La dispersión, un signo del presente
Mientras los trastornos de atención se revelan como una patología creciente, hay quienes piensan que las tecnologías digitales en la escuela, en lugar de propiciar la reflexión, refuerzan la dispersión cognitiva.Cada vez más familias con hijos hiperactivos recurren a los psicólogos en busca de un tratamiento. El diagnóstico es conocido: los chicos muestran síntomas de dispersión.En efecto, no pueden mantenerse sentados en la escuela, se desorganizan fácilmente, hacen intervenciones desubicadas, no pueden seguir la exposición del maestro, o concentrarse en una conversación.Los científicos caratulan la patología como trastorno por déficit de atención, un mal que en los casos más severos es tratado con medicación, aunque existe el riesgo cierto de que esas drogas generen adicción.Pero el afamado autor del bestseller "La inteligencia emocional", el psicólogo y periodista científico norteamericano Daniel Goleman, acaba de publicar un nuevo libro, "Focus", donde recomienda utilizar ejercicios mentales para tratar el déficit de atención.En un artículo publicado en el diario The New York Times, el especialista sugiere que la medicación no es la mejor solución para mejorar la concentración cognitiva y al respecto cita investigaciones según las cuales ese método químico no reporta beneficios a largo plazo.En cambio, Goleman se muestra partidario de "fortalecer el músculo mental, con ejercicios o meditación", como remedio para ayudar a chicos y a adultos a manejar el trastorno de atención.A todo esto Paula Sibilia, investigadora argentina radicada en Brasil y autora de trabajos sobre innovación tecnológica y modelos culturales, sostiene que la escolaridad moderna está jaqueada por la "dispersión", un mal que "conspira contra la posibilidad del pensamiento crítico". En diálogo con el diario La Nación, Sibilia parece impugnar el evangelismo tecnológico dominante, que cree que la tecnología digital en el aula salvará a la escuela, el nuevo paradigma tecnocrático en la educación.Su propia experiencia como docente universitaria, en aulas habitadas por veinteañeros de concentración intermitente, pendientes de las luminosas promesas de Internet, le han hecho sacar conclusiones distintas a los postulados de la moda pedagógica.La escuela, razona, es un recinto pensado para la "soledad, silencio, intimidad y (entre) paredes", un enclave especialmente adaptado (al menos así se la concibió) para que allí tenga lugar el desarrollo del pensamiento reflexivo.Pero la conectividad, en lugar de ser una aliada para que crezca el pensamiento, se revela como una amenaza, sostiene Sibilia, que es coordinadora y profesora del posgrado en Comunicación y del Departamento de Estudios Culturales y Medios de la Universidad Federal Fluminense (UFF), además de investigadora becaria de las agencias brasileñas CNPq y Faperj."La incorporación de Internet y celulares a las clases le saca sentido al estar encerrados (en el aula). Se crean, por así decirlo, formas de escaparse, por medio de las redes, a través de las paredes. Si esto se lleva al extremo, llega un momento en que la pared deja de tener sentido", sostiene.En su opinión, hay que considerar seriamente "si es posible incorporar las tecnologías a la escuela o a la universidad", sin que ello implique afectar la concentración inherente a todo acto de pensamiento.
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