La economía en el orden de las ciencias
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El significado de lo económico ha alcanzado una dimensión preeminente en estos tiempos, consagrando el imperio de una globalización que mella las reservas morales y profundiza los errores conceptuales vigentes. Prof. Roberto Franco El hombre moderno parece vivir exclusivamente en pos de la satisfacción de sus necesidades materiales. Al ir dejando de lado la vida espiritual y acicalarse en pos de consumos perennes ahonda la insatisfacción y la desesperanza. Está demostrado a través del tiempo que, la subordinación de lo económico a la ciencia matemática - economía clásica - en la cuál se sustenta el consumismo como tantos otros actos reñidos con la moral, ha sido desmedida, y sus teoremas no han dejado de ser un pasatiempo estéril. Esa economía clásica fundada en principios filosóficos falsos, adheridos al naturalismo, aspira someter la economía a las ciencias exactas. Este criterio cartesiano desdobla al hombre en dos sustancias: espíritu puro y extensión geométrica. Como dice Maritain: un ángel conduciendo una máquina (hoy se hace real este demonio al imperio de esta vetusta concepción económica, un hombre sometido a un empleo sin sentido). El objeto de toda ciencia es alcanzar la verdad que es el fin de la inteligencia, como el bien es el fin de la voluntad. Las ciencias que buscan la verdad como un fin en si mismo son las especulativas o teóricas como metafísica, matemáticas y física. Las ciencias prácticas, por el contrario, para alcanzar la verdad, tienen un fin ulterior, que tienden al bien del hombre, entre ellas se encuentra la economía. El hombre en su vida diaria debe actuar según la virtud, pero para ello debe poseer los bienes suficientes para que esa virtud sea efectiva. Para lograr los bienes suficientes debe procurarse lo útil, lo cuál según Santo Tomás, es el objeto de la economía, pero lo útil está regido por la Moral, y ésta se identifica con lo De ello se desprende que la economía debe esta en pos de la recta procuración de la riqueza en orden al bien común. Si dejamos la economía libradas al libre juego de las leyes económicas, caemos en un desorden moral, social y comunitario del cuál ya no nos alarmamos. Mientras se siga enseñando, aplicando y dignificando la economía clásica de Adam Smith y sus seguidores, y las leyes económicas esgrimidas sean enunciadas con carácter sagrado, los padecimientos del hombre, la artera pobreza, y la claudicación financiera - implícita en esta ciencia - serán un camino sin retorno poniendo definitivamente al hombre en un estado de servilismo y humillación. Podemos deambular entre el abismo y la esperanza. Con la economía clásica el materialismo, el egoísmo y la dependencia serán la huella. Con la economía orgánica la solidaridad y el bien común marcarán el destino esperanzado del hombre.
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