La distribución ante los ciclos de la economía
En esta década donde se viene disfrutando de un contexto internacional favorable, ¿la distribución del ingreso mejoró o empeoró en la Argentina? ¿Cuál es el balance social del actual modelo?Desde que el Indec ha sido intervenido, y por tanto las estadísticas sociales adulteradas, resulta complicado saber a ciencia cierta si el paradigma que surgió en 2002 modificó de raíz la estructura del ingreso.Algunos estudios privados indican que no se ha logrado torcer un comportamiento habitual según el cual por un tiempo el crecimiento logra aliviar el cuadro social, hasta que el efecto derrame pierde vigor.El último informe social de la Universidad Católica Argentina sostiene, por ejemplo, que entre 2004 y 2007 se achicó la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero volvió a ensancharse en los últimos dos años.En 2004 el estrato más alto de la pirámide social tenía un ingreso 35,6 veces superior al estrato más bajo. La relación pasó luego a 25,6 veces en 2007, pero volvió a subir hasta 32 veces en 2009.Es decir, según estos guarismos, el modelo de "equidad" no estaría cumpliendo su objetivo social de achicar la polarización de las rentas, pese a la mejora decisiva del PBI.Para algunos economistas el "efecto derrame" del actual modelo habría tocado su límite. Y lo que estaría impidiendo mejoras sociales reales sería la inflación.Los asalariados, los jubilados y las madres de familia que reciben un ingreso estatal van quedando rezagados en la carrera contra los precios. La inflación es un fenómeno universal que suele producir una distribución regresiva del ingreso.Lo paradójico es que la estructura de ingresos no mejora su cuadro, y por tanto la pobreza no cede, pese a que la macroeconomía luce fuerte, a partir del superávit comercial y de un PBI en ascenso.Por otro lado, aunque el modelo muestra un cuadro social mucho mejor que en 2002, cuando la pobreza llegó a alcanzar el 54,3% de la población (¿hoy a cuánto llega: 20 o 30%?), la polarización social no superaría el mejor momento de la convertibilidad.Para algunos expertos mientras en los '90 (desindustrialización mediante) la pobreza tenía una correlación estrecha con el alto desempleo, actualmente tener un empleo, en muchos casos, no saca a quien lo tiene de la pobreza.De hecho, hoy el cuadro del empleo luce fragmentado, donde junto con un núcleo formal de empleo estable, convive una periferia informal, signada por la precariedad (trabajo en negro).La convertibilidad también tuvo su auge económico y consecuente mejora social. Según la consultora SEL, en octubre de 1989 (plena hiperinflación) la pobreza alcanzaba al 47,3% de la población, pero ya para mayo de 1994 (el nivel más bajo que tocó en la época) se había desplomado al 16,1%.A favor del actual modelo juega el hecho de que la economía no vive del empréstito (piedra de toque de la convertibilidad) sino del respaldo en la producción de bienes, ligado a la sustitución de importaciones (industrialización) y a la exportación de commodities.Hay que decir, también, que no son sólo las políticas económicas las únicas responsables de la evolución del ingreso, porque también inciden las empresas y las instituciones que participan del mundo productivo.Alguna vez la Argentina tuvo una estructura de ingresos que se comparaba a una pelota de rugby: una gran clase media en el centro y, en cada extremo, una clase alta y una clase baja de proporciones mucho más reducidas.Para adelante, el país debería recuperar este "dibujo", que le daba cohesión, y así salir de la polarización social.
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