del proceso globalizador, asegura que estos movimientos sociales, que se inician en Internet, son actores fundamentales del cambio histórico, aunque su objetivo no es la toma del poder político.Castells es el teórico de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) más citado del mundo. Su trilogía "La era de la Información. Economía, cultura y sociedad" (1999) se convirtió en una suerte de best-seller académico.Entrevistado por el Suplemento Ñ de Clarín, en agosto de este año, dijo que "la sociabilidad real se da hoy en Internet" y expresión auténtica de esta realidad son esas revueltas que denomina "redes de indignación y esperanza", en un proceso de "autocomunicación de las masas".Su tesis central es que estos movimientos no buscan tomar el poder sino que operan a otro nivel: transforman la capacidad perceptiva y cultural de la sociedad. Eso quiere decir que las ideas que promueven van más allá de ellos mismos.Más que proponer un programa de gobierno, cultivan una sensibilidad de época y ponen en crisis las instituciones del ciclo fordista anterior. El fordismo, según esta conceptualización, es el modelo de desarrollo industrial hegemónico del siglo XX, con la gran fábrica como símbolo de organización y producción.Las luchas sociales de este modelo en Occidente abrevaban ideológicamente en la izquierda, que proponía abiertamente en muchos casos la toma violenta del poder (bolchevismo).Lejos de la lucha de clases -epifenómeno del fordismo- los movimientos sociales de ahora no buscan tomar el poder, sino producir "cambios en las mentes de las personas y en las categorías culturales con la que la sociedad, normalmente, se piensa a sí mismo", explica el sociólogo.Esta novedad descoloca a las clases políticas, que se ven desconcertadas por no entender lo que pasa. La gente que participa en estas revueltas no se fía de los partidos ni de los políticos, y de hecho considera que la democracia ha sido usurpada por grupos que juegan a su propio poder y no les interesa la representación ciudadana.Dice Castells: "Son movimientos absolutamente diversos que crecen en culturas y contextos diferentes. Pero tienen tres rasgos comunes. Se inician por Internet, viven siempre en la red y desde allí van y vienen al espacio urbano, son rizomáticos. Segundo, parten de una indignación espontánea, y ante todo defienden su dignidad. Y tercero: en cuestión de objetivos programáticos, tienen tantos programas que no tienen ninguno. No hay un objetivo ni una ideología común, pero en todos los casos el tema central es la democracia".
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