Editorial |

La disputa por quien ejerce el cuarto poder

Para algunos no está claro que la fuerza que mueve la opinión pública en el siglo XXI sea el periodismo, como se creyó siempre, o los usuarios de las redes sociales.   Con el término “cuarto poder” suele designarse a la prensa, en clara alusión a la importante influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la formación de la opinión de la sociedad. Es decir un poder no instituido constitucionalmente pero sí real del Estado moderno democrático, morfológicamente conformado por tres poderes: legislativo, jurídico y ejecutivo. La metáfora “cuarto poder” se atribuye el político inglés Edmund Burke, quien la pronunció en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787. En su discurso, Burke dijo que había tres poderes en el parlamento; señalando que en la tribuna de prensa era donde se sentaba el cuarto poder, de lejos, más importante que todos ellos. Pero Burke no se refería a un poder capaz de quitar o poner gobiernos siguiendo unos intereses particulares, sino más bien a una fuerza capaz de actuar como contrapeso de los poderes establecidos. Es decir una fuerza capaz de formar e informar a los ciudadanos,  convirtiéndose así en un aliado de estos últimos, o en su vocero real. De esta manera el periodismo sería una actividad que se justifica como servicio público a favor del ciudadano. Sin embargo, algunos comunicólogos advierten que el usuario de las redes sociales, fuerza animadora de la opinión pública en la actualidad, está desbancando al periodismo en su rol de cuarto poder. Esto producto de un cambio de época que Manuel Castell ha definido como el surgimiento de la sociedad informacional. Una sociedad cuya estructura obedece a una tipología de red. En el pasado la clave ha estado en un ente que emite y una ciudadanía receptora, pasiva. El papel escrito, la radio por la vía oral o la televisión mucho más poderosa por las imágenes, han ejercido así su poder, frente a un ciudadano receptor impedido de interactuar con aquel que envía la comunicación. Por tanto, las empresas periodísticas tenían la capacidad de formatear a la opinión pública, imponiendo la “agenda” de los temas y los términos en que debían abordarse. Pero la revolución tecnológica de las últimas décadas ha empoderado al receptor, quien conectado a una red social hoy puede informarse y editar su propia representación de la realidad, con independencia del llamado “periodismo”. Ahora el proceso de decidir qué es noticia y qué no, o cómo hay que pensar la realidad, algo que era monopolizado por la prensa y los periodistas, se comparte con los usuarios de las redes, un sector que disputa actualmente el rol de cuarto poder. No sólo eso, al propio periodismo, que le gusta verse a sí mismo como perro guardián de las instituciones en una sociedad democrática, le salió un fiscal: el usuario de las redes sociales. De ser controladores tradicionales del poder, ahora los hombres de prensa han devenido en sujetos controlados a su vez por los usuarios de las redes sociales, donde ciudadanos empoderados actúan como fiscales de cuanto se publica y se dice por los medios de comunicación. “Ahora de lo que se trata es de mutar el papel central que hemos tenido los medios de noticias en las últimas décadas por la centralidad del usuario individual”, reconoce el periodista español José Luis Rodriguez, experto en organización y gestión de medios de comunicación.

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