La disputa por la tierra se remonta a Rocamora
El fundador de Gualeguaychú consideraba una injusticia mezquinar tierras al pobre vecino, a fines del siglo XVIII. ¿Qué diría hoy ante la inquietante presencia de "ocupas" urbanos en la ciudad?"Nada nuevo bajo el sol", dice la Biblia, en relación a la invariabilidad de los asuntos humanos. El del acceso a la tierra y la propiedad es uno de esos asuntos argentinos de máxima actualidad, pero a la vez tan añejo como el país.Los asentamientos urbanos concentraron la agenda pública tras la furia desatada durante la ocupación de Villa Soldati y la ola de tomas que siguió. Desde entonces todo el mundo se pregunta cómo es que hay conflicto por la tierra en un país donde ésta sobra.La otra cara de la exclusión, así, se vincula a la demanda de tierras urbanas de gente que pretende una vivienda, derecho que concede nuestra generosa Constitución.Este fenómeno social, sin embargo, más allá de los matices de época, es de larga data. Una línea sorprendente conecta los actuales asentamientos en Gualeguaychú con los problemas de distribución de tierras que debió enfrentar Tomás de Rocamora.La conflictividad social de este territorio, durante el período de la conquista, estaba directamente relacionada con el latifundio y el mal reparto de la tierra.Toda una línea historiográfica reivindica al comandante nicaragüense como una especie de Robin Hood americano. En la disputa entre pobladores y colonos y los grandes terratenientes de entonces, Rocamora tercia a favor de los primeros.Comisionado en esta región por el Virrey, el militar se encontró con colonos que trabajan y vivían en los campos, pero por falta de títulos de propiedad y sin permiso alguno corrían riesgo de desalojo.En teoría la Corona estaba interesada en asentar poblaciones en el sur entrerriano, a fin de proteger el dominio español del avance portugués. La creación de "villas" en esta región, como la de Gualeguaychú, obedecía a esta geopolítica.Ahora bien, la necesidad de "poblar" implicaba la parcelación de tierras y aquí surgía la tensión con los hacendados más poderosos -como Wright y García de Zúñiga- quienes controlaban vastas extensiones de la geografía.El antagonismo se desarrollaba en el contexto de una economía donde el principal recurso y fuente de trabajo era la explotación de los campos y la caza del ganado para producir sebo, tasajo y cuero.Los historiadores dan cuenta de una situación confusa en la que los derechos de propiedad de la tierra no estaban claros para nadie, ni siquiera para los terratenientes, quienes no obstante ejercían la posesión efectiva.Rocamora le describía al Virrey las virtudes de la zona, sus riquezas potenciales y la irracional explotación de los estancieros. También resaltaba los abusos de los que compraban a precios irrisorios grandes extensiones de campo.Enemigo de la estructura latifundista, bregó para que se le reparta tierra al vecino pobre. En este sentido, el progreso de la Villa de Gualeguaychú se vio entorpecido por los conflictos surgidos con los terratenientes.Los historiadores dan a entender que esta puja le costó la carrera pública a Rocamora, quien fue reemplazado en el cargo tras haber sido acusado de intrigas ante las autoridades virreinales por aquellos que resistían su plan de parcelación de terrenos.No obstante, no debe pasarse por alto que los primeros damnificados en esta historia fueron los indígenas que vivían en esta zona, a quienes se los desalojó primero de sus tierras.De hecho Rocamora llega a esta región anoticiado de una posible sublevación de los indios, quienes se estaban organizando y se quejaban porque no tenían lugar en el "proyecto blanco".La matriz de la exclusión que coexiste en ciudades como Gualeguaychú, reflejada en la presencia de los ocupas urbanos, reconoce como antecedente remoto a los chanáes y los charrúas que habitaron primero este territorio.
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